Fue una daga desnuda
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Fue una daga desnuda

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Fue una daga desnuda

Argentina llegó a trompicones a Rusia y a trompicones se está yendo del certamen, como hace 16 años, con Bielsa en el banquillo.

Mauricio Mejía
21/06/2018
Actualización 21/06/2018 - 15:30
Argentina
PLECA RUSIA
logo COPA MUNDIAL
RUSIA 2018

Fue letal.

Directo al corazón.

El error del arquero Caballero en el comienzo del segundo tiempo, entregando la pelota en propia área a Rebic para que éste cometiera un poema directo a gol, hizo besar el suelo al subcampeón del mundo. Argentina está herida de muerte. Dos errores la tienen en la página roja de los diarios: el del guardameta de hoy y el fallo de penal de Messi ante Islandia. La ruleta rusa podría estar cargada mañana para el tiro de gracia: si Islandia gana su duelo ante Nigeria será todo para la albiceleste porque esperaría resultados ajenos y golear descaradamente a los africanos que siempre se le han indigestado.

Argentina llegó a trompicones a Rusia y a trompicones se está yendo del certamen, como hace 16 años, con Bielsa en el banquillo.

Cuando cayó el golazo de Modric: el cuadro de Sampaoli era un cadáver. Y fiambre, cuando sucedió el tercero, de Rakitic.

Ajena a su discurso, lenguaje bonito y tanguero, que propaga por medio mundo con profetas del pasado, la selección sudamericana fue una pena, una desolación de once frustraciones. Bochornosa. Pobre en el ataque, débil en la media cancha y muy insegura en la defensa, Argentina no supo resolver el galimatías del destino: la frente marchita, dice el tango. Incompetente en el juego terminó sacando la humillación con patadas descaradas a un digno rival que la venció rotundamente.

Mala noche en Novgorov para el país más apasionado del futbol. Su once fue sobrepasado por un cuadro balcánico ordenado, disciplinado y con mucho talento sobre el césped. El duelo terminó en duelo, en dolor, en tristeza, en depresión. Dio vergüenza Argentina en los últimos minutos del partido: los cambios del míster no se notaron porque el once inicial fue tan pusilánime como el final. La fortaleza croata en la zaga hizo ver como guiñapo al rival.

El desastroso final pone en evidencia lo que desde hace rato viene sucediendo en la Argentina: habla de estilo, de un estilo que ha perdido para siempre. La mala prosa enseñada ayer en Rusia confirma que el silencio no es tiempo perdido. La prensa argentina debe empezar a callar a la hora de las sugerencias, su cuadro dio lástima en la eliminatoria y compasión en la fase final del campeonato del mundo.

La ocurrencia zafia de ponerse la camiseta de favorita, como siempre, le ha dado una bofetada crudísima: cuatro goles en contra y uno a favor en dos apariciones en Rusia. No debió acudir al Mundial, la pelota no se equivoca.

Fue una daga desnuda.