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Auditorio Justo Sierra, un secuestro que dura ya 13 años

12 febrero 2014 4:38 Última actualización 13 junio 2013 8:55

[Fotos: Miriam de Regil] 


 
 
Miriam de Regil
 
 
A un costado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM se encuentra el Auditorio Justo Sierra, inaugurado en 1954, y que durante muchos años ha sido considerado como uno de los espacios más representativos de Ciudad Universitaria.
 
Tras albergar conciertos de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, un célebre cine club universitario, debates políticos, ensayos de los alumnos de teatro de Filosofía y abrir su puertas a personajes como Octavio Paz, Susan Sontag, Pablo Neruda o José Saramago, el inmueble ocupado desde hace 13 años por grupos de activistas –tras la huelga más larga en la historia de la institución (abril de 1999 a febrero de 2000)– luce hoy totalmente deteriorado.

Durante un recorrido por el lugar, EL FINANCIERO pudo constatar el estado de abandono que guarda este espacio, en el cual paredes y vidrios están grafiteados, mientras en la entrada principal se encuentra un viejo pizarrón repleto de coloridos avisos que anuncian clases de yoga, inglés, servicios de masaje, tocadas de ska, punk, reggae, así como talleres de alebrije, danza, serigrafía y artes teatrales, entre otros. Alrededor, se encuentran carteles y mantas con consignas que hablan de “libertad” y “rechazo a la represión”.

Adentro, el auditorio luce sin butacas ni alfombras, las paredes de madera están agrietadas y la pantalla del recinto está llena de polvo, a la vez que las cortinas principales están ya rotas y tiesas de tanta suciedad.
 
En el vestíbulo principal se encuentra un “comedor popular vegetariano”, donde lo menos importante es la higiene, y cerca de ahí, unos dormitorios improvisados, que son conocidos por los propios activistas como “catacumbas”. Alrededor, las paredes están encuentran llenas de propaganda política y de dibujos que hacen alusión a punks, a la lucha armada e incluso a María Sabina. En el aire se puede percibir un fuerte olor a incienso.
 
 
 
 

Contrastes
 
 
La historia del Justo Sierra o del Che Guevara –como algunos grupos de izquierda lo comenzaron a llamar a partir de 1968– ofrece contrastes, pues se trata de un recinto considerado desde 1963 Patrimonio Cultural de la Humanidad, que ha sido escenario de reuniones y asambleas estudiantiles de los movimientos sociales que nacieron a lo largo de las últimas cinco décadas.

Karla, estudiante de filosofía, indica que al menos cuatro generaciones no han conocido lo que fue el Justo Sierra en sus mejores tiempos. “Sé lo que significa el lugar, pues mi papá también estudió aquí, sin embargo, desde que llegué nunca he entrado.

Algunos profesores y compañeros dicen que si no queremos problemas mejor ni nos asomemos”, explica.

Por su parte, Mario, también alumno de la UNAM, dice que sabe que los viernes hay conciertos y obras en el Justo Sierra, que hay una galería y actividades adentro, pero también ha conocido casos de grupos radicales que han llegado hasta golpear a los alumnos.

“Al igual que muchos de mis compañeros prefiero no averiguar que pasa adentro, pero sí sé que muchos de los que llegaron a ocupar este recinto no tienen nada que ver con la universidad y con sus ideales.”

César, otro alumno, dice no querer problemas, pues asegura que con el sólo hecho de pasar cerca de los ocupantes, “muchas veces uno es blanco de agresiones verbales”.

Pero los ocupantes del auditorio no lo ven así: “se trata de un espacio libre y autónomo de trabajo autogestivo acorde con los nuevos tiempos, que marca la lucha de clases en este país”, asegura un activista que prefiere no dar su nombre.

Quien sí lo da es Alfredo Rodríguez, el Clon, que se encarga del taller de teatro en el Che Guevara. “Hay varios proyectos y colectivos trabajando aquí, como nosotros que ofrecemos funciones de teatro, espacio para que ensayen los estudiantes, o para que tengan algunas actividades artísticas.

“La respuesta de la gente ha sido favorable, aunque al principio fue muy difícil porque el Che tenía estigma de ‘no te acerques porque está tomado’. Y en realidad el auditorio ha seguido funcionando; la galería hace un serie de trabajos importantes e incluso sigue habiendo proyecciones de cine”.

