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Mario Vargas Llosa rejuvenece

Hoy, Mario Vargas Llosa cumple 80 años. En plena senectud publica ensayos y artículos. Celebra el fin de los populismos latinoamericanos y critica a Europa por su frío recibimiento a los refugiados sirios. Además actúa.
Eduardo Bautista
27 marzo 2016 21:30 Última actualización 28 marzo 2016 5:0
Vargas Llosa comenzó 2016 arriba del escenario como protagonista de Los cuentos de la peste. (Especial)

Vargas Llosa comenzó 2016 arriba del escenario como protagonista de Los cuentos de la peste. (Especial)

Mario Vargas Llosa seguramente le vendió su alma al diablo.
Eso es lo que piensa el escritor Julio Patán después de leer su novela más reciente, Cinco esquinas.

¿O cómo explicarse tanta energía e irreverencia en un autor octogenario? La mefistofélica sospecha no se da en solitario. Ricardo Cayuela, el editor en México de Alfaguara, sello que publica el texto, se pregunta lo mismo.

“Si me dijeran que ésta es la obra de la nueva promesa de la literatura peruana, la leería con asombro y fascinación sin dudarlo un solo segundo”, dice Cayuela.

Hoy, Mario Vargas Llosa cumple 80 años. En plena senectud publica ensayos y artículos. Celebra el fin de los populismos latinoamericanos y critica a Europa por su frío recibimiento a los refugiados sirios. Además actúa. Comenzó 2016 arriba del escenario como protagonista de Los cuentos de la peste, una puesta en escena que él mismo escribió.

Ni qué decir de su romance con la ex modelo Isabel Preysler, que ha encendido el lanzamiento de su nueva novela, en la que el autor de Pantaleón y las visitadoras vuelve a su narrativa más erótica. En ella la lectura se inflama desde el inicio: una mujer descubre que desea sexualmente a su amiga. Ambas tienen marido. Afuera, el terrorismo comunista invade las calles de Lima.

“Me sorprende la vitalidad narrativa que mantiene. Es muy difícil escribir bien sobre sexo porque se cae fácilmente en lo banal, lo pornográfico o lo ridículo. Yo reto a cualquiera a no entusiasmarse con las primeras 10 páginas”, comenta Cayuela.

Con Cinco esquinas –explica Patán– el Nobel de Literatura regresa a un registro narrativo del que muchos de sus lectores se habían olvidado: la sátira. “Tiene una gran socarronería para retratar a la alta sociedad peruana. Es un autor muy provocador y bastante cáustico en lo que tiene que ver con la sexualidad”.

Patán atribuye el vigor de su pluma a una curiosidad permanente. “Es un hombre con un cerebro muy inquieto; siempre tiene esa necesidad por querer interpretar lo que le rodea. ¡En 2003 se fue a Irak casi a reportear!”.

DISCIPLINA FÉRREA
Hemingway se ufanaba de ser un indisciplinado. Mujeriego y bebedor, pertenecía a esa clase de escritores que huyen de las rutinas. Vargas Llosa no es así; nunca lo ha sido. Él se ha formado a base de horas de estudio y trabajo constante.

“Su secreto es la absoluta disciplina. Su faena de todos los días es el escritorio y la página en blanco.”, comparte Cayuela.

“Sabemos que no tiene ese aura de romanticismo tan frecuente en muchos escritores. No es bebedor, bohemio ni adicto a la drogas. Se ejercita, descansa y se va de retiro todos los veranos para relajarse. Me da la sensación de que todo en su vida está al servicio de escribir”, agrega Patán.

La empresaria peruana Ingrid Yrivarren –organizadora del Festival Internacional Viva Perú– conoce bien a Vargas Llosa. Es su amiga desde hace varios años. Lo ha traído a México como actor en varias obras. Una de ellas fue Las mil noches y una noche, presentada en 2011 en el Palacio de Bellas Artes.

“El teatro es una de sus pasiones. Tiene una gran facilidad para desenvolverse en escena. Pero lo más loable es su valentía. No cualquiera se sube al escenario con un nombre ya hecho. Pero así es él: siempre ha tenido una necesidad incesante por reinventarse”, dice Yrivarren.

Aunque es la figura intelectual más reconocida de su país y el último integrante vivo del boom latinoamericano, no es engreído, sostiene la empresaria. “Es un hombre generoso con los posibles nuevos talentos. Soy testigo de que sí lee todos los textos que le mandan. Siempre ha tenido esa voracidad por conocerlo todo. Ama las conversaciones y el buen humor”.

La literatura de Vargas Llosa –dice Cayuela– es una cartografía del Perú, tierra de la que se ha separado y reconciliado constantemente. Incluso fue candidato presidencial en 1990.

En Cinco esquinas regresa a Lima, una ciudad en la que sufrió los maltratos de su padre alcohólico, quien lo golpeaba y lo llamaba “chico mimado”, según cuenta él mismo en su libro autobiográfico El pez en el agua (1993).

Se niega a caer en el letargo. Hace dos semanas sentenció: “No voy a dejar que el Nobel me convierta en una estatua”. Y desde 2010 ha publicado tres novelas, un cuento infantil, una obra de teatro, un ensayo e infinidad de artículos.

También le dijo al Huffington Post: “Quiero seguir vivo. Voy a ser curioso, voy a estar lleno de proyectos, fantasías e ilusiones; voy a seguir metiendo la pata si es necesario. Y creo haberlo conseguido. Porque es verdad, en la mente de la gente la idea del Nobel es: ‘ese señor ya se acabó, ya no va a hacer nada más’. Yo voy a esforzarme por seguir vivo hasta el final; es lo que debemos hacer todos: no morirnos en vida”.

Sus palabras ya son realidad.