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libreta de apuntes

Vera, piernas eternas

Se ha ido la última sutileza, la obra de arte de los aparatos. Vera fue un encanto que encantaba. México se le rindió en el 68, como todo el mundo, al que tuvo en su mano. Vera, tan entera, le llamaron la Novia de México, lugar común no ajeno a la galantería.
Mauricio Mejía
31 agosto 2016 14:24 Última actualización 31 agosto 2016 14:29
Se ha ido la última sutileza, la obra de arte de los aparatos. (AP)

Se ha ido la última sutileza, la obra de arte de los aparatos. (AP)

Hubo un día, aunque ya no lo crean las actuales generaciones, en el que las gimnastas fascinaban. Vera fue eso: un encanto que encantaba. México se le rindió en el 68, como todo el mundo, al que tuvo en su mano. Alta, bellísima, ágil, era un gesto que maquillaba al mundo. Hubo un día, aunque sigan los incrédulos, en los que la gimnasia era un erotismo sobre la viga de equilibrio. López Velarde escribió un poema célebre a Anna Pavlova que quedaba al ritmo de la princesa sobre la prueba de piso: piernas en las cuales danzan teología, funerales y epifanía. Sí, en medio de este funeral de la preciosura, en medio de este dibujo a lápiz del arte hecho mujer, vale aquello lopezvelardiano:

¡Te fuiste con mi rapto y con mi arrobo,
agitando las ánimas eternas
en los modismos de tus piernas!


Vera, tan entera, le llamaron la Novia de México, lugar común no ajeno a la galantería. Fue además una gracia política en la Checoslovaquia de aquella Primavera, sin redundancia. Firmó la carta de los 100, al lado de Milán Kundera, de Vlaclav Havel. A lo lejos, las asimétricas de la libertad. París era una fiesta y México un luto en paz, en el que todo era posible, hasta la masacre. Vera era una diosa que danzaba con el modismo de sus piernas sobre un tiempo congelado entre las hogueras de las ideologías.

Su vida amorosa fue imposible y ridícula, como las novelas de Kundera. Pero no fue broma, Vera fue un nocturno a la estética, casi como si la dibujara Villaurrutia o Pellicer. Se ha ido la última sutileza, la obra de arte de los aparatos, cuando aparato no ya no tiene ninguna resonancia política; sólo gimnasia, esa pista en la que Vera fue Helena, de la de rosas mejillas.