Economía

El gran enigma del acuerdo petrolero entre Rusia y Arabia Saudita

El límite petrolero acordado entre las potencias del sector enfrenta tres grandes problemas, que ponen en duda su efectividad para elevar los precios.
Bloomberg
16 febrero 2016 13:59 Última actualización 16 febrero 2016 16:0
ME. Cuando quise comprar un barril de petróleo.

Rusia y Arabia Saudita acordaron congelar su producción de petróleo. (Especial)

Si Rusia es, como dijo Winston Churchill, “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”, ¿qué se debe pensar sobre los motivos de su propuesta de limitar la producción petrolera con su críptico amigo-enemigo, Arabia Saudita?

La imagen que viene a la mente es tomar el enigma, encerrarlo en una caja fuerte, ponerla en el baúl de un auto y lanzar a éste desde un acantilado al mar.

Esto es lo más que se puede decir al respecto, al menos desde el punto de vista de los que apuestan al aumento del petróleo.

Ello se debe a que el acuerdo, al menos por lo que se sabe hasta ahora, no cambia nada en la práctica… aún.


Rusia, Arabia Saudita, Venezuela y Qatar dicen que van a limitar la producción petrolera en los niveles de enero, siempre que los demás –léase Irán- acepten hacer lo mismo.

En otras palabras, se podría decir que los cuatro grandes países productores de petróleo acaban de confirmar que no van a reducir la producción, la misma situación que imperaba la semana pasada, antes de que los precios del petróleo subieran ante la noticia de que habría conversaciones entre los miembros de la OPEP y Rusia.

El límite enfrenta tres grandes problemas.

El primero concierne a Irán, que busca recuperar cuota de mercado luego del levantamiento de las sanciones petroleras. Si suponemos que la producción de Irán trepará de 2.9 millones de barriles diarios en enero a 3.6 millones para fin de 2016, las existencias mundiales superarán los 3 mil 400 millones de barriles para cuando llegue Navidad.

La cuestión fundamental es que, aun sin que Irán aumente la producción, el exceso de oferta de petróleo sigue siendo gigantesco. Lo que se necesita son recortes verdaderos.

Esto plantea una segunda complicación. Arabia Saudita mantiene una política de maximizar su cuota de mercado desde fines de 2014 por la razón de que cualquier reducción de la producción que implemente beneficiará a un creciente grupo de competidores. Esa política está a punto de dar frutos.

El petróleo a 30 dólares el barril hace estragos en los balances de los productores estadounidenses. Si Arabia Saudita da cualquier indicio de capitular en su política, se arriesga a tirarles un salvavidas a los rivales estadounidenses justo cuando parecen estar al borde de quedar sumergidos.

La tercera complicación del congelamiento tiene que ver con un tema que no aparece en forma destacada en el debate sobre el petróleo en los últimos 18 meses, pero que ahora está pasando a primer plano: la demanda.

Ésta fue sólida en 2015: aumentó en 1.6 millones de barriles diarios, impulsada en parte por la caída inicial del precio del petróleo.

La Agencia Internacional de Energía proyecta un crecimiento de 1.2 millones de barriles diarios este año, pero el preocupante comienzo de 2016 pone eso en riesgo.

Los últimos datos de comercio de China muestran una caída de 4 por ciento anual en las importaciones de petróleo en enero. Entretanto, en Estados Unidos, los débiles márgenes de refinación indican que no todo está bien en el mayor mercado de gasolina del mundo.

Los futuros de petróleo del mes inmediato subieron y bajaron al compás de los rumores y las noticias sobre medidas tomadas por los proveedores en la última semana, cayendo casi a 26 dólares el barril antes de recuperarse a 31 dólares. Desde entonces bajaron a alrededor de 29 dólares.

El gran congelamiento propuesto no hace nada en lo inmediato por aliviar la presión que hace bajar los precios.

Lo mejor que puede decirse de él es que inyecta algo de incertidumbre en los cálculos de los comercializadores, que –basándose exclusivamente en los principios fundamentales de la oferta y la demanda- deberían apuntar hacia abajo durante por lo menos la primera mitad de este año. La otra cara de la moneda es que choca con la estrategia que Arabia Saudita mantiene desde hace casi dos dolorosos años y medio.

Si la intención es real, podría indicar que hay pánico en las filas de la OPEP respecto a que un renaciente Irán –cuyas relaciones con Arabia Saudita podrían calificarse con generosidad de heladas- esté a punto de hacer que una situación terrible sea mucho peor.

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