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La batalla de tierras raras de China en la OMC

06 febrero 2014 7:25 Última actualización 03 noviembre 2013 0:45

 



2013 New York Times News Service
TIANJIN, China. La refinación de tierras raras durante dos décadas en el norte de China, cerca de la frontera mongola, ha producido corrientes de agua contaminadas radioactivamente que se han filtrado lentamente bajo tierra al río Amarillo, una crucial fuente de agua para 150 millones de personas.
 
En la provincia de Jiangxi, en el centro sur de China, el gobierno nacional tomó el control de los distritos mineros de tierras raras, antes en manos de funcionarios provinciales, porque encontró que se había generalizado la minería a cielo abierto.
 
Y en la provincia de Guangdong, en el sureste de China, los reguladores batallan para reparar los arrozales y los arroyos destruidos por los potentes ácidos y agua contamianda de las minas de tierras raras de tajo abierto, cuya operación frecuentemente está en manos del crimen organizado violento.
 
Comunidades dispersas por toda China enfrentan un enorme daño ambiental, acumulado a lo largo de dos décadas de minería y refinación de tierras raras casi sin regular. Si bien el gobierno chino ha empezado a gastar miles de millones de dólares para limpiar el daño, el impacto ambiental se está convirtiendo en un problema de comercio internacional.
 
China, el productor dominante en el mundo de metales de tierras raras, necesarias para toda clase de aparatos como móviles, autos eléctricos y computadoras, discreta y unilateralmente impuso impuestos y límites anuales al tonelaje de las exportaciones de tierras raras hace siete años. En forma gradual ha ido subiendo los impuestos y bajando los límites del tonelaje en los años subsecuentes, reduciendo lentamente el suministro a fabricantes de ultramar.
 
China sostiene que estas restricciones a las exportaciones son necesarias para proteger su ambiente. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón han impugnado esos impuestos y cuotas en la Organización Mundial de Comercioal señalar que Pekín ha hecho poco para limitar el consumo de tierras raras dentro de sus fronteras.
 
“Este caso será un hito en términos tanto de las restricciones a las exportaciones como del ambiente”, señaló James Bacchus, quien fuera presidente por dos periodos del tribunal de apelaciones de la OMC en Ginebra.
 
China ha tenido disponibles amplias provisiones para fabricantes dentro del país, los cuales producen componentes vitales para productos como computadoras portátiles, focos fluorescentes compactos, turbinas de viento y automóviles eléctricos. Algunas compañías occidentales y japonesas mudaron sus plantas a China para asegurar el acceso a las tierras raras.
 
El panel de la OMC enfrenta uno de los problemas más engañosos del comercio internacional. Los ambientales han recelado de la organización de comercio desde que su predecesor, el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio rechazó una prohibición estadounidense de principios de los 1990 sobre la importación de atún atrapado en formas peligrosas para los delfines.
 
Sin embargo, al producirse tres años después de la tempestad internacional por el comercio de tierras raras y 19 meses después de que, de hecho, se metió el litigio en la Organización Mundial de Comercio, es posible que el fallo no marque ninguna gran diferencia en la propia industria de las tierras raras, dijeron ejecutivos y funcionarios, aunque sí parece que el caso tuvo el efecto involuntario de ayudar a hacer que China hiciera una enorme limpieza ambiental.
 
Las restricciones a las exportaciones chinas se han vuelto menos importantes en los últimos años por dos razones. Minas de tierras raras alternas entraron en producción en Estados Unidos y Australia, reduciendo la parte de China en la producción mundial a 85 por ciento, en comparación con 95 por ciento hace tres años. Y las compañías se han vuelto mucho más eficientes en términos de economizar en tierras raras, especialmente las costeras, las llamadas tierras raras pesadas, como el disprosio.
 
El cambio es visible en Tianjin, en la bodega de suministro de una de las pocas fábricas del mundo que producen tierras raras pulverizadas para usarlas en imanes muy potentes. Ya sea para teléfonos inteligentes o misiles, las aplicaciones más avanzadas para las tierras raras tienden a implicar la manufactura de componentes en miniatura pero cruciales que utilizan las potentes cualidades magnéticas de las tierras raras.
 
