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Los Ángeles Negros: el romanticismo los salvó de la dictadura

En 1967, época de revueltas sociales y estudiantiles, de dictaduras y guerras y del movimiento hippie, cuatro compañeros de una escuela en el poblado de San Carlos comenzaron a tocar a manera de juego, sin tener conocimientos, para tratar de conseguir novias.
Myrna I. Martínez
15 junio 2015 22:53 Última actualización 16 junio 2015 5:0
El próximo año planean realizar su disco 32 con canciones inéditas. (Braulio Tenorio)

El próximo año planean realizar su disco 32 con canciones inéditas. (Braulio Tenorio)

La agrupación chilena-mexicana Los Ángeles Negros desde sus inicios optó por ondear un estandarte democrático, universal y apolítico, el del romanticismo. Quizás es por eso que su música ha sobrevivido 47 años y sigue cautivando a los jóvenes. Mañana seguirá con su objetivo de sublimar el amor en el Auditorio Nacional.

En 1967, época de revueltas sociales y estudiantiles, de dictaduras y guerras y del movimiento hippie, cuatro compañeros de una escuela en el poblado de San Carlos comenzaron a tocar a manera de juego, sin tener conocimientos, para tratar de conseguir novias. Se lo fueron tomando en serio. Según su fundador, Mario Gutiérrez, se aventuraron como si hubieran querido lanzar un cohete a Júpiter y despegaron.

A pesar de escuchar a los Beatles y que en las calles chilenas todos estaban involucrados en el peace & love, Los Ángeles Negros se acercaron más al bolero y a la balada, su primer vocalista, Germain de la Fuente, se influenció de Yaco Monti y Lucho Barrios, introdujeron un órgano y juntos encontraron su propio estilo alejados de la revolución social.

“Fue un poquito irresponsable, porque sí veíamos las noticias pero nos hacíamos a un lado, sí se hablaba de dictadores por aquí, por allá, fue un momento en el que en la escuela tratamos de aislarnos y dedicarnos a lo nuestro, y nuestra rebeldía era tratar de fugarnos. La política era muy conflictiva en esos años, dividió muchos hogares en donde el papá era de izquierda, la mamá de derecha y las comidas eran de pleitos; la política estaba ensuciándonos el lado familiar. En una parte era irresponsable para la sociedad, pero éramos responsables con nosotros mismos, buscamos la felicidad a través de la música”, recuerda Gutiérrez.

Mientras Los Ángeles Negros ya eran conocidos en toda Latinoamérica por sus canciones románticas Y volveré, Murió la flor, Debut y despedida o Déjenme si estoy llorando, Augusto Pinochet realizó en 1973 el golpe militar para derrocar al presidente Salvador Allende e iniciar una salvaje dictadura. Dice el músico que, como su bandera el amor, el grupo no se vio afectado por la censura.

“Hubo restricciones que crearon un movimiento de neo folclor de donde salieron grandes artistas, como Patricio Morán, Quelentaro, Inti Illimani, quienes mezclaron sonidos andinos; salió algo maravilloso de esa rebeldía”.

“Yo estaba al frente de la agrupación y siempre traté de no vincularme porque pensé que si cantaba canciones de juglar con las historias del pueblo iba a tener tendencia hacia la izquierda y el público de la derecha me iba a rechazar. Y si cantaba por otro lado canciones elitistas, la gente del pueblo me iba a criticar. Por eso elegimos el amor, es muy democrático. No nos vinculamos y ganamos públicos de todas las esferas sociales y de todas las políticas”.

Antonio Saavedra, actual cantante de la agrupación, comenta a título personal su percepción sobre la censura durante la dictadura chilena.
“Hubo muchos artistas que lamentablemente murieron durante la dictadura, como Víctor Jara. Otros que fueron exiliados. Los que se dispersaron por distintas partes del mundo han enriquecido ahora el país, porque al terminar la dictadura regresaron llenos de sabiduría, del folclor de otros lugares”, sostiene.

Las canciones de Los Ángeles Negros, caracterizadas por el órgano retro y el wah-wah en la guitarra, han sido interpretadas por decenas de artistas de distintas generaciones, desde Raphael, José José, Celia Cruz, Los Tigres del Norte, Los Bunkers, Café Tacvba, El Gran Silencio hasta los Beastie Boys.

Su música, como dice el nombre de su último disco, No morirá jamás, ha logrado llegar a los jóvenes en parte gracias a la fórmula efectiva de hacer duetos con rockeros y poperos que les ha permitido tocar recientemente en el Vive Latino y en Cumbre Tajín. El álbum, producido por los hermanos Durán del grupo chileno Los Bunkers, cuenta con la participación de Juanes, David Bisbal, Julieta Venegas, Raphael, Ana Tijoux, Café Tacvba, entre otros.

A Mario Gutiérrez esta fórmula neokistch, probada con éxito también por Los Ángeles Azules, le parece muy bonita, de hecho ellos participaron anteriormente en el tributo a Caifanes con el tema Antes de que nos olviden. Pero no piensan quedarse instalados en la nostalgia y viviendo de los éxitos del pasado. El próximo año planean realizar su disco 32 con canciones inéditas.

Guitérrez asegura que la verdadera fórmula la está generando la época actual. La globalización -afirma- hace mucho que transformó la música . “La gente es cada vez más exigente y todos estamos tratando de entregarle al público cada vez más en virtud de la exigencia, creo que es una licencia muy actual, en la cual muchos artistas estamos haciendo covers de uno mismo o de otros, puede ser una época, pero creo que está funcionando satisfactoriamente, por ahora”.

Según él, la juventud siempre ha sido su foco de atención. Ahora más porque es la principal consumidora de discos. Sus padres, se aventura, se han quedado en el pasado. La diferencia, desde su forma de verlo, es que los jóvenes se siguen disponiendo a lo nuevo; sus padres ya no.

Los Ángeles Negros, actualmente conformados por músicos mexicanos y chilenos, notan que el lenguaje con el que se comunican los muchachos de hoy es cada vez más frío. “El enamoramiento se ha vuelto más pasivo y la agresividad más activa”. Juegan a creer que el romanticismo (“aunque suene para viejitos”) no ha muerto del todo. Al menos así lo sintieron cuando tocaron en el Vive Latino de este año.