El Clon señala que la relación con las autoridades universitarias no existe, porque “han boicoteado” durante mucho tiempo el espacio. “Ellos quitaron las butacas antes de que los activistas llegáramos. Yo pienso que el diálogo y llegar a un entendimiento por parte de ambos lados podría funcionar, pero eso es muy complicado”, pues el teatrero admite que entre los ocupantes hay muchos sectores demasiado radicales que se opondrían a cuaquier tipo de diálogo.
 

 

Intentonas
 

En 2010, las autoridades analizaron la forma para recuperarlo, pero todo quedó en mera intención. En esa ocasión, estudiantes, profesores, investigadores e integrantes de la comunidad universitaria enviaron un carta al rector para exigir que se devolviera el inmueble.
 
En esa misiva, escritores como Gonzalo Celorio, Beatriz Espejo, Angelina Muñiz Huberman, Anamari Gomis y Hernán Lara Zavala, entre otros firmantes, expusieron que el auditorio Justo Sierra es un recinto que, “por derecho, no pertenece más que a nuestra Universidad”.

“Tres años después nuestra petición sigue siendo la misma: que se rescate el auditorio, es urgente que ese problema se resuelva”, señala a este diario Hernán Lara Zavala, quien también se desempeña como profesor de la Facultad de Filosofía y Letras.

Para el escritor, todos saben que los grupos ocupantes buscan en gran medida crear confusión y desorden en toda la universidad; “creo que es como tener un tumor y no extirparlo, pero definitivamente hay que sacarlo”.

En el año 2002, el colectivo de jóvenes que se apodero del auditorio decidió entregarlo a la UNAM debido a su falta de organización y capacidad para sostener el inmueble, pero al poco tiempo distintos colectivos estudiantiles deciden volver a tomarlo y en 2003, luego de seis meses de una tensa situación, nace La Okupacion Auditorio Che Guevara, un colectivo que terminó por apoderarse del lugar.

Lara Zavala coincide con Alfredo, el Clon, y dice que “el diálogo tendría que ser el primer paso”. El escritor apunta que al margen de su preferencia política los que ocupan hoy el sitio están cometiendo un delito.

“La única persona que tiene la protestad para resolver este asunto es el rector con apoyo directamente del presidente, porque de otro modo es muy complicado exponer a la universidad a estos grupos violentos que toman de la famosa autonomía de la UNAM atribuciones ridículas”, agrega.

Para Raúl Carrancá y Rivas, maestro emérito de la Facultad de Derecho de la UNAM, las autoridades pueden actuar jurídicamente para recuperar el auditorio.

“Desconozco la situación de la ocupación del Justo Sierra, pero sin duda se podría levantar una denuncia por despojo y daños a propiedad ajena ante la PGR al igual que se hizo hace un par semanas cuando un grupo tomó el inmueble de Rectoría.”

Al ser consultado por este diario, Carrancá y Rivas sostuvo que los ilícitos mencionados se agravan por la naturaleza del inmueble, pues es Patrimonio Cultural de la Humanidad, y cuya protección está prevista en la Ley General de Bienes Nacionales y de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas, entre otras, que podrían resultar de una investigación ministerial.

Explicó que una vez que una persona o particular presenta una denuncia ante el Ministerio Público el Artículo 123 del Código Penal indica que las autoridades tienen la obligación de auxiliarla.

En tanto, Juan Federico Arriola, investigador de la Universidad Iberoamericana, también entrevistado por este diario señala que un auditorio como el Justo Sierra tiene fines muy concretos “y creo que ha sido utilizado y monopolizado por un grupo de personas que no estoy seguro sean integrantes de la UNAM".
 
“Con qué derecho se apoderaron del inmueble”, indicó Arriola, quien opinó que quizá las autoridades no han actuado porque no quieren que esto se tome como pretexto y después estos grupos quieran cerrar toda la UNAM, sin embargo, dijo que es necesario que se actué ya y se haga con cautela.

“Sería muy importante que el abogado de la UNAM –con fundamento en la misma normatividad– haga de conocimiento público que la ocupación está fuera de derecho y que la autoridad puede, conforme a la ley, recuperarlo”, concluyó.

Durante dos semanas, EL FINANCIERO buscó a las autoridades de la UNAM y a la directora de la Facultad de Filosofía y Letras, Gloria Villas Moreno, para conocer su opinión sobre este asunto, sin embargo nunca hubo una respuesta.
 
Información porporcionada por El Financiero Diario.