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¿Para qué pensar?... Por una filosofía contra la solemnidad 

Mientras la filosofía se mantiene marginal en el territorio de la academia, los tiempos piden a gritos la cercanía de los pensadores. Instaurado por la Unesco en 2005, cada tercer jueves de noviembre se celebra el Día Mundial de la Filosofía.
Rosario Reyes | Eduardo Bautista
16 noviembre 2016 21:56 Última actualización 17 noviembre 2016 5:0
Ante la inminencia de promover el pensamiento crítico, la tolerancia y la paz, desde 2005 la Unesco festeja el Día Mundial de la Filosofía. (Óscar Castro)

Ante la inminencia de promover el pensamiento crítico, la tolerancia y la paz, desde 2005 la Unesco festeja el Día Mundial de la Filosofía. (Óscar Castro)

Cuando Juan Villoro era niño, sus maestros organizaban la tradicional dinámica de preguntarles a los alumnos por la ocupación de sus padres. Él respondía, sin pena: “mi papá no hace mucho; se la pasa pensando todo el día”.

Quizás no haya momento más oportuno para preguntarse sobre la utilidad del pensamiento que hoy, el Día Mundial de la Filosofía, instaurado por la Unesco en 2005 para celebrarse cada tercer jueves de noviembre.

Con el paso de los siglos, la filosofía se ha convertido en una actividad marginal, refugiada en las academias, apartada del mundo real, aseguran en entrevista los filósofos Óscar de la Borbolla y Ernesto Priani.

Pensar filosóficamente, dicen los expertos, es la única manera de entender, acaso solucionar, tiempos tan aciagos como éstos, en los que se han caído uno por uno los grandes pilares del pensamiento occidental: la libertad, la democracia y la igualdad.

El triunfo de Donald Trump, el ascenso del conservadurismo europeo, la crisis humanitaria de los refugiados, los sentimientos de xenofobia y el auge del terrorismo son las alarmas que anuncian la necesidad de la mirada filosófica. “El hombre contemporáneo no dispone de mucho tiempo para pensar. La filosofía no ha cambiado a la misma velocidad que el mundo. Sin embargo, pensar nunca ha sido tan necesario como hoy”, afirma Priani.

“En 2016 observamos con claridad que no hay nada claro. Hace mucho que no vivíamos momentos de tanta incertidumbre. No tenemos la seguridad de que las ideas que hemos construido durante tantos años hoy nos sirvan para entender el presente”, añade el profesor de la UNAM.

Para René Descartes pensar era la tarea primaria de la civilización; una sociedad con más filósofos, decía, es una sociedad más civilizada. Cicerón aseguraba que aquéllos existían para hacer la vida más feliz. Y Aristóteles sostenía que la única manera de hacer filosofía era a través de la especulación.

“Al filósofo le corresponde analizar si los conceptos que usamos para nuestra vida personal y colectiva son consistentes y adecuados. Su tarea es poner en revisión al hombre para apoyar la ley, la medicina o la tecnología”, advierte Priani. “Revisitar a Rousseau es fundamental para entender qué está fallando en la democracia, cuyos supuestos hemos dado como válidos durante mucho tiempo, pero a lo mejor ya no se están cumpliendo”.

La filosofía se ha refugiado en las aulas universitarias, observa De la Borbolla. En México, 14 mil estudiantes integran la matrícula de esa licenciatura en la UNAM. “Se ha alejado del mundo y se ha enclavado en un lenguaje que de autistas. Su sentido social se ha perdido en lumbreras actuales como Lyotard o Derrida”, agrega el autor de Filosofía para inconformes, El futuro no será de nadie y Dios sí juega a los dados.

El profesor de la Universidad de Pensilvania, Robert Frodeman, explica en un artículo publicado en The New York Times que la filosofía se arrinconó en las academias en el siglo XIX a causa del veloz desarrollo de las ciencias sociales y el subsecuente desplazamiento de la aquélla. “Antes la filosofía no tenía un hogar; podían practicarla diplomáticos, abogados o pensionados”, destaca.

CONTRA LA SOLEMNIDAD
La utilidad de la filosofía depende de su capacidad para adaptarse a nuevas formas de difusión de las ideas, ya que -opina Priani-, aún mantiene un modelo de comunicación decimonónico, de cuando el hombre tenía mucho tiempo para pensar.“La filosofía ha sido cosa de libros gordos durante siglos, pero este momento ya no es para eso”, dice. Por ello, considera que quienes la ejercen deben adaptarse a las nuevas tecnologías. “Ser menos resolutivos y más provocadores”.

En el mundo de los 140 caracteres, hay que preguntarse qué lugar ocupan Platón, Schopenhauer o Gilles Lipovetsky -quien ha descrito la sociedad actual como la de la ligereza-. Nietzsche habita en Facebook en imágenes de autoayuda, la dialéctica marxista en frase rebelde y el socrático “yo sólo sé que no sé nada” invade los memes.

De la Borbolla señala la necesidad de que los filósofos abandonen la solemnidad y habiten espacios menos tradicionales, como las redes sociales. Si bien ser profesor universitario es no sólo válido, sino necesario, los tiempos piden a gritos la cercanía de los pensadores, advierte. “Si yo fuera Sócrates, me bajaría al Ágora, pero como soy Óscar, me meto al internet”.

HOY ES LA FIESTA
Ante la inminencia de promover el pensamiento crítico, la tolerancia y la paz, desde 2005 la Unesco festeja el Día Mundial de la Filosofía. Hoy, la Oficina de la Unesco en México, junto con la UNAM, realizarán una jornada de reflexiones y análisis, en el Auditorio del Seminario de Cultura Mexicana (Masaryk #526, Polanco).

La Universidad realizará, además, en la Casa de las Humanidades (Carranza 162, Coyoacán) una serie de mesas en las que se abordarán temas como La filosofía en la ficción, en la que se discutirán escenas de Game of Thrones, Matrix y How I Met your Mother. El programa se encuentra en www.filosoficas.unam.mx/sitio/dia-mundial-de-la-filosofia-2016.