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A 75 años de su muerte, una última sesión con Freud

El actor personifica al sicoanalista en la puesta en escena "La última sesión de Freud". "Le doy gracias a Dios por este momento de mi vida, consagrada desde muy niño a la actuación". Eso sí, reconoce en el médico a un personaje de gran investidura.
Rosario Reyes
22 septiembre 2014 23:11 Última actualización 23 septiembre 2014 5:0
Para cumplir con el reto, Klainer se sometió a jornadas largas de entrenamiento. (Edgar López)

Para cumplir con el reto, Klainer se sometió a jornadas largas de entrenamiento. (Edgar López)

“Yo agradezco a Dios (y que no me oiga Sigmund Freud) por esta oportunidad”, dice Sergio Klainer, a propósito de su reciente montaje, en el que interpreta al doctor de la sospecha, esa búsqueda incansable de las motivacions inconscientes. Lo que otros llaman la “sicología desenmascaradora”.

Es el mejor regalo que pudo recibir -señala- para conmemorar los 52 años de su debut con María Teresa Montoya en el Teatro Experimental de Jalisco, con Los padres terribles, de Jean Cocteau. Está muy feliz.

Parece burlarse del hombre de ciencia al que interpreta. Insiste: “Le doy gracias a Dios por este momento de mi vida, consagrada desde muy niño a la actuación”. Eso sí, reconoce en Freud a un personaje de gran investidura, brillante intelectualmente, que ha dejado huella imborrable para la historia de la humanidad. Sostiene que en su corazón de actor el vienés dejará una huella imborrable.

La última sesión de Freud, bajo la dirección de José Caballero, es una forma de celebración por la vida de Freud, quien falleció el 23 de septiembre de 1939, en Londres, apenas 22 días después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En la obra, el autor de Moisés y la religión monoteísta debate con CS Lewis, autor de Las crónicas de Narnia sobre la importancia de Dios en un mundo atroz. En la realidad, Klainer se asume como guadalupano y se lía con el científico.

“Yo estoy convencido que Freud se murió sin cuestionarse la existencia de Dios”, asegura el intérprete de uno de los hombres que determinaron el rumbo del siglo XX. Se monta en la dramaturgia y recuerda el diálogo en el que el médico le asegura a su interlocutor que se matará antes de que el cáncer (ya muy avanzado) termine con él. Klainer, que se preparó durante meses para asumir el papel (todavía sigue investigando los detalles más intensos de la personalidad del doctor nacido en Moravia el 6 de mayo de 1856), admira el legado científico de Freud, pero sostiene que fuera del escenario no se puede identificar con su ateísmo.

La vida misma del autor de La interpretación de los sueños es teatral. La ironía del destino hizo que en el examen final del bachillerato le tocará traducir 33 versos del Edipo Rey de Sófocles. Sobra decir lo fundamental que fue aquel ejercicio en su obra. Por si fuera poco, Freud fue un gran admirador de la obra de William Shakespeare, al que, según quienes convivieron con él, siempre citó sin equivocarse.

Para cumplir con el reto, Klainer se sometió a jornadas largas de entrenamiento. “Fue un tour the force -cuenta- porque tratar de pensar, de sentir, de ver, hablar, vivir una vida tan plena y tan brillante, es todo un reto”. Para el actor fue algo maravilloso. Porque, además, el papel le permitió regresar al escenario. Y un personaje de esta naturaleza le dio la oportunidad de encaramarse en esa “cuna de ensueños”, a la que otros llaman teatro, y que es, sin duda, su gran vocación.

“No puedo asegurar, porque no lo conocí, desde luego, que él hablara de esta manera. Pero mucho de lo que él dice en la obra refleja su metodología, su filosofía y su actitud ante la vida. En cuanto al estudio de la psique, de la mente de los seres humanos, parece que realmente es Freud el que está hablando”, agrega.

Klainer tiene sus fronteras bien puestas ante el personaje. A diferencia de él, presume un fe inquebrantable y es un firme devoto. “Siento mucho respeto por el maestro Freud, pero me siento agradecido por hacer lo que me gusta y estar en esta tierra prometida interpretándolo”.