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culturas

Literatura juvenil se hace mayor por el temor

Ya no hay temas prohibidos para las letras infantiles. Así lo asegura Olga Correa, editora de SM, sello educativo español con 20 años de presencia en México. Hablar de problemáticas sociales en la literatura es una tradición en América Latina, dice la escritora Nuria Santiago.
Rosario Reyes
08 noviembre 2015 20:37 Última actualización 09 noviembre 2015 5:0
Al leer historias cercanas a ellos, los niños encuentran una forma de identidad. (Especial)

Al leer historias cercanas a ellos, los niños encuentran una forma de identidad. (Especial)

Las desapariciones en Michoacán, la depresión, la discriminación, el divorcio de los padres o el deseo de desaparecer al hermanito. Ya no hay temas prohibidos para las letras infantiles. Así lo asegura Olga Correa, editora de SM, sello educativo español con 20 años de presencia en México.

“La literatura está ofreciendo temáticas distintas. En los últimos 10 años ha sido frecuente que los libros para niños consideren la realidad en la que estamos inmersos. Varias editoriales están tratando, por ejemplo, el secuestro”, afirma Correa.

No resulta extraño, pues, que este año hayan sido dos textos con temáticas fuertes los ganadores de los premios Barco de Vapor y Gran Angular, que otorgan Conaculta y Ediciones SM a propuestas literarias infantiles y juveniles, respectivamente.

En Olivia, el bosque y las estrellas -que se llevó el Barco de Vapor y se presentó el fin de semana en la Feria del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ)-, la paz del pueblo en el que vive una niña llamada Olivia se desvaneció con la llegada de los hombres armados al bosque. Su papá quiso alzar la voz contra ellos y ahora no aparece.

La autora de esta historia es Nuria Santiago, una profesora de primaria, radicada en Morelia. “¿Por qué las personas desaparecen?” , le preguntó un alumno en clase. Para responderle mejor, escribió el cuento.

“Hoy los niños se enteran de todo. Ya saben lo que está pasando y, si no estamos presentes para explicarles, es más fácil que se mal informen”, considera la maestra.

“Este libro surge a partir de las preguntas de ellos. Es la manera como tratamos en clase un conflicto en una comunidad de Michoacán, donde la gente, cansada de que se exploten sus recursos, decide organizarse y salvar su bosque”.

La escritora de libros infantiles Tamar Cohen ganó este año el premio Gran Angular con una historia de tintes autobiográficos sobre la depresión: El año terrible, que también se presentó en FILJ. Es su primer libro para adolescentes, pero ha publicado dos títulos infantiles con temas “oscuros”, como ella misma los define: el primero, de 2010, fue Papás bajo la lupa (2010), en el que los niños Azafrán y Obituario deciden formar un tribunal para someter a juicio a sus padres, tras descubrir que en su escuela, todos se quejan de los propios. Lo escribió como una herramienta para que los chicos puedan defenderse de la soberbia de sus progenitores, explica. En Cinco modos para deshacerme de mi hermanito explora los celos y el sentimiento de abandono.

ENTRE LOS MÁS VENDIDOS
Hablar de problemáticas sociales en la literatura es una tradición en América Latina, dice Nuria Santiago. El acervo de publicaciones infantiles del Fondo de Cultura Económica es muestra de ello.

Una historia sobre maltrato encabeza la lista de los 30 títulos más vendidos en los últimos cinco años de la colección A la orilla del viento del FCE. La señora más mala del mundo, (1992), de Francisco Hinojosa, cuenta cómo esta mujer gorda, que fuma puro y tiene dos colmillos puntiagudos y brillantes, golpeaba a sus hijos y era violenta con los vecinos, hasta que todos decidieron hacerle creer que eran felices con su maltrato y ella comenzó a darles ternura, creyendo que así los hacía sufrir.

Otra autora favorita entre los pequeños lectores –y sus padres- es la argentina Isol. Entre sus obras más críticas está aquella en la que narra el deseo de Camila: que su mamá se convierta en un globo. Y es que le grita tanto, tanto, que se pone colorada y redonda. Como globo. Con algo de suerte, podría perderse en el aire. Así ilustra el maltrato de una madre en El globo.

EL TRATAMIENTO
El reto es utilizar el lenguaje adecuado, advierte Nuria Santiago, con quien coincide Armando Vega Gil, quien acaba de lanzar El enigma del hoyo en el pantalón, un cuento de miedo en el que Emilio, el protagonista, comienza a perder cosas inexplicablemente.

“Los temas de los niños nos competen a los adultos. El divorcio, el bullying, la inseguridad, el miedo, son asuntos de nosotros, pero están en sus vidas. Hay otros temas que no me atrevería a tocar con ellos porque van más allá de su entendimiento y experiencia. Se puede hablar incluso de narcotráfico, pero no de una narco manta en una narco ejecución”, dice Vega Gil.

Al leer historias cercanas a ellos, los niños encuentran una forma de identidad, concluye Tamar Cohen, quien publicará próximamente una trama sobre un niño a quien sus papás abandonan en un orfanato porque no cabe en la cajuela del coche para las vacaciones de verano. “Escribir y leer son una forma de explorar, y ver ese reflejo en una historia es una herramienta que te ayuda en la vida”.