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Creyeron que tener una embotelladora de vecino era buena idea… ahora la quieren lejos

Habitantes de Santa Rita Tlahuapan y Tehuacán, en Puebla, comparten un sentimiento: querer lejos a las grandes embotelladoras de agua, pues no contribuyen a impulsar la economía local y hasta provoca desabasto.
Por Isabella Cota, Everardo Martínez, Francisco Hernández y Caroline Winter
09 noviembre 2017 1:8 Última actualización 09 noviembre 2017 5:0
Agua. (Especial)

Agua. (Especial)

Desde el inicio de su mandato en 2014, el alcalde de la comunidad poblana de Santa Rita Tlahuapan, Joel Díaz, buscó enderezar la relación que su gobierno mantenía con uno de los residentes más importantes: Nestlé. El municipio es hogar de unas 40 mil 220 personas, de las cuales, el 78 por ciento vive en pobreza, de acuerdo con datos del gobierno del estado.

“Desde que era presidente electo solicité pláticas con ellos, porque sabía que operaban de manera irregular, quería entablar negociaciones para actualizar y ver qué nos podían proporcionar”, dijo Díaz en su oficina en el centro del poblado. “Hubo solicitudes, acercamiento con el gerente general, pero siento que han sido largas nada más”.

Recién llegó a la alcaldía, Díaz se percató que Nestlé había construido dos naves industriales que no estaban registradas en el catastro municipal y obligó a la empresa a darlas de alta y pagar más impuestos por su operación en la zona. El cambio fue grande, al menos para las arcas del ayuntamiento, pues la empresa pasó de pagar apenas 17 mil pesos en 2013 a alrededor de 200 mil en 2016, según el alcalde.
Que una empresa con las rentas que acumula Nestlé pagara esa cantidad en impuesto predial “es una grosería”, aseveró Díaz, quien está próximo a terminar su mandato.

El edil estima que un número pequeño de personas originarias de Tlahuapan, no más de 200 vecinos, son empleados de la embotelladora y así se beneficia directa e indirectamente a un 2 por ciento de la comunidad. La principal actividad económica de la población es la producción de truchas, el campo y los servicios, como el transporte de carga.

Nestlé comenzó a embotellar agua en 1843, cuando el fundador de la empresa, Henri Nestlé, compró un negocio en el canal suizo de Monneresse.

Hoy hay miles de empresas de agua embotellada por doquier, pero Nestlé es la mayor productora a nivel mundial en términos de ventas, seguida por Coca-Cola, Danone y PepsiCo, según Euromonitor International. Nestlé Waters, la filial con sede en París, posee casi 50 marcas alrededor del mundo, entre ellas Santa María, Pureza Vital, Perrier y S.Pellegrino, que en México produce y distribuye en una alianza con Grupo Modelo.

La operación de la empresa suiza en el país arrancó de lleno en 1994, cuando la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) le permitió trabajar con la empresa Manantiales La Asunción, conocida por la marca Santa María. Tres años después, Nestlé adquirió el 100 por ciento de Manantiales La Asunción.

En Santa Rita Tlahuapan, el sentimiento que predomina entre varios de los pobladores es que tener a Nestlé cerca no ha representado un impulso para la comunidad. Por ejemplo, aseguran que la empresa se comprometió a construir una cancha de futbol de pasto sintético, pero dos años después de haberlo acordado no han dado un paso para materializarlo.

El alcalde destaca que sus acercamientos con la compañía “han sido de manera pacífica, pero frontales”. Uno de ellos se dio tras los rumores de que la empresa reporta a las autoridades menos cantidad de agua de la que realmente extrae y el ayuntamiento mandó un oficio pidiendo comprobantes, el cual no ha sido respondido por la compañía. En un correo electrónico, Nestlé destacó únicamente que su “fábrica Santa María opera con estricto apego a la ley, usando los volúmenes que le han sido concesionados por la Comisión Nacional del Agua de conformidad con lo dispuesto por la Ley de Aguas Nacionales”.

Sobre el oficio del municipio que no han respondido, la compañía mencionó que “el reporte de consumo se hace conforme a la Ley y ante las autoridades competentes en la materia y es información pública”.

El alcalde no ha sido el único en Tlahuapan que se ha enfrentado a Nestlé. El pasado 6 de diciembre, unos 500 vecinos bloquearon los accesos a la planta embotelladora exigiendo que se pague a los ejidatarios por mantener el bosque del cual depende, por lo menos en parte, el agua que ellos extraen de las faldas del volcán la Iztaccíhuatl.

