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Francisco Tario: Elegía al arquero

06 febrero 2014 6:57 Última actualización 10 diciembre 2013 5:13

 [La recuperación de sus obras seduce al recuerdo de grandes artistas ex porteros / Bloomberg]


 
 
Ma. del Refugio Melchor S.
 

En el futbol se mantiene la tesis de que los porteros son los mejores técnicos porque desde su posición pueden ver el desplazamiento de todos los jugadores, sus desmarques y combinaciones. En el mundo de la literatura también aparecen estos hombres extraordinarios que con su pluma dan cuenta de un mundo que sólo ellos pueden ver desde su maravillosa perspectiva. Uno de ellos es Francisco Tario a quien México comienza a recuperar.
 

Albert Camus, escritor francés ganador del Premio Nobel de Literatura en 1957, fue portero en su natal Argelia. Muchos años antes de ser canonizado como San Juan Pablo II, el polaco Karol Wojtyla, se destacó como guardameta con el MKS Cracovia; después fue escritor y curador de almas.
 

Porteros literarios ocupan una posición especial, llena de soledad y derrota, sobre todo cuando el balón estremece la red por un lance mal calculado. Cargan con el fracaso en sus espaldas y un sentimiento de culpa que pesa horrores.
 
México tuvo la fortuna de contar con uno de los mejores, Fracisco Tario (1911-1977), escritor que ha sido redescubierto por las nuevas generaciones gracias al esfuerzo de Alejandro Toledo y Guillermo Samperio. A 102 años de su nacimiento Francisco Peláez Vega, su nombre verdadero, suscita una especial fascinación tanto en su tierra natal como en España, lugar que eligió para morir. Como suele suceder, la fama le llegó después de partir de este mundo, noticia que dio a conocer José Luis Martínez en la revista Vuelta el 30 de diciembre de 1977.
 

El historiador afirma que Francisco Tario sustituyó su apellido Peláez porque le sonaba mercantil y adoptó el Tario que tomó de un pueblo de Michoacán, que significa “lugar de ídolos”.
 
Francisco Tario es considerado como un fantasma de la literatura mexicana, tanto por la poca difusión que tuvo su obra en vida, como por la temática de la misma, bien detallada por Guillermo Samperio en el prólogo del libro “La semana escarlata y otros relatos”, editado por Lectorum.
 
“En su juventud jugó futbol para el club Asturias en México; también le apasionaba la astronomía y era un estupendo pianista. Los que lo conocieron en lo íntimo cuentan que, ya entrando en confianza, comenzaba a tocar piezas musicales y que las ejecutaba de manera excepcional, acompañando a Pita Amor en sus recitales bohemios. Un hombre serio, reservado en la opinión pública y con la propia gente que lo frecuentaba. Además de que fue una de las primeras personas en rasurarse la cabeza y aceptar su calvicie, tomando en cuenta que en esa época no era común verlo”, escribió en el citado prólogo Guillermo Samperio.
 

Vecino de Octavio Paz y Carlos Fuentes, Tario y su esposa Carmen Farell compartieron muchas veladas literarias. Al caer la nocheTario creó todo un mundo oscuro, a la manera de los grandes clásicos del terror gótico.
 

Hay en su escritura, afirma Guillermo Samperio, un poco de Edgar Allan Poe, Guy de Maupasant y del clásico de la ficción Aldous Huxley. dicen que uno de los últimos libros que leyó fue Esas hojas estériles. Terror a la mexicana.
 
Manos seguras
 

El deceso de Francisco Tario impactó al mundo literario, en España se reeditaron varias de sus obras y el crítico literario Juan Malpartida recordó que parte de su genialidad provino de sus actuaciones bajo los tres postes.
 

“Si en la literatura se le conoce como Francisco Tario, en las canchas sería conocido como Paco Peláez, el Adonis Peláez o ‘el Elegante’. Siempre aparecía vestido con gorra y jersey de cuello alto, al igual que el ídolo de entonces, el también guardameta Ricardo Zamora… Una noche de septiembre, otro futbolista de nombre Juan Trompito Carreño y de estilo Pepe, clavó los tacos en los riñones de Peláez. Hay que recordar que las botas de la época venían con tacos punzantes. De aquella lesión Peláez saldría para el retiro futbolero. Un golpe que a Paco Peláez le supuso la entrada en los selectos cielos de la escritura reencarnado en Francisco Tario”, escribió Malpartida en el periódico español ABC (13-04-12).
 

Por otra parte, el escritor mexicano Alejandro Toledo, señala que uno de los mayores atractivos en la producción literaria de Tario es que sus narraciones, en muchas ocasiones, son el sueño, la pesadilla o el juego entre la vigilia y la ensoñación, el medio por el que se instala lo extraño y amenazante.
 

Toledo escribió el prólogo de La Noche, antología de cuentos publicado por la editorial española Atalanta. Gracias a su visión, los jóvenes lectores mexicanos han tenido la oportunidad de descubrir el mundo literario de Francisco Tario.
 

“El mejor termómetro para medir la vigencia de Francisco Tario son las librerías de viejo, en donde sus obras son un pez difícil de picar. Y son los jóvenes, sobre todo, los que buscan sus libros, lo cual me parece un aspecto de lo más interesante, pues además de demostrar su actualidad, significa que seguirá existiendo entre nosotros”, escribió Toledo en la Revista Nexos (1/9/13).
 

Tario demostró que el futbol y la literatura son juegos que se pueden jugar al mismo tiempo. No recibió ningún premio por su pluma ni tampoco un guante de oro por sus atajadas.
 

Pero sin duda estaría feliz de ganar nuevos lectores, como apostilla Samperio. “Puede que en vida Tario no buscase la fama literaria; jamás recibió un premio, una beca ni ninguna distinción por parte de alguna institución cultural mexicana. Pero es ya la hora de que las nuevas generaciones de lectores y, por consiguiente, el reconocimiento lleguen para, al fin, hacerle un poco más de justicia a una de las obras más innovadoras y deslumbrantes en toda la historia de las letras mexicanas”.
 

Según García Márquez, Tario escribió uno de los mejores cuentos del siglo XX: La noche de Margaret Rose, donde lo imposible convive con lo rutinario, lo trágico se vuelve cómico y lo absurdo, irremediablemente lógico”.