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Nowhere Man: Lennon, a 35 años de su muerte

Hace 35 años un hombre se acercó a John Lennon para que le firmara un disco. "¿Es todo lo que quieres?", le preguntó el artista. Mark David Chapman aseguró que en ese momento, el músico supo que estaba viendo los ojos de su asesino.
Myrna I. Martínez
07 diciembre 2015 21:47 Última actualización 08 diciembre 2015 8:50
ME. Lennon, las guitarras no callan 35 años después.

ME. Lennon, las guitarras no callan 35 años después.

A 35 años de la muerte de John Lennon, la artista Yoko Ono sigue viviendo en el edificio Dakota, temerosa de que algún día liberen al “loco” que mató a su esposo. Las recientes declaraciones de Ono a The Daily Beast son contundentes: “Pienso que si lo hizo una vez, se lo puede a hacer a alguien más, puedo ser yo, puede ser Sean, puede ser cualquiera; ésa es mi preocupación”.

Mark David Chapman fue sentenciado a cadena perpetua con la posibilidad de solicitar su liberación después de 20 años, la cual ya se le ha negado en ocho ocasiones. La última fue en 2014. La razón es simple: otorgarle la libertad sería incompatible con el bienestar de la sociedad.

Alrededor de la muerte del autor de Nowhere Man -pieza de 1966 que escribió pensando en sí mismo- se ha llegado a hablar de una teoría de la conspiración por su activismo a favor de la la paz -el expresidente Nixon, por ejemplo, se oponía a darle la Green Card, que le daría la nacionalidad estadounidense-. La verdad es que Chapman actuó solo. “Para ser famoso”, aseguró.

El 8 de diciembre de 1980 fue un día ocupado para la pareja. Un mes antes, lanzaron a dúo el álbum Double Fantasy, el primero en cinco años, y estaban dedicados a su promoción. Salieron del edificio Dakota a desayunar a su lugar favorito, La Fortuna. No contaban con seguridad. Les gustaba vivir en Nueva York porque podían pasear tranquilamente. Regresaron poco antes de las 11 para la emblemática sesión de fotos de la portada de enero de la revista Rolling Stone, donde Lennon aparece desnudo abrazando a Ono.

A esa misma hora afuera del edificio Dakota, dos fans platicaban: el fotógrafo amateur Paul Goresh, a quien John le había prometido autografiarle el libro A Spaniard in the works, y un tipo de Hawaii llamado Mark, quien sostenía el Double Fantasy en la mano, y en las bolsas del abrigo guardaba una copia de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger y un revólver calibre 38.

Goresh dice en el documental The Day John Lennon Died, que cuando le preguntó a Mark en dónde se estaba hospedando, se tornó agresivo y le atajó: “¿Por qué quieres saber?”. Después se disculpó y le dijo: “Estás en Nueva York, no se sabe en quién puedes confiar en estos días”.

Antes de la una de la tarde llegó Dave Sholin, de la estación RKO de San Francisco, a realizarle lo que sería su última entrevista. En ella, Lennon dice que consideraba su trabajo como una gran pieza que estaría terminada hasta que estuviera muerto y enterrado: “Espero que sea en mucho tiempo”. Unas horas después, salieron del edificio Dakota para dirigirse a Record Plant, en donde grabaría la guitarra de la canción Walking on thin ice, del próximo disco de Ono.

Antes de subirse a la limusina, el músico se puso a charlar con Goresh. En ese momento se acercó Mark y le puso enfrente el disco que llevaba. Lennon le preguntó si quería que lo firmara y él sólo asintió con la cabeza. “Is this all you want?” (¿Es todo lo que quieres?), le interrogó. Goresh fotografió ese momento.

La pareja regresó a casa pasadas las 10 de la noche. Ono ingresó al edificio; al pasar su marido, Chapman le llamó: “¡Mr. Lennon!”, y –mientras una voz en su cabeza le decía: “hazlo, hazlo, hazlo”- le disparó cinco veces, por la espalda. Una de las balas impactó en un vidrio del edificio.

Dos policías llevaron al exBeatle al hospital Roosevelt. Los esfuerzos del doctor, quien masajeó su corazón con las manos, fueron inútiles. Falleció alrededor de las 23:15 horas.

En una entrevista realizada en 1992 por Larry King, Chapman dijo que el artista supo en ese momento que estaba viendo los ojos de su asesino. En sus cambiantes declaraciones, la constante es que quería ser famoso. En una audiencia dijo que estaba entre matar a Lennon, Paul McCartney, Elizabeth Taylor o Ronald Reagan. Ahora el asesino de 60 años de edad se muestra más arrepentido y pide el perdón.

“En ese tiempo no estaba pensando en nadie más, sólo en mí”, dijo el año pasado durante la última audiencia para solicitar su libertad. ”Siento haber causado ese dolor. Siento haber sido un idiota y escoger el camino erróneo a la gloria”. La esposa de Chapman declaró al Daily Mail que reza para que Jesús entre al corazón de Yoko y encuentre su perdón.