Campesinos y vecinos de la comunidad exigían que la empresa pague la maquinaria y entrenamiento que los ejidatarios necesitan para preservar el bosque, apagar incendios y vigilar la tala clandestina que ahí opera. Seis semanas después, sin una respuesta de la compañía, se plantaron en la entrada de la planta de nuevo y esta vez lograron que se comprometiera a un apoyo económico.

Junto a la Comisión Nacional Forestal, la empresa se dispuso a otorgar a los 389 ejidatarios 18 millones de pesos en cinco años como compensación a su labor de reforestación y preservación de los bosques, poco más de 46 mil pesos a cada uno.

“Este es el primer apoyo que dan a la silvicultura y no es tan descabellado porque estamos pidiendo algo que consideramos que nos hemos ganado a través de los años”, dijo Marcelino Ventura, presidente del comisariado ejidal de Tlahuapan y unos de los organizadores de los bloqueos. “Pero lo que a nosotros nos está dando por cinco años es algo que nosotros le pedíamos por año”.

Según un estudio de la UNAM, el volumen total anual extraído por Nestlé en Tlahuapan equivale a suministrar agua a una población de 89 mil 881 habitantes, más del doble de la población de ese municipio. Paradójicamente, de acuerdo con el alcalde, en su municipio hay desabasto de agua en por lo menos cuatro de sus comunidades.

"Los manantiales que tenemos, día con día van mermando,” dijo Ventura. “Para mí lo más valioso sería que se fueran. O que tuviéramos la capacidad de quitarlos".


La falta de infraestructura ya ha provocado una dependencia casi total del agua embotellada en varias partes del mundo, incluido México, que es uno de los principales mercados para ese producto a nivel global.

Nestlé empezó a vender Pure Life en Lahore, Pakistán, en 1998, pero los lugareños se preguntan si la multinacional suiza no está exacerbando el problema de la calidad del agua. “Hace veinte años podías ir a cualquier lugar de Lahore y tomar gratis un vaso de agua limpia del grifo. Ahora todo el mundo bebe agua embotellada”, dice Ahmad Rafay Alam, abogado medioambiental del país. Este cambio ha reducido la presión del gobierno para arreglar sus servicios públicos, degradando la calidad del suministro de Lahore.

Nestlé se ha estado preparando para la escasez durante décadas. El exdirector de la compañía, Helmut Maucher, dijo en una entrevista con The New York Times en 1994:

Los manantiales son como el petróleo. Los hay o no los hay.

Su sucesor, Peter Brabeck-Letmathe, retirado recientemente, atrajo críticas por alentar la mercantilización del agua en un documental de 2005: “Una perspectiva mantenida por varias ONG, que yo llamaría extrema, es que el agua debe ser declarada un derecho humano... La otra opinión es que el agua es un producto comestible. Y al igual que cualquier otro, debe tener un valor de mercado”. Sobrevino la indignación pública. Brabeck-Letmathe dice que sus comentarios fueron sacados de contexto y que el agua es un derecho humano.

En Estados Unidos y otras partes del mundo, Nestlé suele instalarse en áreas con débiles regulaciones en la materia o cabildea para debilitarlas. Las embotelladoras de agua en México no son ajenas a prácticas que han sido fuertemente cuestionadas y que han producido resultados muy positivos para las empresas y muy poco favorables para la recaudación de impuestos y derechos, así como para el desarrollo económico sustentable de las comunidades.

Como Coca-Cola FEMSA, Nestlé, Danone, Arca Continental y Grupo Modelo, entre otras embotelladoras y purificadoras de agua, han podido crecer gracias a que durante los primeros cuatro años de la administración de Enrique Peña Nieto se duplicó la extracción del recurso, respecto al mismo periodo del sexenio pasado y todo a un menor costo.

En el periodo 2012-2016 la recaudación del gobierno por contribuciones y aprovechamientos en materia de aguas nacionales y sus bienes públicos en el segmento comercial fue de mil 579 millones de pesos, una reducción de 13.2 por ciento frente al periodo de 2007 a 2011, según los datos de la Comisión Nacional de Agua (Conagua), vertidos en el Quinto Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto.

