Economía

FMI mejora pronósticos para México y Brasil

El Fondo Monetario Internacional espera que la economía mexicana crezca más de lo previsto en la víspera, y que Brasil regrese al crecimiento el próximo año. Para la economía global empeoran los pronósticos.
Leticia Hernández Morón
19 julio 2016 2:0 Última actualización 19 julio 2016 9:18
Bandera de México (Cuartoscuro)

El FMI espera que la economía de México crezca 2.5% en 2016. (Cuartoscuro)

Si bien el Brexit significa un importante riesgo a la baja para la economía mundial, en América Latina las perspectivas mejoraron según la actualización del informe de Perspectivas Económicas Mundiales del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En el informe, a julio de 2016, el FMI subió el estimado de crecimiento para México y aminoró la caída en la economía brasileña.

Tras los resultados del Producto Interno Bruto (PIB), del primer trimestre del año, el FMI espera ahora que la economía de México crezca 2.5 por ciento en 2016, 0.1 punto porcentual más de lo previsto en abril y para 2017 mantuvo estable su perspectiva en 2.6 por ciento.

Las condiciones para Brasil también mejoran. La confianza de los consumidores y las empresas parece haber comenzado a repuntar y la contracción del PIB en el primer trimestre fue más moderada de lo previsto. El organismo internacional estima que la recesión económica sea ligeramente menos grave, de una caída de 3.3 por ciento contra el 3.8 por ciento previsto en abril y para 2017 ya advierte un incremento de 0.5 por ciento en el PIB, desde una tasa de 0.0 por ciento pronosticada en su reporte previo. 








Sin embargo, el FMI señala que persisten incertidumbres sobre la política económica global que empañan las perspectivas. 

El resultado del voto en el Reino Unido implica la materialización de un importante riesgo a la baja para la economía mundial y en consecuencia, el Fondo Monetario Internacional ajustó a la baja sus perspectivas de crecimiento.

Ahora espera un repunte en 2016 de 3.1 por ciento comparado con 3.2 por ciento y para el 2017 pronostica una tasa de 3.4 por ciento, comparado con el 3.5 por ciento que preveía en abril pasado.

El FMI parte de un escenario en el que la incertidumbre se reducirá de manera gradual en el futuro y la Unión Europea y el Reino Unido alcanzan acuerdos que evitan un aumento importante de las barreras económicas; no se producen grandes perturbaciones en los mercados financieros y las consecuencias políticas del referéndum son limitadas. Sin embargo, señala que estos escenarios puede que no se materialicen.

En este contexto, las perspectivas se han revisado a la baja para las economías avanzadas (en 0.1 puntos porcentuales en 2016 y 0.2 puntos porcentuales en 2017), mientras que se mantienen prácticamente sin variación para las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

En Estados Unidos, el crecimiento durante el primer trimestre ha sido más débil de lo esperado, lo cual ha generado una revisión a la baja de 0.2 puntos porcentuales con respecto al pronóstico de crecimiento para 2016.

Los indicadores de alta frecuencia apuntan a un repunte durante el segundo trimestre y para el resto del año, acorde con el debilitamiento de los vientos en contra generados por el fortalecimiento del dólar y la disminución de la inversión en el sector de la energía.

Se proyecta que los efectos del Brexit sean moderados, dado que se prevé que la reducción de las tasas de interés a largo plazo y la trayectoria más gradual de la normalización de la política monetaria neutralicen en general el aumento de los diferenciales corporativos, el fortalecimiento del dólar y el deterioro de la confianza.

En la zona del euro, el crecimiento ha sido ligeramente superior al esperado, del 2.2 por ciento durante el primer trimestre, impulsado por la fuerte demanda interna, incluido un leve repunte de la inversión, factores que habrían sido suficientes para elevar los estimados en la región sino hubiera sido por el Brexit.

En el informe, el FMI advierte la prioridad de controlar el crecimiento excesivo del crédito de acuerdo con las necesidades, favorecer el saneamiento de los balances de los bancos, contener los descalces de vencimientos y de monedas, y mantener unas condiciones ordenadas en los mercados.

Asimismo, las autoridades económicas deben estar preparadas para actuar de manera más decidida y conjuntamente si los efectos de la turbulencia en los mercados financieros y la mayor incertidumbre amenazan con debilitar de manera significativa las perspectivas mundiales.