AFTEROFFICE
culturas

La naquez como ideología

Armando Vega-Gil publica "La música de las esferas", donde reúne textos que vieron la luz en diversos medios. El también bajista de Botellita de Jerez afirma que aún es vigente el dicho de la agrupación: "Naco es chido". Pero con matices.
Rosario Reyes
22 septiembre 2016 20:43 Última actualización 23 septiembre 2016 5:0
Armando Vega-Gil también escribe cuentos macabros para niños como una postura artística frente a la realidad. (Braulio Tenorio)

Armando Vega-Gil también escribe cuentos macabros para niños como una postura artística frente a la realidad. (Braulio Tenorio)

Inspirados en el movimiento de los Black Panthers en Estados Unidos, los integrantes de Botellita de Jerez parafrasearon el lema “black is beautiful”. Treinta y tres años después, asegura el bajista del grupo, Armando Vega-Gil, aún es vigente su dicho: “Naco es chido”. Pero con matices.

“Era como asumir quiénes somos. No hay que reivindicarla: la naquencia es. Pero sí había que tomar una postura frente a lo que se hacía culturalmente en México entonces”, argumenta el músico.

Hoy, el hecho de que grupos como Los Ángeles Azules o La Sonora Santanera sean del gusto de todas las clases sociales es producto de una estrategia comercial, reconoce.

“Cuando comenzamos estaba la onda del neomexicanismo, Lourdes Grobet estaba tomando fotos de luchadores, había una efervescencia artística a la que nos sumamos desde el rock y el humor. Hoy causa escozor la palabra ‘naco’, dicha por un intelectual. Pero Nicolás Alvarado estaba haciendo un chiste en mal timing”, dice en referencia al texto que el exdirector de TV UNAM publicó sobre la música del recién fallecido Juan Gabriel. “Nosotros la usábamos como una plataforma de ideología”.

En sus inicios, recuerda, tanto sus colegas como una parte del público o los medios de comunicación los descalificaron. “Cuando tocábamos cumbias fuimos escupidos, trapearon el piso con nosotros, y ahora es algo chic, hipster o divertido; ya no tiene esta carga de confrontación con el gusto general, el mainstream. Pero a final de cuentas el racismo brutal permanece y aunque esta música ya no es naca, su popularidad no aporta a la tolerancia”, afirma.

Vega-Gil acaba de publicar La música de las esferas. Historias del rock con salsa y bicicletas bajo el sello Ediciones B, que editó sus 11 libros infantiles y novelas como Picnic en la fosa común o su autobiografía Diario íntimo de un guacarróquer. Se trata de una selección de textos que aparecieron en diversos medios, que el autor define como su libro más personal, y cierra con la crónica del último concierto de la alineación original de la banda, el 2 de diciembre de 2013 en el Cenart, cuando el guitarrista Sergio Arau la dejó.

“El libro sale en un momento preciso; ahora que tengo un hijo de cinco años, que mi banda sigue a pesar de los cismas, puedo pensarme como músico. Por eso hablo de cómo ha influido Cri-Crí en mi formación, cómo lo hizo José Luis Domínguez (el fallecido guitarrista fundador de Arpía), mi encuentro con Manuel Ahumada (el caricaturista), que fue un maestro porque me mostró grupos y canciones reveladoras; o mi papá, que me enseñó a Miles Davis y me llevó a un viaje alucinante a Michoacán para comprar mi primera guitarra”, comparte.

Así concluye un ciclo en su vida artística y comienza uno nuevo, junto a otro de los fundadores de Botellita de Jerez, el baterista Francisco Barrios, Santiago Ojeda y El Sr. González, con quienes se presentará en concierto el 30 de septiembre en El Plaza Condesa. Tocarán más de 30 temas de su trayectoria, incluso de su disco reciente, cuyo título, #No pinches mames, hace referencia a su desacuerdo con la situación actual del país. Vega-Gil lo define como la banda sonora de estos tiempos: “el disco que grabamos después de los 43 de Ayotzinapa”.

En este álbum la agrupación incluyó, por ejemplo, una crítica a los transgénicos, Sin maíz no hay país, y habla de manera directa sobre política en temas como El dinosaurio, sobre el regreso del PRI al gobierno, o ¡Presos políticos, libertad!

“El título es un reclamo. Estamos muy conscientes de lo que está pasando y es nuestra respuesta”, destaca.

Vega-Gil también escribe cuentos macabros para niños como una postura artística frente a la realidad. Con la diferencia -acota- de que cuando el lector cierra el libro, ese horror termina.

“El literario es diferente al horror que estamos viviendo en el país, donde no hay manera de cerrar el libro y no hay un deleite estético. Pero para eso sirve el arte, lo que hace Amat Escalante en Heli, por ejemplo, es meternos en la perspectiva de alguien que está viviendo lo que vemos en las noticias; gracias al arte entendemos al otro, el ajeno te es claro y simpatizas con él, y creo que eso te vuelve mejor persona porque comprendes que hay otros diferentes a ti. Volvamos a ‘naco es chido’: si nos ponemos en el lugar de alguien que ha sido despreciado en una sociedad clasista, podemos entenderlo; aunque hayamos usado como herramienta el chiste”.

Respecto al rock, concluye, no tendría por qué ser ajeno a la realidad. “Alguna vez escribí un texto en el que decía que ojalá Carla Morrison escribiera una canción en la que no está de acuerdo con la reforma energética, quién sabe qué pasaría con su público, a lo mejor le daría la espalda, o le caerían veintes, no lo sé, pero vale la pena intentarlo. Sí tenemos una responsabilidad como artistas que nos movemos a niveles masivos y tenemos palabra, a veces lo que decimos forma opinión”.