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The Trump show

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se inicia bajo un clima de tensión con Hollywood. Expertos advierten que hoy el magnate no tiene ninguna razón para perseguir a nadie, sólo su desprecio a un gremio ampliamente demócrata que rechaza sus ideas xenófobas.
Eduardo Bautista
18 enero 2017 22:2 Última actualización 19 enero 2017 5:0
El discurso de Meryl Streep en la pasada entrega de los Globos de Oro demuestra que Hollywood no está con los republicanos. (Óscar Castro)

El discurso de Meryl Streep en la pasada entrega de los Globos de Oro demuestra que Hollywood no está con los republicanos. (Óscar Castro)

¡Hasta qué punto tolerará Donald Trump, como presidente en funciones, las críticas de Hollywood? La preocupación en el gremio de La Meca del Cine no es baladí.

El macartismo –la persecución anticomunista impulsada por el senador Joseph McCarthy entre 1947 y 1952– fue implacable contra sus opositores, aunque fuesen celebridades. La amenaza soviética era el pretexto.

Pese al antecedente de represión hacia los artistas disidentes, expertos consultados por El Financiero advierten que hoy el magnate no tiene ninguna razón para perseguir a nadie; sólo su desprecio a un gremio ampliamente demócrata que rechaza sus ideas xenófobas. Es muy complicado que Trump emprenda procesos judiciales como en aquellos años; todo, dicen, seguirá siendo un show de tuits y comentarios al aire.

“No creo que lleguemos a los niveles del macartismo. La relación de Trump con las agencias de inteligencia es deficiente. Y eso es algo que nunca se había visto en la historia de Estados Unidos. Sus ataques, que seguramente seguirán, provocarán que Hollywood se vuelva una industria aún más plural, y eso beneficiará a los demócratas”, considera el internacionalista Rafael Fernández de Castro.

Leonardo García Tsao, exdirector de la Cineteca Nacional, coincide: “el cine se inclinará por la sátira y la parodia política, y eso es algo que saben hacer muy bien en Hollywood”.

La sombra macartista sigue en Los Ángeles, aunque ya bastante desdibujada. El hecho de que Trump esté peleado con las agencias de inteligencia disminuye el riesgo de una cacería de brujas, dice Fernández de Castro. La CIA le ha pedido al magnate medir sus comentarios en Twitter, donde ha llamado “lacaya de Clinton” a Meryl Streep o “tipo sin gracia” a Alec Baldwin, su imitador estrella. El mismo organismo concluyó recientemente que Trump ganó las elecciones con la ayuda de Rusia.

En las listas negras de los años 50 figuraban nombres como Charles Chaplin, quien vivió exiliado en Suiza hasta el día de su muerte por el acoso del FBI, o Dalton Trumbo, el guionista de Espartaco (1960) que fue encarcelado por 10 meses.“En aquellos años existía un miedo real a la represión. Hoy el gremio se siente mucho más seguro”, afirma la crítica de cine Fernanda Solórzano.

Aunque nunca fueron públicas, las listas negras de Hollywood alcanzaron hasta 300 nombres, según Hollywood’s Blacklists (2008), de Reynold Humphries. Fue una cacería de brujas sin sustento jurídico que tuvo sus orígenes –al menos en el cine– en 1934, cuando entró en vigor el Código Hays, que obligaba a los productores a realizar películas que promovieran los valores tradicionales del país. Dolores del Río fue investigada por esta razón; al gobierno no le agradó que asistiera a una función en California de ¡Que viva México!, del ruso Sergei M. Eisenstein.

¿HOLLYWOOD... EXCLUYENTE?
La de California siempre ha sido una industria politizada. Antes que presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan fue vaquero de westerns. No es extraño que hoy los protagonistas de la oposición contra Trump sean estrellas como Robert De Niro, quien ha expresado sus deseos de golpear al magnate.

En la Unión Americana está permitido que las celebridades financien campañas políticas. El año pasado, con la ayuda de DreamWorks, George Clooney organizó una fiesta con el fin de recaudar fondos para Hillary Clinton.

El discurso ofrecido por Meryl Streep en la pasada entrega de los Globos de Oro demuestra que Hollywood –en su mayoría– no está con los republicanos. Sin embargo, una frase de la actriz generó gran polémica: “Hollywood está lleno de extranjeros y, si nos echan a todos, no tendrán nada que ver excepto futbol americano y artes marciales mixtas, y eso no es arte”.

“El comentario excluye a la clase obrera blanca de Estados Unidos, la misma que no está de acuerdo con la superioridad moral del Partido Demócrata, que votó por Trump y que se siente excluida por la élite cultural”, sostiene Solórzano.

La semana pasada, un grupo de 21 actores protagonizó un video contra Trump en el que cantan I Will Survive, de Gloria Gaynor. Al crítico de cine Daniel Krauze le parece que esta acción sólo favorece la polarización de la sociedad estadounidense. “Hollywood se ha politizado de una manera equivocada. El video es simpático, pero exacerba las opiniones más oscuras de los votantes republicanos, quienes siempre han visto en las estrellas de cine a la élite que tanto critican”.

El director Michael Moore encabezará la marcha que se realizará hoy frente a la Torre Trump en Nueva York. Madonna ha convocado a otra para el sábado en Washington D.C., a la que también asistirán Katy Perry, Scarlett Johansson y Amy Schumer, entre otras.

Durante el macartismo, Hollywood se dividió en dos grandes grupos: el Comité de la Primera Enmienda, compuesto, entre decenas, por Humphrey Bogart, Henry Fonda y Kirk Douglas; y el grupo que colaboró con el Comité de Actividades Antiestadounidenses, conformado por Walt Disney, Gary Cooper y Ronald Reagan. Los expertos no creen que vuelva a existir una división similar.

“En Hollywood siempre han convivido liberales y conservadores. Sería un error enorme si el gobierno de Trump aplica la censura en el país de la libertad”, asegura García Tsao.