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Alfareros de Querétaro dan al Halloween
un estilo otomí

Calabazas, brujas, fantasmas y esqueletos fabricados por artesanos de San Ildefonso, Amealco, llegan a la frontera norte, su principal mercado.
Lourdes Durán Peñaloza
29 octubre 2015 7:35 Última actualización 29 octubre 2015 16:35
halloween amealco

Las piezas más pequeñas cuestan 5 pesos al mayoreo y las más grandes pintadas llegan a 100 pesos. (Lourdes Durán Peñaloza)

AMEALCO, Qro.- En la comunidad otomí de San Ildefonso Tultepec ya se vive el Halloween. Calabazas, brujas, fantasmas, cráneos y esqueletos de todos colores y tamaños inundan los patios de las casas, mientras familias enteras se afanan en la producción de sus artesanías para aprovechar ésta que es su mejor temporada del año.

Desde principios de octubre, una parte de los artesanos se desplaza a entidades que colindan con su principal mercado, Estados Unidos, como Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila.

“La frontera les permite entrar al mercado norteamericano. Hay gente que se lleva tres o cuatro camionetas; familias completas que allá se dispersan. Muchas de las calabazas las están modificando para ofrecer nuevos productos en la zona norte”, comenta Marisol Sánchez Mondragón, coordinadora de Turismo de Amealco.

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Alfareros de Querétaro


La funcionaria municipal expone que si bien todo el año se tienen a la venta artesanías de barro, la mayor demanda de artículos se presenta en el mes de octubre. Y en la comunidad de San Ildefonso, alrededor de 200 familias dependen económicamente del mercado de las artesanías de barro cocido.

A nivel municipal, se estima que alrededor de cuatro mil personas se ocupan en actividades relacionadas, en general, con el sector turismo.

Además de San Ildefonso, Amealco tiene otras comunidades que destacan por su actividad artesanal, como Santiago, El Rayo y San Juan Dehedó.

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ACTIVIDAD FAMILIAR

En la familia Pascual García, el padre, la madre y dos de las hijas se dedican de lleno, desde hace 15 años, a la elaboración de artesanías de barro cocido.

Yolanda Pascual, una de las hijas, explica parte del proceso de elaboración: “Lo primero es ir por la tierra. Es una tierra especial. La tienen que moler para que se haga fina; de ahí la baten. Antes lo hacían con el pie y con agua, hasta que quedara barro. Ahora ya hay molinos.”

Por día, una persona cuenta con la capacidad de fabricar hasta 30 piezas. Los precios, en todos los casos, se determinan a partir del tamaño. Las piezas más pequeñas se venden a 5 pesos al mayoreo; de ahí sigue una de 17 pesos, en tanto que la más grande tiene un precio de 60 pesos, sin pintar. Pintada sube a 100 pesos.

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“La venta aquí es poca. Hay que salir a otros lugares para colocarlas”, sostiene Pascual.

Celia Cruz Jacinto, integrante de otra familia alfarera, dice que la venta de calabazas y demás artículos relacionados con el Halloween comienza a partir del 15 de septiembre.

“El mes que más se vende es en octubre. A partir de noviembre se venden muy pocas piezas, pero empezamos a meter cosas de Navidad. Las que se compran aquí se venden a unos precios muy baratos. Por lo mismo hay quienes se las llevan lejos”, refiere.

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Familias alfareras

En Amealco, familias enteras se dedican a la elaboración y venta de artesanías de barro cocido. En la foto, Celia Cruz Jacinto.

Celia, alfarera
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Nuevos productos.

Los artesanos de San Ildefonso Tultepec se adaptan a la demanda.

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