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Víctor Rodríguez niega que sus pinturas sean hiperrealistas 

Víctor Rodríguez es un pintor defeño que ha triunfado con sus retratos en Estados Unidos, desde su “cueva asquerosa” ubicada en Brooklyn. Tuvieron que pasar 20 años para que este artista pudiera exponer en la ciudad donde nació...
Myrna Martínez
15 abril 2014 21:6 Última actualización 16 abril 2014 5:0
Para lograr sus retratos, el artista toma unas 500 fotos a su modelo. (Cortesía)

Para lograr sus retratos, el artista toma unas 500 fotos a su modelo. (Cortesía)

La obra de Víctor Rodríguez se ha expuesto en Nueva York, Milán y Berlín, pero tuvieron que pasar más de 20 años para estar en un museo de la ciudad en donde nació. El pintor originario del Distrito Federal, desde hace 18 años vive y pinta en su estudio de Brooklyn, al que llama cariñosamente una “cueva asquerosa”.

Sus pinturas de gran formato, con colores estridentes contrastan con el edificio barroco del siglo XVII, sede del Museo de la Cancillería, donde se exhibirán hasta el 30 de mayo.

Al principio no fue fácil para Rodríguez abrirse camino en México y luego en Estados Unidos, donde el mercado, opina, está más enfocado al negocio.

“Sí fue muy complicado. Como no estudié en ninguna escuela de arte, en la ciudad no pertenecía a ningún círculo, además mi trabajo se salía del mainstream de principios de los noventa”, afirma el pintor, nacido en 1970.

El no haber ido a ninguna escuela fue en realidad algo positivo, lo alejó de ciertos límites y tecnicismos y le dio la posibilidad de ser más libre en su manera de crear, por lo que ha sido criticado por puristas.

“No soy discriminatorio ante ciertas herramientas, utilizo lápices, navajas, pistolas de aire, lijas; lo que use está justificado si el resultado es el que busco”.

Para realizar grandes retratos, en su mayoría femeninos, caracterizados por su detalle y realismo, Víctor Rodríguez toma de 500 a 600 fotografías de la modelo y las usa como referencia para pintar sobre una tela blanca. Nunca lo hace sobre una impresión fotográfica, pero los cuadros han llegado a engañar a muchos; incluso lo han catalogado, muy a su pesar, de hiperrealista.

“Hay gente de museos que ha pensado que son impresiones láser y que yo pinto encima; no sé por qué, los cuadros no son tan perfectos para engañar”, expresa Rodríguez, quien tuvo una retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, en 2009.

“Yo no creo que mi obra sea hiperrealista, para mí eso sería hacer un engaño, una ilusión tridimensional de algo que no existe”.

Las 19 obras que se presentan en el Museo de la Cancillería son parte de dos de sus colecciones, Fauve y Dodecahedron. La primera está inspirada en el movimiento pictórico surgido en Francia a principios del siglo XX, cuyos cuadros estridentes fueron llamados fovistas; en pocas palabras, fieras. ”Surge después de que los químicos inventaron los pigmentos artificiales en el siglo XIX; de repente los pintores, que antes utilizaban pigmentos naturales, tenían en sus manos colores que antes no existían”, explica. “El color transmite una serie de emociones, como la música, de una forma muy abstracta; me di cuenta de que tenía un puente muy claro con toda esta escuela”.

Dodecahedron, añade, es una referencia al ideal platónico, de cosas que no existen en el mundo real, sino en el de las ideas.

“En un sentido son retratos, pero en otro no lo son. Nunca es mi intención representar las característica individuales o la psicología interna de la persona pintada. Es un retrato en cuanto a que se parece a una persona, pero la modelo es más bien como una actriz que está caracterizando una escena”.