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Esas cosas que nos pasan a todos
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Fui al SAT sin cita y lo logré

Filas adentro del SAT.

Filas adentro del SAT.

Alejandra César 26 abril 2016 16:47

Cinco de la mañana. Cinco minutos más que se transformaron en media hora. Salir corriendo y llegar a las oficinas del SAT en Avenida Cuauhtémoc (CDMX). ¡Qué raro! No hay nadie. Será que llegué muy temprano.

- Disculpe, señor, ¿sabe si aquí puedo hacer mi trámite sin cita?
- No, señorita, aquí es una oficina sólo de recursos humanos. La que le queda más cerca es la del Caballito.

Pánico. Correr. Al llegar (ahora sí al lugar correcto) hay una fila de cientos de personas. Nuevamente más pánico. ¿Lograré entrar? ¿Habrá un límite de personas que dejan pasar sin cita? ¿Tendrán ellos cita?

- Disculpe, señora, ¿esta fila es para la gente que viene sin cita?
- Sí.

Respiro un poco. Pero... ¿por qué todos traen tantos papeles!. Yo sólo traigo mi identificación y un USB (reviso que efectivamente los traigo); bueno, yo sólo vengo a renovar mi firma electrónica. Tranquila, en la página del SAT dice que sólo necesitas eso. Respiro.

Son las seis y “cachito”; ni modo, a esperar a que abran; va llegando más gente. ¡¡¡Yes, ya no soy la última de la fila!!!

Son casi las siete y la fila empieza a avanzar, revisan mi bolsa, y me hacen pasar... a la segunda fila del día, en el sótano. Veinte minutos más, por lo menos hay donde sentarse.

Pese a todo, estoy en un buen lugar en la fila, la cual baja las escaleras y luego las sube.

Empezamos a avanzar y por fin llego… a la tercera fila del día. Pero ahora tiene separadores como los de los bancos. Seguro es la última, pienso.

Otros 20 minutos más. Me dan un sticker rosa mexicano con el número 87 y por fin puedo pasar…

A la escalera eléctrica que lleva a una sala de espera, donde después de unos 10 minutos nos llaman a cada uno de los que estamos ahí.
Son casi las ocho de la mañana.

- Nuuuuuuúmero 87.
- Hola, soy yo.
- Buenos días; su identificación.
El señor, que es muy paciente, me anota en una hoja.
- Su turno es a las 11:30.
- ¿Puedo salir y regresar?
- Sí.

Corro a casa, me baño, mando correos, corro de vuelta.
¡¡¡Mierda!!! Se me ha hecho tarde.
Son 11:35 y apenas voy entrando al edificio. Nuevamente el pánico.

Subo por la escalera eléctrica, llego a la misma sala de antes. Veo a una señora con la misma estampita rosa mexicano.

- Disculpe, ¿sabe si ya nos empezaron a llamar?
- No.
- OK, ¿sabe si nos deben dar otro papel?, porque algunas personas traen otro papelito.
La señora me ve con desesperación.
- Ahorita que nos hablen nos dan el otro papelito, (tarada).
- OK, gracias.

Me quedo calladita (total, así me veo más bonita) y ya no le hago las otras preguntas que tenía, como ¿y sabe ese papelito para qué es? ¿Sabe luego a dónde nos pasan? ¿Cuánto tiempo lleva esperando?

- Nuuuuuuúmero 87. Alejandra César.
- Hola, soy yo.
- Buenos días, su estampita (rosa mexicano).
- Aquí está.
- Identificación.
- Tome.

Me devuelve un papelito blanco con el logo del SAT y el número 3558.

- Monitoree esas pantallas.
- Gracias.
- A usted.

Veo las pantallas 3535. OK, falta poquito.
Otro número en la pantalla: C61238; otro: 780; otro: 3542…
Los número suben, bajan, cambian. Después de un rato veo que llevan cierto orden pero no puedo distraerme con el celular, qué tal si me salto mi número. Pánico.

Llega mi momento: 3558, módulo 18.

- Hola. ¿A qué módulo va?
- Hola, al 18.
- Al final del pasillo.
- Gracias.

En el módulo...

- Hola, buenos días.
- Buenos días. ¿Qué trámite viene a hacer?
- Creo que mi firma ya caducó.
- ¿Cuál es su RFC?
- CEGA-XXXXXX-XXX
- Ese RFC no existe.
Pánico.
- A ver, ¿es SEDA con S?
Respiro.
- No CEGA con C… y G.

La señorita (no quiero decirle señora porque es muy agresiva esa palabra) teclea.

- Tu firma no ha caducado.

Nuevamente pánico. Me muerdo el labio y la veo con cara de "perdón, ¿ahora qué hago?".

- ¿No recuerdas tu contraseña?

Por mi cabeza pasan las mismas siete u ocho combinaciones que uso para todo. (Ya lo sé, es una muy mala práctica)

- No.

Pánico.

- No te preocupes, podemos revocarla y renovarla.

Respiro.

- Identificación.
- Aquí está.
- USB.
- Tome.

Mete datos en su computadora. Copia y pega un dato; copia y pega otro, copia y pega otro.

- Listo. Firme aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí con tinta azul. Mientras, saco una copia a tu pasaporte.

Se va y mientras firmo muy parejito, tratando de que mi horrorosa firma que me inventé en la prepa sea igual en todas las hojitas.

- Aquí tienes tu certificado y tu 'key'. Duran cuatro años, guárdalas en otro lugar aparte del USB-, me recomienda con cara de "para que no vengas el año que entra como los cientos que están como tú por no guardar su archivo ni recordar su contraseña".

Respondo que sí. Mientras, me prometo que voy a guardar ese USB en la caja fuerte de mi abuelita, que voy a hacer una copia en mi drive, que voy a apuntar la contraseña en una libretita que voy a guardar en el cajón de mi buró. Para que me esperen ahí el año que entra.

Pero mientras me hago todas esas promesas y veo las filas que siguen esperando su turno, una vocecilla en mi cerebro me recuerda lo descuidada y olvidadiza que soy y me resigno a volver el año que entra.

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