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Esta empresa tiene 200 mdd para cambiar la agricultura

Una startup de cuatro años quiere cambiar radicalmente la manera en la que cultivamos y comemos vegetales, mediante tecnología que monitorea el ambiente de un huerto para aumentar la productividad y calidad del mismo.
Selina Wang
09 octubre 2017 0:10 Última actualización 09 octubre 2017 7:27
huerto

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Antes de entrar al huerto techado en las afueras de la bahía de San Francisco, asegúrate de traer pantalones y zapatos cerrados. No se permiten tacones. Si tienes cabello largo, amárralo.

Tu primera parada será el cuarto estéril. Abre la puerta y el aire zumbará atrás de ti, quitándote el polvo acumulado y contaminantes al cerrarse la puerta. Ponte un traje blanco y cubiertas de zapato desechables y luego unos lentes con micas de colores. Lava tus manos antes de ponerte guantes. Pasa a una alberca poco profunda de líquido claro y esterilizado, luego abre la puerta a lo que la empresa llama el cuarto de cultivo.

Este sitio parece un bosque extraño, con LEDs rosas y morados que iluminan torres con 6 metros de altura de vegetales frondosos que se extienden hasta donde alcanza la vista. También huele a bosque, pero no hay tierra húmeda ni musgo. Las plantas crecen lateralmente en las columnas, que florecen con lechuga celta crujiente, kale roble rojo, albahaca dulce y más. El espacio de cuatro mil 600 metros cuadrados puede producir unos 900 mil kilos de lechuga al año.

Acércate a las columnas de vegetales y verás una de las aproximadamente 7 mil 500 cámaras infrarrojas o 35 mil sensores escondidos entre el follaje. Los sensores monitorean temperatura, humedad y niveles de dióxido de carbono, mientras que las cámaras registran las fases de crecimiento de las plantas.

Los datos se transmiten a los botanistas y expertos en inteligencia artificial de la empresa Plenty, quienes regularmente ajustan el ambiente para aumentar la productividad del huerto y mejorar el sabor de los alimentos. Acércate aún más al producto y quizás veas una o dos catarinas. Están ahí para comer cualquier peste que de alguna forma haya logrado pasar el cuarto estéril. “Trabajan gratis, así que no tenemos que comer pesticidas”, dice Matt Barnard, director general de Plenty.

Barnard, de 44 años, creció en un huerto de manzanos y cerezos de 65 hectáreas en un condado rural de Wisconsin. Ahora, él y su startup de cuatro años quieren cambiar radicalmente cómo cultivamos y comemos vegetales.

Aunque el campo está lleno con los restos de las compañías que intentaron disminuir la brecha en los últimos años, hasta ahora parece que Plenty es la más prometedora por dos motivos.

Primero, su tecnología que mejora mucho su eficacia agricultora. Segundo, pero no menos importante, por los 200 millones de dólares que recibió en julio del gigante japonés SoftBank Group, la inversión en tecnología agricultora más grande en la historia.

Con el respaldo de director general de SoftBank, Masayoshi Son, Plenty tiene el capital y relaciones para acelerar su desenlace: construir enormes huertos techados en las afueras de todas las ciudades importantes del mundo, unos 500 en total.

En ese mundo, la comida podría ir del huerto a la mesa en horas en lugar de días o semanas. Barnard dijo que se ha reunido con funcionarios de más de 16 gobiernos en cuatro continentes, así como ejecutivos de Wal-Mart y Amazon, mientras planea la expansión. (Bezos Expeditions, el capital de riesgo personal del director de Amazon, también invirtió).

El camino inusual de Barnard a su bodega en el Área de la Bahía lo hace especialmente apto para el proyecto. Él escogió una vida diferente a la del huerto, frustrado por cómo su vida podría dar un giro completo por una helada inesperada o un tractocamión descompuesto. Con el tiempo se convirtió en ejecutivo de telecomunicaciones, luego fue socio de una firma de inversión privada.

En 2007, comenzó su propia empresa, una que se concentraba en invertir en tecnologías para tratar y conservar agua. Luego de que un inversionista sugiriera invertir en un huerto vertical, Barnard comenzó a investigar y rápidamente se obsesionó con la escasez de alimentos y tierra cultivable. “Lo largo de la cadena de suministro, el tiempo y distancia que toma”, dijo, significa que “tirábamos la mitad de las calorías que cultivamos”.

Pasó meses hablando con agricultores, distribuidores, vendedores y, con el tiempo, dio con Nate Storey.

Nieto de granjeros de Montana, Storey, de 36 años, pasó gran parte de su niñez plantando y cuidando huertos con sus seis hermanos. Su padre, quien estaba en la Fuerza Aérea (eventualmente se retiró como teniente coronel), los mudaba de una base a otra cada cierto periodo y la familia cultivaba para ahorrar dinero en alimentos.

“Siempre me interesó la agricultura y el legado familiar, pero me frustraba el cómo hacerlo”, dice Storey. “Si eres un joven de 18 años y quieres tener una granja o rancho, casi nadie puede reunir 3 millones de dólares para comprar una”.

Hace una década, como estudiante en la Universidad de Wyoming, se enteró de las mismas ineficiencias a nivel industrial que Barnard observó. Comenzó a experimentar con huertos verticales para su disertación doctoral en ciencias agrarias y, en 2009, patentó una torre de cultivo que podía soportar las plantas con más densidad que otros diseños.

Gastó 13 mil dólares para comprar materiales para la torre y comenzó a construirla en un garaje cercano. Para cuando conoció a Barnard en 2013, había vendido miles de torres a agricultores.

Storey se convirtió en cofundador y director de ciencia de Plenty, dividiendo su tiempo entre Wyoming y San Francisco. Juntos hicieron los diseños de Storey más grandes, más eficientes y más automatizados