Economía

Viaje como profesional: empaque ropa sucia y aborde agotado

El chef trotamundos y presentador de televisión Curtis Stone, que recorre al menos 20 veces al año Estados Unidos, te explica por qué al viajar uno debe guardar al menos 500 dólares.
Bloomberg
30 diciembre 2016 18:35 Última actualización 01 enero 2017 5:0
Viaje

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El chef trotamundos y presentador de televisión Curtis Stone nació en Australia, pero hoy vive en Los Ángeles con su esposa, la actriz Lindsay Price, y sus dos hijos.

No cuenta sus millas aéreas, pero viaja por todo el planeta para hacer malabares con sus diferentes negocios. Curtis es chef y propietario de Gwen y Maude en Los Ángeles —ambos nombres en homenaje a sus abuelas— y autor de varios libros de cocina, entre ellos Good Food Good Life (algo como así como, Buena comida, buena vida).

“Lo único que sé es que viajo a Australia al menos cinco veces al año y cruzo Estados Unidos alrededor de 20 veces”, dice Stone entre risas.

Su nuevo programa de televisión, Celebrity My Kitchen Rules, sale al aire el 12 de enero por Fox. A continuación, algunas de sus recomendaciones a la hora de viajar:

Empaque una maleta con ropa sucia

Yo empaco en forma extraña, porque llevo toda mi ropa sucia y la mando a la lavandería cuando llego a mi destino. Cuando llegas a un lugar con una maleta llena de ropa limpia, estará todo arrugado para el momento en que abras la maleta, luego tendrás que planchar todo nuevamente. Entonces, lo primero que hago cuando me registro en un hotel es entrar a mi habitación y pedir servicio de lavandería. Cuando regreso después de un día de trabajo, toda la ropa está perfectamente colgada.

No abra el menú de servicio a la habitación

Luego de un largo día de trabajo, es fácil caer en la tentación de comer mal, y una vez que ha ordenado comida a la habitación, la probabilidad de que salga y haga algo de ejercicio es muy baja. Para evitar la tentación, ni siquiera abro el menú de servicio a la habitación. No quiero ver todas las cosas que me tentarían, como una hamburguesa o un bistec con papas fritas, que es algo que más bien uno pediría cuando sale a cenar con su esposa. Simplemente llamo y pregunto qué sopas tienen o qué ensaladas saludables tienen, que seguramente terminará siendo algo dentro del menú.

Hable con su vecino en el avión

Soy bueno para conversar, especialmente con mis compañeros de viaje si voy a un lugar nuevo; quizás termine sentado al lado de alguien que ha hecho negocios en esa región por 10 años. Mucha gente lo odia, pero siempre y cuando sea cortés y se dé cuenta de que su tiempo para platicar ha llegado a su fin cuando la otra persona toma sus audífonos, está todo bien.

Duerma profundamente


Aborde el avión estando muy cansado. Mi padre siempre duerme toda la noche anterior y luego se pregunta por qué no puede dormir en el avión a las 10 de la mañana. Yo me quedo despierto hasta muy tarde y programo mi alarma de forma que me deje dormir solo unas cuantas horas antes de un viaje largo, y eso me ayuda muchísimo.

En Roma (o Egipto), siga la regla de los US$500


Cuando tenía 22 años, fui a Egipto con mi novia de ese entonces y fuimos a la tumba de Tutankamón. La entrada costaba como 10 dólares y ya habíamos ido a tantas otras tumbas que pensamos: “¿Para qué?”

Ahora, en retrospectiva, pienso: “Qué idiota. Te ahorraste 10 dólares, pero no viste la tumba del faraón más famoso de la historia”. Así es que ahora guardo algo de dinero extra para cada viaje —unos 500 dólares— para siempre poder probar o hacer algo diferente y espontáneo, como una cena no planificada en un restaurante con tres estrellas Michelin o un concierto de ópera.