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culturas

Tinta y papel… vigencia de lo antiguo

El mercado de los libros que tienen más de un siglo vive un auge
en México; los precios y el coleccionismo van en aumento, en subastas en que los precios de los ejemplares han rebasado el millón de pesos.
Eduardo Bautista
05 julio 2016 23:33 Última actualización 06 julio 2016 4:55
Librería "El tomo suelto" en la calle de Donceles. (Especial)

Librería "El tomo suelto" en la calle de Donceles. (Especial)

En plena era digital, el mercado de libros y documentos antiguos cobra fuerza en México. En la última década, los precios se han incrementado considerablemente, sobre todo en subastas, donde algunos artículos han rebasado el millón de pesos, asegura Jesús Cruz, valuador de Morton Casa de Subastas.

Hace poco, esta casa de pujas vendió un libro de dibujos coloreados de Claudio Linati (1830) en 1 millón 281 mil pesos, un precio que ni de broma se hubiera alcanzado hace 20 años.


“Ha crecido el interés por el libro antiguo. Vivimos un auge en los precios. Hace 10 años subastábamos un libro con un precio de salida de mil pesos y se vendía en mil 500; ahora lo sacamos en mil y alcanza los 10 mil”, asegura el especialista.

Existen dos razones por las cuales se han disparado los precios, explica: la inflación a nivel mundial y el incremento del dólar. Pero también es cierto que cada vez es más complicado conseguir libros antiguos en buen estado.

“En México hay un especial interés por los incunables americanos, que son muy difíciles de conseguir debido a las inundaciones que sufrió la Ciudad de México en los siglos XVI y XVII, las cuales destruyeron algunos de los mejores acervos de la Nueva España”, comenta Cruz.

Además, durante la Guerra de Reforma cerraron muchos conventos, lo cual propició saqueos en decenas de bibliotecas.

En algunos casos, dice, los precios de salida se han multiplicado hasta en 100 veces.

“Hubo un ejemplar de Lorenzo Boturini que conseguimos en 3 mil dólares y se vendió en 350 mil pesos por capricho del comprador. Una barbaridad”.

Los más caros
$1,280,000
29 acuarelas, de Claudio Linati (1830)

$372,000
Vocabulario en Lengua Castellana y Mexicana, de Alonso de Molina (1578)

$350,000
Idea de una Nueva Historia General de la América Septentrional, de Lorenzo Boturini (1746)

$320,000
Antigüedades de México, de Lord Kingsborough (1830)

$292,800
Views of Ancient Monuments in Central America, Chiapas and Yucatan, de Frederick Catherwood (1844)


GUARDIAS DEL MERCADO

Los libreros juegan un papel fundamental en este negocio. Ellos son los auténticos mercaderes de libros. Francisco López Casillas se dedica a este oficio desde muy joven. Pertenece a una dinastía única en México. Casi todas las librerías de viejo de Donceles son propiedad de esta familia.

Don Francisco está seguro de que el libro impreso jamás va a morir. “No creo que una cultura de más de 500 años desaparezca por una cuestión tecnológica”, asegura. Pero por si las dudas, ahora se especializa en antigüedades: documentos, libros y fotografías.

Él no sólo posee verdaderas joyas; las estudia, conserva y valúa en función de su contenido y contexto histórico. Entre sus clientes figuran personalidades como Juan Villoro, Christopher Domínguez Michael y Javier Garciadiego, quien, dice, tiene una colección de literatura mexicana bastante respetable.

“Carlos Slim Helú y el arquitecto Bacal también son coleccionistas importantes”, apunta.

“No podemos medir el mercado bajo un mismo parámetro. El librero tiene una función muy distinta a la de la casa subastadora. No sé si los libros antiguos estén de moda o no, pero lo que sí es un hecho es que, en el mercado europeo, mucha gente está guardando sus libros antiguos porque saben que en un futuro van a subir los precios. Lo podemos ver en sitios de Internet como Iberlibro o AbeBooks”, explica Don Francisco.

POCA ESPECIALIZACIÓN

A diferencia de Europa, en México no existen negocios especializados en libros antiguos. Si alguien quiere uno debe visitar las librerías de viejo de Donceles, del Centro Coyoacán o la Plaza del Ángel.

Hasta hace cinco años, los libreros acudían a Morton para adquirir algunas piezas y luego revenderlas, pero el alza de los precios ha mermado esta costumbre, asegura Cruz. En cambio, dice, son los coleccionistas quienes ahora se muestran más interesados en el mundo de las pujas.

“Antes, el libro antiguo era más barato. Nosotros (las casas de subasta) le hemos dado plusvalía. Una primera edición del Quijote hoy ronda el millón de dólares”, afirma.

“El libro antiguo siempre ha sido nuestra arma fuerte. En un futuro el coleccionismo será mucho más intenso. Los libreros vamos a tener que regresar a espacios pequeños. En Europa, muchas librerías ya se especializan en ofertar títulos de una época y temática determinada”, agrega López.


EL MISTERIO DE LOS COMPRADORES

El coleccionismo de libros es tan viejo como la imprenta misma. Hay quienes reúnen primeras ediciones y hay quienes prefieren los incunables del siglo XV. Todos, tanto los antiguos -que tienen más de un siglo- como los modernos, tienen un valor especial. Porque la antigüedad no define necesariamente el precio. Hay personas que ofrecen más dinero por una primera edición de 'Pedro Páramo' que por 'La vida de San Ignacio de Loyola', escrito en 1743 y valorado en 3 mil 500 pesos en la Librería Malinalli de Coyoacán. Allí mismo se vende una serie de tomos de 'Historia de Méjico', de Niceto de Zamacois, en 45 mil pesos.

Cruz explica que un libro antiguo no siempre es el más caro. Hay títulos del siglo XVI que, en ocasiones, son más baratos que algunas novelas contemporáneas. Por ejemplo: una primera edición de Pablo Neruda tiene un precio aproximado de 6 mil dólares.

“En otros países sí se tiene muy bien identificados a los coleccionistas, pero aquí muchos prefieren mantener un bajo perfil por razones de seguridad. Incluso nuestros clientes usan intermediarios. Nos enteramos quién es el verdadero comprador hasta que vemos su nombre en la tarjeta de crédito”, comparte López. En las subastas sucede algo similar: la mayoría de los clientes pujan en ausencia.

Además, es imposible definir un perfil de coleccionista, asegura López, quien entre sus clientes cuenta con escritores, abogados, notarios e investigadores. Su padre abasteció la biblioteca del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. También fue su familia la que conformó la biblioteca del Colegio Nacional y le vendió libros a autores como Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco.

“Hay colecciones muy bonitas en los fondos reservados de la Universidad Iberoamericana, el Colegio de México y la Biblioteca Nacional. Ha pasado que los investigadores se llevan los libros, nunca los regresan y luego la institución debe darlos por perdidos”, comparte.

El mundo, dijo Umberto Eco, está lleno de libros preciosos que nadie lee. O mejor dicho: que casi nadie lee.