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The Revenant merece un templo: González Iñárritu

Alejandro González Iñárritu considera que su más reciente cinta está lejos de cualquier género. "La película es un comentario sobre cómo esa época, que ha sido pintada como del individualismo, como el heroico sueño americano, fue en realidad una historia de enorme codicia, de increíble explotación", afirma el cineasta.
Financial Times
03 enero 2016 21:37 Última actualización 04 enero 2016 10:24
"Somos los únicos seres en el planeta Tierra que quieren verse en el espejo", dice el cineasta mexicano. (AP)

"Somos los únicos seres en el planeta Tierra que quieren verse en el espejo", dice el cineasta mexicano. (AP)

“¿Por qué no podemos confiar en que la gente pueda tener una increíble, espectacular y emocionante montaña rusa, pero respetando su inteligencia?”, se pregunta Alejandro González Iñárritu en alusión a los éxitos de taquilla actuales. “¿Por qué las grandes producciones tienen que ser sobre nada?, ¿por qué tienen que quitarle cualquier inteligencia o humanidad o verdad?, ¿por qué?, ¿por qué?”, continúa el director mexicano de 52 años y una desordenada melena de rizos negros, mientras levanta las manos con exasperación.

Es el mismo hombre que el año pasado se refirió a las películas de superhéroes como una forma de “genocidio cultural” y poco después estrenó Birdman, que ridiculizaba tanto el género como la vanidad del establishment del cine estadounidense. Una cinta que, en un giro irónico, ganó el Oscar a Mejor director y Mejor película.

Un año más tarde, sentado en un sofá, en una oscura y suntuosa habitación de hotel en el distrito londinense de Covent Garden, describe la película que está promoviendo, The Revenant, como “un gran mural”. Y es precisamente eso: una historia épica, desgarradora y violenta, protagonizada por Leonardo DiCaprio e inspirada en varios relatos históricos de Hugh Glass, un cazador de pieles del siglo XIX que fue brutalmente herido por un oso y dado por muerto.

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The Revenant

Con una duración de 156 minutos y un presupuesto elefantino que ascendió a 135 millones de dólares, es una pieza ambiciosa. De hecho, González Iñárritu comenta en algún momento: “Esta película merece ser vista en un templo”.

Pero la cinta, ambientada en la frontera estadounidense y en buena parte a caballo, no es un western, advierte. “El western es en cierto modo un género, y el problema con los géneros es que vienen de la palabra ‘genérico’, y creo que esta película está muy lejos de lo genérico”. Además, dice, riendo: “No hay sombreros. ¿Qué dices a eso?”.

INFIERNO EN LA NIEVE
En julio, Hollywood Reporter publicó un artículo en el que un miembro del equipo de The Revenant describió el rodaje, que tuvo lugar en Canadá a temperaturas tan bajas como menos 40 grados centígrados y a las 4 de la madrugada para captar la limitada luz natural, como “un infierno”. Cuando se le pregunta si hay algo de cierto en los rumores de que los trozos de hielo en la barba de DiCaprio eran reales, el cineasta se ríe y toma un sorbo de refresco. “A veces sí”.

Pero como era de esperar, no se disculpa por sus métodos de dirección. Las extremas condiciones “valían absolutamente la pena y eran absolutamente necesarias” para transmitir la verdad de la historia, sostiene. Incluso recuerda que mientras preparaba el rodaje buscó al director alemán Werner Herzog -célebre por su brutal representación de lo macabro-, para que lo asesorara en cómo filmar en condiciones adversas.

“El frío es un estado de ánimo”, respondió Herzog. “No hay mal clima, sólo mala ropa”. Con una mirada ligeramente herzogiana, coincide: “Y la verdad es que es cierto, es un estado mental”.

Tal vez lo más notable de The Revenant es cuán diferente es de sus otras películas. Ha habido un cambio radical desde Birdman, en donde Michael Keaton interpreta a un actor fracasado debatiéndose en una angustia existencial, a las preocupaciones mortales bastante más inmediatas del cazador Glass encarnado por DiCaprio, que sobrevive a un ataque de oso y se ve obligado a dormir en el interior de un caballo muerto.

“Me gusta tratar de no repetirme, no hacer lo mismo”, comenta. Su relación con Estados Unidos, donde ha vivido durante los últimos 14 años, ha caracterizado gran parte de su obra. “Vivir en Estados Unidos como mexicano me dio una muy buena perspectiva”, dice. “Desde que era niño leía a Jack London y Conrad y Faulkner”. La influencia de estos autores es palpable en The Revenant, ambientada en vastos paisajes envolventes que tienen una distintiva cualidad salvaje. La película, dice, es “un comentario sobre cómo esa época que ha sido pintada como del individualismo, como el heroico sueño americano, fue en realidad una historia de enorme codicia, de increíble explotación de seres humanos”, señala refiriéndose a los cazadores que estuvieron involucrados en la comercialización del Nuevo Mundo. “Para mí, esta es la semilla del capitalismo que vivimos ahora: completamente desconsiderado de las consecuencias para la naturaleza”.

González Iñárritu ha sido también crítico con su patria adoptiva en los últimos años, pero no se considera un artista político. En lugar de subordinar sus opiniones políticas personales al arte, dice, “preferiría escribir una carta al periódico y expresar con claridad lo que quiero y no dedicar dos o tres años a hacer una película para decir lo que puedo decir en un artículo que me tomaría, acaso, un día”.

En noviembre, mientras era homenajeado en la fastuosa gala Lacma Art+Film en Los Ángeles, se dirigió al público en un discurso que llevaba una carga política ​​(propuso que los inmigrantes mexicanos declarados ilegales por Estados Unidos fueran considerados mejor como “soñadores indocumentados”), al tiempo que celebraba su arte. “Somos los únicos seres en el planeta Tierra que quieren verse en el espejo”, dice. “El cine es ese espejo”.