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culturas

Semana Santa: instrucciones para
seguir sus pistas

Gonzalo Balderas, catedrático de la carrera de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana, desentraña su significado. Lo más relevante de la liturgia ocurre durante el Triduo Pascual, que inicia el Jueves Santo con la celebración de la Última Cena.
Rosario Reyes
13 abril 2014 23:14 Última actualización 14 abril 2014 5:0
El periodo de 40 días llamado cuaresma culmina el Viernes Santo. Es la única fecha en la que no se celebra la Eucaristía.

El periodo de 40 días llamado cuaresma culmina el Viernes Santo. Es la única fecha en la que no se celebra la Eucaristía.

La Semana Santa es la máxima celebración de la religión católica, ya que en ella se recuerda no solo la pasión y muerte, sino la resurrección de Jesucristo. Se trata de una fiesta cuyos rituales se fundamentan en simbolismos respresentados en los Evangelios. Ya que para muchos -católicos y no católicos- éstos resultan crípticos, Gonzalo Balderas, catedrático de la carrera de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana, desentraña su significado.

La llamada Semana Mayor inicia con el Domingo de Ramos, cuando se celebra la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, donde una multitud lo vitorea: “¡Hosanna al hijo de David, Bendito el que viene en el nombre del Señor!”.

Esta festividad inicia pues, con una procesión en la que los fieles llevan consigo palmas de olivo que serán bendecidas en la ceremonia y que son un símbolo de alegría, pero también, según el Nuevo Testamento, representan el martirio.

“El mártir es representado con una palma en la mano que simboliza su condición de testigo de Jesús; que ha entregado su vida para testimoniar su fe”, explica Balderas. Cuando las personas llevan a su casa las palmas bendecidas durante la liturgia, añade, reafirman a Jesucristo como salvador.

“El conservar esas palmas es símbolo del reconocimiento de Jesús que es rey, pero no desde el poder, porque no entró a caballo, sino en un asno, para mostrar que es un rey humilde, que trae paz”.

El Lunes Santo se recuerda el episodio que despertó la ira de Jesús al encontrar a un grupo de comerciantes en el templo, a quienes ordenó respetarlo como lugar de culto. Al día siguiente, se conmemora el momento en que él mismo anuncia su muerte a sus discípulos, sabedor de la traición de Judas Iscariote, quien un día después lo entregó a cambio de 30 monedas, para que fuese enjuiciado por autoproclamarse como Mesías.

En el huerto de los olivos
El Jueves Santo el sagrario está vacío. Las cruces se cubren con paños morados, color que representa el tiempo de preparación y espera de la cuaresma iniciada semanas antes, el Miércoles de Ceniza.

En este día la misa se celebra en el Monumento, un lugar fuera del sagrario a donde los fieles oran con Jesús, como los discípulos lo hicieron en el Monte de los Olivos, antes de que su maestro fuese aprehendido por los guardias del sumo sacerdote.

“Van a hacer oración y a estar con Cristo en esa hora en que él va camino a su pasión y muerte”, explica el catedrático acerca del ritual que recuerda cómo Jesucristo se dirigió al huerto después de la última cena, “orando al Padre para que lo librase de esa muerte dolorosa”.

El Triduo Pascual
Lo más relevante de la liturgia de estas fechas ocurre durante el Triduo Pascual, que inicia el Jueves Santo con la celebración de la Última Cena -en la que Jesús compartió el pan y el vino con sus apóstoles- y el lavatorio de pies. En este día nació la Eucaristía.

“Eucaristía o misa son los nombres con los que se conoce el sacramento que Cristo instituyó antes de morir”, puntualiza Balderas. La ceremonia de compartir el pan y el vino con los fieles representa que “Cristo nos da como alimento su propia persona”, mientras que el vino simboliza su sangre derramada en la cruz.

El lavatorio de pies muestra que Jesús está en medio de los suyos como el que sirve, -dice Balderas- no como el que manda, es un ejemplo de humildad. Ese día el sacerdote se viste de blanco, color litúrgico que simboliza fiesta.

“Cristo se va al Padre, pero de alguna manera se queda entre los suyos en el sacramento de la Eucaristía; no es un día de luto, es un día de fiesta”, apunta.

El periodo de 40 días llamado cuaresma culmina el Viernes Santo. Es la única fecha en la que no se celebra la Eucaristía. El color rojo del atuendo sacerdotal evoca la sangre del martirio y la muerte de Cristo crucificado, a las tres de la tarde. Ese día se adora a la cruz, que, aclara el investigador, de ser un instrumento de muerte se convierte en uno de vida.

“A través de la cruz Cristo comunica la vida de Dios, la vida eterna”.
El Viernes Santo se conmemora la muerte de Jesús con la lectura de la "Biblia" y oración, por todo el mundo, por todas las iglesias cristianas y por todo el pueblo judío.

Es también el día en que se da el pésame a María, la madre del Pescador de hombres, a quien se venera como la Virgen de la Soledad, vestida de negro en señal de luto. Su imagen representa el dolor que inspira a tener fortaleza ante los propios sufrimientos de los fieles. En este día no se celebra la misa debido a que Jesucristo está en la tumba y los fieles esperan el día de la resurrección.

La noche del Sábado Santo (como es correcto llamarlo, no Sábado de Gloria, como se le conocía antiguamente, cuando la Eucaristía era en la mañana), se oficia la misa de Vigilia Pascual, que celebra la victoria de Cristo sobre la muerte.

La vigilia se hace a oscuras, para simbolizar que Jesús está en la tumba. En esta fecha, que acoge una de las ceremonias más extensas del catolicismo, algunos reciben el bautismo y la comunión. A lo largo de este día un cirio encendido es la única luz que alumbra los templos, y representa a Jesús resucitado a una hora no definida, precisa el profesor.

Dado que no existe un momento preciso para fijar el retorno a la vida de Jesús, el Domingo de Pascua la misa puede celebrarse en momentos diversos, de acuerdo al horario de cada iglesia. Sin embargo, advierte Balderas, la Eucaristía debe celebrarse “por lo menos a las 10 de la noche, para que a las 11 o 12 se esté en el momento cumbre de la celebración”, que es, entonces, la resurrección.

Los tres días importantes en esta celebración cristiana son pues, el Viernes y Sábado Santos -que son días de duelo y de la oscuridad del sepulcro-, así como el Domingo de Pascua. “Cuando Jesús sale victorioso del sepulcro, hay que esperar a la Vigilia Pascual, donde toda la Iglesia celebra al Cristo que resurge vivo”, concluye Balderas.