AFTEROFFICE
CULTURAS

Ópera de Roma, en busca de salvar el espectáculo

El país del 'bel canto' busca salvar la crisis que padece el género al salir a las calles y poblados en un camión. El Ministerio de Cultura de Italia y el Ayuntamiento romano habían vacilado con una clausura integral del teatro. El mundo operístico se estremeció.
Eduardo Bautista
11 julio 2017 22:0 Última actualización 12 julio 2017 5:0
Ópera de Roma. (Especial)

Ópera de Roma. (Especial)

A esta disyuntiva tuvo que enfrentarse la Ópera de Roma, que hasta hace dos años vivía su peor crisis financiera con un déficit de 28 millones de euros, 182 artistas despedidos y conflictos sindicales. El Ministerio de Cultura de Italia y el Ayuntamiento romano vacilaron con una clausura integral del teatro. El mundo operístico se estremeció.

¿En verdad el país del bel canto, la tierra de Rossini, Donizetti, Verdi y Puccini estaba al borde del colapso? ¿Cerraría sus puertas uno de los teatros de ópera más emblemáticos de la historia?

No sucedió. Pero tampoco había muchas alternativas. Era renovarse o morir. Con menos personal y una deuda de 47 millones de euros —según Il Fatto Quotidiano— la Ópera de Roma tomó la decisión de trabajar en diversos proyectos para darle frescura a una escena tradicionalmente conservadora.

Una de esas iniciativas es OperaCamion, cuyo objetivo es llevar el llamado espectáculo sin límites a la gente que no puede pagar un boleto en el teatro, donde los precios oscilan entre el equivalente a 500 y 2 mil pesos. La Temporada de Verano de este año contempla Don Giovanni, de Mozart, como nunca antes se había visto: en un autobús ambulante de dos pisos que pasará por las plazas públicas de diferentes pueblos italianos, con un montaje reducido a casi hora y media de duración -más digerible que las puestas en escena de la obra completa que se presentan en los recintos tradicionales-. La intención —dijo el director Fabio Cherstich a la agencia EFE— es renovar los públicos, una de las principales preocupaciones de la industria desde hace al menos una década.

“La ópera se ha ido alejando de su función de entretenimiento y reflexión para las masas”, aseguró Cherstich, quien ha manifestado su deseo de trasladar el espectáculo fuera de Italia. El sábado pasado se dio una función en Amatrice, uno de los pueblos devastados por un fuerte el terremoto en noviembre pasado.

Algunas de las reflexiones que hacen los directores —que se pueden leer en la página web de la Ópera de Roma— son las siguientes: ¿cómo puede triunfar el teatro operístico entre un público nuevo, plural y sin elitismos? ¿Cómo puede dejar de ser percibido como un evento inaccesible para convertirse en una opción viable de entretenimiento inteligente?

“Se sigue creyendo que la ópera es para las élites, y eso nos impide conquistar públicos neófitos, a quienes, por culpa de los prejuicios, no se les permite alcanzar una verdadera comunión con el intercambio cultural que ofrece la ópera. Es positivo que se realicen este tipo de proyectos, aunque no sepamos si van a funcionar o no”, considera la soprano mexicana Olivia Gorra.

Si en verdad se quiere llegar a nuevos públicos, señala el pianista mexicano Abdiel Vázquez, las temporadas deben diversificarse e incluir óperas tradicionales y obras de compositores contemporáneos.

“Debemos modernizar la escena y darle oportunidad a talentos jóvenes. Muchas veces los presupuestos se inflan porque las casas de ópera se empeñan en contratar superestrellas. No por contratar nuevos cantantes se descuida la calidad. Se pueden trasladar las grandes óperas de siglos anteriores a nuestro tiempo para ahorrar dinero en el vestuario. Eso es algo que ha hecho Europa muy inteligentemente”, comenta este músico de 32 años, quien debutará como director concertador de ópera el 12 de agosto en el Dicapo Opera Theater de Nueva York, donde presentará La Flauta Mágica, de Mozart.

En México, afirma, se debe seguir el ejemplo de Roma: que la Ópera de Bellas Artes haga versiones reducidas en ensamble y duración para volver más asequible el espectáculo. Pero sobre todo, dice, se deben ofrecer funciones en español, y no en italiano, porque el supertitulaje limita las posibilidades de que la ópera llegue a todos los estratos sociales. Antes, explica, así era: los estrenos se presentaban en la lengua de los países a los que llegaban. “Ya se ha hecho en algunas ocasiones, pero han sido proyectos aislados. No tenemos una dependencia que los articule de manera integral”, agrega Gorra.

¿POR QUÉ LA CRISIS?
Más allá de los altos costos de producción o la escasez de público, la decadencia financiera de la industria operística está relacionada con la crisis de los Estados, quienes aplican cada vez más medidas de austeridad a sus funciones, como la promoción cultural, asegura la politóloga alemana Sarah Zalfen.

No es raro que las mayores crisis —observa en From State Opera to Multilevel Opera Business (2015)— ocurran en los teatros europeos, los más acostumbrados a los amplios aportes estatales de antaño. “La edad de oro de la ópera también fue la edad de oro del Estado”, sostiene.

Según el sociólogo Pierre Bourdieu, durante el siglo XX los países que tuvieron gobiernos totalitarios —Alemania, Rusia o Italia— tomaron el monopolio de la creación, gestión y difusión artística para construir realidades acordes a sus fines ideológicos. Así ocurrió, en diferentes contextos, hasta la década de 1990, cuando el neoliberalismo entró en escena y, con ello, la iniciativa privada ganó terreno en las industrias creativas.

Estados Unidos entendió este cambio mejor que nadie. “Aquí no se depende de los fondos públicos, sino de los patrocinios privados o las donaciones de la gente que ama la ópera”, comenta Vázquez, cuyo montaje fue financiado de esta manera.

“En Europa hay una demanda y una oferta permanente: cuando acaban las temporadas siempre hay festivales dedicados a Wagner o a Rossini. Lo que vivimos es un desfase entre las nuevas propuestas escénicas y los públicos tradicionales, que se escandalizan con las interpretaciones contemporáneas, en las que incluso hay desnudos que no están en el libreto original. Alemania va a la vanguardia en este tema”, explica el editor de la revista Pro Ópera, Charles Oppenheim.

Para 2017, el gobierno italiano le otorgó a la Ópera de Roma 39 millones 410 mil euros, casi la misma cantidad que el año anterior.

“En México la crisis lleva décadas y ha ido empeorando. La caída de los precios del petróleo ha disminuido la capacidad de apoyo del Estado. Si hace 30 años se presentaban 10 títulos con seis funciones al año, ahora se presentan seis títulos con 2 o 4 funciones. En el Met de Nueva York, la gran fábrica de ópera del mundo, ya no se venden arriba de 2 mil entradas, cuando el teatro tiene capacidad para 4 mil”, concluye el bajo.