En contraste, el volumen concesionado en los primeros 4 años de esta administración se ubicó en 22 mil 763 millones de metros cúbicos de agua, un incremento de 98.1 por ciento frente al mismo lapso del sexenio pasado.

Para los especialistas, esto se explica debido a que el Gobierno federal, pero principalmente los municipales, no tienen suficiente personal para cobrar el agua a la población ni a las empresas, además de que algunas extraen más de lo acordado.

“(El alza en la extracción del agua se debe a que) muchas veces el gobierno y los operadores tienen acuerdos para dichos volúmenes, pero se extrae más de lo acordado y eso se reporta, luego el hecho de que crece la industria y también que hay firmas que tienen que usar más agua para diferentes productos”, expuso Delia Montero, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Un analista, quien pidió no identificarse por intereses corporativos, expuso que las empresas en México han aprovechado cierta pasividad del gobierno en el sector de agua y han aumentado su negocio aunado al ritmo creciente del consumo.

Para dar una perspectiva de lo que significa este negocio, se tiene que el volumen desplazado de agua embotellada en México al cierre de 2016 ascendió a 21 mil 669 millones de litros, el de refrescos a 13 mil 124 millones de litros, y el de cerveza a 7 mil 545 millones de litros.
En conjunto, estos sectores movieron el año pasado casi 36 mil millones de dólares -más de 11 veces el valor de mercado de América Móvil, una de las empresas más grandes en México-, con un crecimiento de 40 por ciento entre 2011 y 2016.

En el mismo periodo, el volumen consolidado creció casi 12 por ciento, de acuerdo con datos de la firma de investigación Euromonitor Internacional. Pero este negocio no podría ser sin la materia prima. Baste decir que para producir un litro de refresco o cerveza se pueden llegar a requerir entre 2 y hasta 4 litros de agua para procesos industriales.

Actualmente las embotelladoras tienen permisos o concesiones para sacar el líquido, pero realmente no se sabe si extraen en otros lugares y no hay quién lo detecte u obstruya, aseveró Delia Montero.

“No hay información desglosada sobre a quién le dan el agua, cuánta es, y por cuánto. Resulta como secreto de Estado de Conagua”, añadió.
Según la fuente que solicitó el anonimato, lo que pagan por su materia prima es muy bajo respecto del beneficio final que obtienen, por ejemplo, Femsa tiene márgenes de ganancia de 18.6 por ciento; Arca, la más rentable, de 20 por ciento; mientras que en Europa del Este una embotelladora tiene 15 por ciento, y en Chile 16 por ciento.

En México, son tres las empresas que controlan más del 60 por ciento del mercado del agua embotellada con Danone a la cabeza con 29.7 por ciento de participación; en tanto la industria de Coca-Cola, con embotelladoras como Femsa, Arca, Bepensa, Embotelladora Colima, entre otras, ostenta el 18.6 por ciento y Pepsico, con Cultiba como su única embotelladora, presume del 15.6 por ciento, el resto se lo reparten Nestlé y otras empresas privadas, según Euromonitor.

Todas estas empresas apenas pagan una pequeña parte por el agua que utilizan, por ejemplo, el “Informe sobre violaciones a los derechos humanos al agua potable y al saneamiento en México 2017”, publicado como un trabajo conjunto de más de 100 organizaciones sin fines de lucro, se indica que Coca-Cola FEMSA paga apenas 2 mil 600 pesos por cada una de las 46 concesiones de explotación de aguas subterráneas al año.

“Se otorgan concesiones de explotación de acuíferos a embotelladoras como Coca-Cola, Pepsi-Cola y Danone las cuales no solo no son reguladas y fiscalizadas adecuadamente, sino que los pagos anuales de estas concesiones son absolutamente ridículas en relación a las ganancias que tienen estas empresas a partir del agua”, detalla el informe. Sin embargo, algunas de estas empresas comentan que devuelven gran parte del agua que utilizan al medio ambiente.

Las embotelladoras de agua saben que de seguir extrayendo el recurso al ritmo que lo hace podrían poner fin a ‘la gallina de los huevos de oro’ y por ello se muestran preocupados por la sustentabilidad del recurso.

“De toda el agua que nosotros utilizamos, dos terceras partes se regresan, pues aunque la usamos en el proceso se lleva a una planta de tratamiento y ya tratada, con los estándares que la ley prevé, se regresa al medio ambiente”, dijo Blanca Brambila, gerente de sustentabilidad de Heineken México.

