Bajío

Tecnología y expertise holandés en invernaderos queretanos

Capital humano, clave para que prosperen cultivos de invernadero, advierte Félix Tarrats Zirión, director general del Centro de Investigación y Capacitación Koppert Rapel (Ceickor).
Lucero Almanza
22 noviembre 2016 7:11 Última actualización 22 noviembre 2016 9:31
Ceickor Querétaro

Félix Tarrats Zirión, director general del Centro de Investigación y Capacitación Koppert Rapel (Ceickor) [Cortesía Armando Castañeda]

En Querétaro, holandeses y mexicanos trabajan en alianza para dotar de tecnología y personal especializado a la agricultura protegida, una actividad que en la entidad ha crecido más de 600 por ciento en los últimos los últimos nueve años.

Y es que, de acuerdo con especialistas, la falta de desarrollo técnico hace fracasar a 80 por ciento de los proyectos de invernaderos en México.

La superficie con agricultura protegida en la entidad pasó de 82.01 hectáreas en 2006 a 463.90 hectáreas en 2015, de acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario (Sedea) de Querétaro.


Con este tipo de cultivo se puede aumentar hasta en 200 por ciento la producción agrícola, en comparación con los sembradíos a campo abierto. El sector presenta, así, un potencial importante, también ante las condiciones del cambio climático, afirman.

El reto actual es tener el capital humano especializado para atender la demanda de la industria, que en Querétaro suma alrededor de 900 invernaderos.

“El 80 por ciento de los proyectos fracasa porque no tiene ese desarrollo técnico, y es lo que hacemos desde Ceickor, apoyar el desarrollo agroalimentario”, menciona Félix Tarrats Zirión, director general del Centro de Investigación y Capacitación Koppert Rapel (Ceickor).

“Hay mucho desarrollo de agroparques, como el de Querétaro, hay otro en Aguascalientes, pero esto no funciona si no tienes el desarrollo humano”, asegura.

Ceickor surge en el año 2005 de la fusión de la empresa holandesa Koppert de México y el mexicano Instituto Agropecuario Rapel AC, en un momento donde la industria de invernaderos en México comienza a crecer y hay una buena oportunidad de negocio.

El centro, ubicado en el municipio de Colón, inició su operación con media hectárea de producción de tomate en cultivo protegido, así como con instalaciones para la investigación en técnicas de producción.

Desde entonces, refiere Tarratz, se han dedicado a la investigación y a la capacitación técnica en el segmento. Personal de España, Rusia, Centroamérica y México han trabajado con los especialistas de la institución en el desarrollo de competencias técnicas, entrenamiento de growers y talleres especializados.

Además, hace tres años, el centro fundó la Universidad Ceickor donde se imparte la carrera de Técnico Superior Universitario en Cultivos Protegidos, y próximamente se abrirá una ingeniería en la materia.
En el Bajio “no está cubierta la necesidad de técnicos, hay una gran demanda; las universidades apenas inician en este tipo de especialidades”, expone el directivo, de tal manera que la industria va mucho más avanzada que la educación.

CONOCIMIENTO COMPARTIDO


En materia de investigación, el centro trabaja en diversos proyectos como el desarrollo de un sistema de paneles solares para el uso en invernaderos, una prueba de calefacción geotermal, la utilización de mallas especiales para el manejo de luz, y el desarrollo de variedades de tomate para el sector privado.

“Hacemos pruebas de variedades, de 30 variedades de tomate para distintas empresas”, menciona Tarratz. “Hay una compañía sueca, hay empresas holandesas, españolas, mexicanas, llevamos mucho tiempo en la industria y sabemos cuáles son las empresas líderes.”

En el tema de producción, Ceickor cultiva aproximadamente cien toneladas a la semana de tomate en vaina (TOV por sus siglas en inglés), de las cuales 90 por ciento se destina a la exportación. La extensión para esta actividad aumentó a 3.5 hectáreas en este año en sus instalaciones.

Como parte de sus procesos, aplican cultivos hidropónicos, además de utilizar abejorros como polinizadores y fertilizantes naturales en los invernaderos.

“Creo que hay que hacer una industria fuerte en México, competitiva, que promueva buenos valores, y para ello no hay secretos”, puntualiza.

El país tiene la vocación de agricultura protegida, y ha habido esfuerzos de diferentes gobiernos de hacer pequeños invernaderos en zonas marginadas, donde se produzca para autoconsumo, añade Félix Tarratz.

“En Querétaro hubo proyectos con éxito, entonces creo que es una técnica que se tiene que ir permeando, que es para todos y se puede ir adaptando”, afirma.

Eduardo Islas Salazar, exconsejero comercial de ProMéxico, enfatiza la capacidad que hay en Querétaro en el sector agroalimentario, donde empresas extranjeras –de Países Bajos, por ejemplo- han invertido en la entidad desde hace varios años de forma importante.

Las compañías, añade, han tenido que desarrollar tecnología para sus procesos de producción, a través de centros de investigación propios o iniciativas como la de Ceickor.

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