El complejo de tierras raras de Tianjin es propiedad de Molycorp, una empresa estadounidense, que compra sus tierras raras ya procesadas a refinerías totalmente chinas. La bodega tiene pilas muy ordenadas de barriles de tierras raras. Los tambos azul brillante que contienen neodimio, otra tierra rara altamente magnética, tienen sólo tres quintos de metro de altura y poco más de tres décimas de metro en diámetro, pero pesan más de 250 kilogramos debido a la extraordinaria densidad del material.
 
Hay un solo bote gris de disprosio sobre una tarima de madera, una tierra rara que se vende en 535 dólares el kilogramo. Sus precios aumentaron hace dos años debido a una burbuja especulativa que siguió al embargo no anunciado que impuso China de septiembre a noviembre de 2010 a los embarques de tierras raras para Japón, durante una disputa territorial.
 
Ese aumento en los precios provocó que las compañías economizaran en el uso de tierras raras. Molycorp ahora mezcla la mitad de disprosio a sus polvos magnéticos como lo hacía hace un año. Muchos de sus clientes decidieron que sus imanes no requieren disprosio, el que se agrega en cantidades insignificantes para ayudar a que los imanes de tierras raras retengan el magnetismo a temperaturas superiores al punto de ebullición del agua.
 
“La gente en Sichuan piensa que moriría sin sus chiles, pero pueden vivir sin ellos”, dijo Chen Kerong, el director de producción en la planta de Molycorp en esta ciudad. “La gente adora el disprosio, pero también puede vivir sin él”.
 
En forma similar, la industria petrolera mundial empezó a usar menos lantano, otra tierra rara, en la refinación de petróleo. Ahora, sólo 1.5 por ciento de las formulaciones catalizadoras se hacen con lantano, en comparación con cuatro o cinco por ciento hace tres años.
 
Sin embargo, el caso ante la Organización Mundial de Comercio parece haber marcado una diferencia al desencadenar una amplia limpieza ambiental. En un libro blanco emitido en junio del año pasado, el gabinete chino describe al detalle el daño ambiental causado por la industria de las tierras raras, una admisión que, si bien fue vergonzosa para Pekín, pudo haber reforzado su caso en la OMC, en cuanto a que la industria de las tierras raras es sucia, por lo cual se justifican las restricciones a su exportación.
 
“La extracción excesiva de tierras raras ha tenido como resultado deslaves, ríos atascados, emergencias por contaminación ambiental, y hasta accidentes y desastres mayores, lo que ha causado gran daño a la seguridad y la salud de las personas, así como al ambiente ecológico”, se dice en el libro blanco.
 
Funcionarios chinos han negado repetidamente que sus inquietudes recién desarrolladas por las consecuencias ambientales de la minería de tierras raras y su refinación estén motivadas por un deseo de ayudar a evitar la derrota en la OMC, aun cuando la limpieza podría ayudar a ello.
 
El panel de la OMC envió hace poco su informe confidencial provisional a China y los países que presentaron el caso, y se les permitirá hacer sugerencias de cambios antes de que se tome la decisión final el 21 de noviembre.
 
Es probable que quienquiera que pierda apele ante el organismo de apelaciones de la organización. Cada parte tiene seis semanas para decidir si apela después de que se publique la decisión a mediados de diciembre, y entonces el organismo de apelaciones tiene otros tres meses para emitir su fallo.
 
La mayor parte de la industria de las tierras raras y los abogados en comercio internacional piensan que China perderá el caso en la OMC y obedecerá quitando las cuotas y los aranceles a las exportaciones. Sin embargo, es posible que estos cambios no marquen una gran diferencia porque China ha pasado los últimos años forzando fusiones para que sólo 10 compañías produzcan 99 por ciento de las tierras raras legalmente extraídas en el país, todas con diversos grados de control estatal.