Nestlé dice que devuelve al medio ambiente más del 60 por ciento del agua que utiliza en sus procesos productivos, y en el caso de su planta de Lagos Moreno, Jalisco, inaugurada en 2014, no se utiliza un solo litro de agua de fuentes naturales, sino que recicla la que se extrae de otras materias primas, como la leche.

La empresa además asegura que consume cerca de 3 mil millones de litros de agua de manera anual, y que en 10 años redujo en 60 por ciento su consumo en su proceso productivo.

“Las inversiones que hemos realizado de 2010 hasta la fecha ascienden a mil 450 millones de pesos para reducir el impacto ambiental. Hemos duplicado el volumen de producción utilizando un millón de metros cúbicos (mil millones de litros) menos de agua (comparado con la producción original de hace 10 años)”, dijo Francis Pérez, directora de valor compartido y sustentabilidad de Nestlé en México.


A 56 kilómetros al sur de Tlahuapan, en Tehuacán, donde la industria embotelladora inició hace cerca de 90 años y a la cual le debe un boom económico en la década de los cincuenta y sesenta, solo quedan dos embotelladoras. Una, mejor conocida bajo la marca Peñafiel, es ya propiedad de la británica Cadbury Schweppes. La otra es una empresa de 80 empleados con capital mexicano y de producción pequeña llamada Brillante.

“En la mente de México, Tehuacán es un genérico”, dijo José Luis García, director general y dueño de Brillante, la cual extrae 50 mil metros cúbicos de agua al año para comercializarla en el centro y sur del país. (En comparación, Nestlé tiene una concesión por 500 mil metros cúbicos de solo uno de los manantiales). 

Pero a partir de que las empresas locales se vendieron a grupos nacionales y éstos después vendieron a los trasnacionales, las marcas que fueron iconos de la industria aquí fueron desechadas. A las empresas les resultó poco conveniente seguir embotellando en Tehuacán, por lo que la mayoría de las plantas cerraron.

“Sabemos cómo se manejan” las empresas transnacionales, dijo Óscar León, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra) en Tehuacán. “Eres competencia, te compro y te desaparezco.”

León y García han emprendido en una promoción de la ciudad de 275 mil habitantes para atraer inversionistas que exploten y comercialicen el agua mineral. En Tehuacán, el 57 por ciento de la población vive en pobreza y es el segundo municipio del estado que concentra el mayor número de habitantes en pobreza extrema, de acuerdo con datos del gobierno del estado.

Desde los 14 años, García trabajó con su papá en la empresa de agua mineral que hoy dirige. El costado de la lata metálica color turquesa que rediseñó hace un año incluye la leyenda de que el emperador Mexica Moctezuma pedía diariamente se le trajera desde Tehuacán el agua para beberla.

García asegura que Tehuacán tiene el honor de ser el “primer centro hidromineral” de América Latina, el cual hace décadas atrajo a cientos de turistas que buscaban bañarse en sus aguas, ya que se pensaba tenían propiedades curativas.

Hoy, García le apuesta a un resurgimiento por todo producto que es natural y orgánico. La moda de las grandes embotelladoras de bebidas con saborizantes y minerales artificiales está cambiando. En un mundo en el que el mercado pide lo natural, existe una oportunidad a empresas medianas por invertir en un producto artesanal que promueva el nombre de Tehuacán.

"El consumidor podría pagar el costo de traerlo de Tehuacán y la derrama económica y los empleos quedarían en Tehuacán”, dijo García. “Un gran consorcio automatizaría todo el proceso y se llevaría las utilidades al lugar de dónde son las empresas".

“No es atraer grandes compañías”, aseguró el empresario, “es atraer empresas artesanales en donde se le dé oportunidad a gente de la región”.

La estrategia de Díaz, el alcalde de Tlahuapan, no es muy diferente a la de la empresa.

Apiladas en su oficina están cientos de botellas de 500 mililitros de agua Sta. María. Orgulloso, tomó una y apuntó a la etiqueta del producto.
“Antes no sabías ni siquiera dónde embotellabas y ahora dice ‘Reserva de Santa María, Tlahuapan, Puebla’”, dijo. “Es algo que yo pedí. Fue una petición, es importante”.

“Ya te está dando un reconocimiento,” agregó. “Ya es algo”.

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