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Nuria, la atleta que gana en la piscina y el aula

A punto de la maestría, la nadadora de sincronizado lucha por el podio olímpico. En un país donde la mayoría de los atletas carece de estudios, Nuria Diosdado es maestra en mercadotecnia por la Universidad Anáhuac. 
Eduardo Bautista
14 abril 2016 23:9 Última actualización 15 abril 2016 5:0
Las atletas de nado sincronizado entrenan de 6 a 8 horas diarias y corren 15 km a la semana. (Cortesía)

Las atletas de nado sincronizado entrenan de 6 a 8 horas diarias y corren 15 km a la semana. (Cortesía)

Nuria Diosdado hace posible lo imposible. En un país donde la mayoría de los atletas carece de estudios, ella es maestra en mercadotecnia por la Universidad Anáhuac. Es también la quinta mejor del mundo en nado sincronizado. En su cabeza, por ahora, sólo existen tres palabras: Río de Janeiro.

Junto con Karem Achah, la jalisciense de 25 años anhela colgarse una medalla olímpica. La ha buscado toda su vida. Desde los cinco años, para ser exactos. Han sido dos décadas de disciplina, perseverancia, dolor y frustración. Cuando era niña sólo le gustaba “chapotear” en el agua; hoy busca la misma gloria de la Niké y del olivo.

Confiesa que el nado sincronizado, ese de ballet en el agua, es su mayor pasión. No le importa que deba cumplir un régimen disciplinario digno de las milicias: dietas rigurosas, entrenamientos diarios, preparación física exhaustiva, clases de ballet, jogging e injusticias de los jueces...

Nada la ha alejado de su camino, ni siquiera la muerte de su abuelo en 2007, hecho que considera como “el más difícil” de su vida. Sobre todo porque fue un deceso repentino y ella se encontraba en la Ciudad de México, a miles de kilómetros de Guadalajara, en donde nació. Tenía 17 años y dos de haberse integrado al selectivo nacional.

“Pese a todo sigo aquí. No tuve el tiempo necesario para digerir el fallecimiento de mi abuelo. Fue un acontecimiento que me afectó mucho. Pensé en abandonarlo todo. Es algo que le pasa por la mente a todos los atletas. Se cree que siempre estamos motivados, pero la realidad es que nosotros también tenemos días buenos y días malos”, comparte Diosdado.

La sombra del dopaje también la ha acechado. En 2010 dio positivo por clembuterol a pocos días de que concluyeran los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo. Los seis oros que ganó le fueron retirados. Estuvo un año fuera de competencia.

“Creí que mi carrera estaba terminada, y todo por un medicamento que había consumido. En aquel entonces había escasa información para los deportistas y muy poco cuidado de parte de los médicos. En el dopaje no toda la responsabilidad puede caer sobre el atleta”, dice.

El sincronizado es un deporte de élite; las reglas que lo rigen son tan firmes como el temple de quienes lo practican. Aquí, la chica que comienza a los nueve años ya es considerada mayor, señala Diosdado.
Además, dice, se deben cumplir ciertos requisitos fisionómicos: cuerpo esbelto y elasticidad absoluta. Nada de espaldas anchas o carne fuera de su lugar.

“Debemos tener una figura fitness: que se note la masa muscular pero de forma estética. Es muy complicado lograr ese cuerpo. A final de cuentas el nado sincronizado es un deporte de apreciación artística; dependemos de los jueces en todo momento”, señala.

Ella nada tres kilómetros diarios y corre 15 a la semana. Duerme muy poco: seis horas o menos. Todo depende de qué tan ajetreado sea el día. La semana pasada concluyó su maestría. No oculta su felicidad. Una de las condiciones que le puso su familia para ser atleta es que nunca dejara de estudiar.

“Toda la carrera y la maestría la hice de siete a 10 de la noche. Los atletas de alto rendimiento debemos saber que no siempre vamos a vivir del deporte, y que en algún momento el cuerpo se acaba y el cerebro debe seguir funcionando. Siempre es sano para el atleta tener otro círculo social”, asegura.

Diosdado está lista para Río: “Sé que allá tendré tres minutos para ganarlo o perderlo todo”.