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Hoy, más que tolerante, la sociedad es indiferente

07 febrero 2014 3:42 Última actualización 03 octubre 2013 5:2

[Luis Muñoz Oliveira revisa, en La fragilidad del campamento, el papel de la tolerancia / El Financiero]


Silvina Espinosa de los Monteros
 
La fragilidad del campamento (Almadía) es un conjunto de ensayos de Luis Muñoz Oliveira sobre el papel de la tolerancia a lo largo de la historia; una reflexión por demás pertinente en los tiempos que corren. Tomando en cuenta a pensadores clásicos y contemporáneos, que van de Cicerón a Amartya Sen, pasando por Michel de Montaigne, Stefan Zweig y Judith Shklar, entre muchos otros, el autor explora la evolución del concepto de tolerancia.
 
Desde su atalaya de doctor en filosofía, L. M. Oliveira hace un recorrido tanto histórico como filosófico de la tolerancia, con particular énfasis en la necesidad de distinguirla de la indiferencia, a la que llama falsa tolerancia, en el arduo camino que entraña la construcción de una democracia verdadera.
 
–¿Por qué comparar la democracia con un campamento?
 
–A diferencia de otros sistemas de gobierno que se rigen por la fuerza –explica el también autor de la novela intitulada Bloody Mary–, tengo la idea de que la democracia es muy frágil. En sistemas totalitarios, quien tenga la fuerza gobernará hasta que la pierda. Sin embargo, el hecho de que la democracia sea un sistema abierto en el que caben casi todas las opiniones, le da cierta vulnerabilidad. Por lo general, creemos que dicho sistema es algo que una vez establecido no tiene vuelta atrás, y que no vamos a perder los derechos que ganamos. ¡Esto es una mentira! De ahí que, al buscar una metáfora, me pareció que era perfecta la idea del campamento: ese conjunto de tienditas instaladas que nos remiten a cuando dejamos de ser nómadas.
 
–¿De qué manera definiría el concepto de tolerancia?
 
–La tolerancia es una virtud democrática. Los ciudadanos democráticos deben tener varias virtudes: la civilidad, la capacidad de diálogo y la tolerancia. Y me refiero por virtud a un hábito que adquirimos. Uno no es virtuoso por un día en que hace bien las cosas, sino que debe ser constante. Ahora bien, ¿qué tipo de hábito es la tolerancia? Aquella forma de conducirnos que acepta ideas y conductas con las que discrepamos pero que, sin embargo, no tenemos razones para prohibirlas.
 
–La palabra tolerancia proviene de la raíz latina: tollere, que significa “soportar”...
 
–Soportar es una visión muy pobre. Soportar nada más por soportar es el primer paso para la tolerancia, pero la vuelve medio trivial. El concepto se enriquece cuando hablamos de “soportar al otro, pero por las buenas razones”. Al decir esto, estamos poniéndole al tolerante la capacidad de razonar, de escuchar al otro y de ver cuáles son sus intereses. Tolerar al otro no es fácil, ya que implica un esfuerzo de la persona.
 
–¿De qué hablamos cuando hablamos de falsa tolerancia?
 
–De indiferencia. La falsa tolerancia es esa actitud de muchos que creen que todo es aceptable. Pero no se dan cuenta que ellos mismos no podrían defender una noción así. Decir “todo es aceptable” es decirle al asesino “tienes derecho a matar”. Quizás es muy fácil decirlo en una sociedad democrática donde difícilmente están pensando en matarte, pero hay que darnos cuenta de que si partimos de que todo es tolerable, pasado mañana nos quedamos sin derechos y libertades. Tolerar no es soportarlo todo, ni decir que todo es tolerable; el tolerante sabe cuáles son los límites de la tolerancia; por tanto, es intolerante hacia esas conductas o ideas que no son aceptables. Esa es la llamada paradoja de la tolerancia: la tolerancia es intolerante.
 
–¿Cómo aprender a vivir con la barbarie?
 
–Puesto que la barbarie siempre es posible, tenemos que aprender a vivir con ella. Lo que esto quiere decir es que tenemos que estar listos para combatirla y no creer que ya llegamos a un nivel de desarrollo civil tal que nunca regresará. ¡Mentira! La barbarie puede aparecer en cualquier momento y si no estamos pendientes, si dejamos que crezca, lo que estamos haciendo es enfermar mortalmente a la democracia, además de perder nuestros espacios de libertad.
 
–¿Emplear la indignación como esencial contraveneno?
 
–La indignación es, en general, uno de los instrumentos más importantes de la tolerancia; y, en particular, de la ética. Porque justo indignarnos ante las opiniones que son irrespetuosas, que se basan en prejuicios, o indignarnos ante las conductas inaceptables, que dañan a los demás, es uno de los papeles que tienen que ejercer los tolerantes.
 
–¿Qué decir sobre la tolerancia en los tiempos que nos está tocando vivir?
 
–La tolerancia es fundamental en estos momentos. Actualmente vivimos en una sociedad poco tolerante o tolerante en el sentido equivocado; lo que tenemos, más bien, es una sociedad indiferente. Así que lo que tenemos que lograr es que las personas transiten de la indiferencia a la tolerancia, cosa que se hace por medio de la educación y de las buenas razones. Necesitamos un proyecto de educación básica que enseñe a las personas a ser ciudadanos en una democracia. Algo que no hacemos.
 
–¿Cuál es el futuro de una sociedad que no trabaja en ello?
 
–El fracaso. El fracaso de México como proyecto nos va a llevar a que cada vez se respeten menos los derechos de los individuos. Y eso es muy grave. Porque si hoy en día se violan los derechos de las personas que están alejadas de mí, se abre la puerta para que mañana se violen los míos. Por eso tenemos que indignarnos frente a la violación de los derechos de los otros, ya que constituye una defensa de ellos, pero también de nosotros mismos.