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CULTURAS

La joya del surrealismo está en la selva mexicana

¿Sabías que México alberga una de las joyas más preciadas del surrealismo? Se trata de "Las Pozas", un lugar único de la Sierra Madre Oriental donde se elevan escaleras sin fin y otras esculturas que parecen ser ruinas de una antigua civilización. 
AP
05 abril 2014 15:13 Última actualización 05 abril 2014 15:43
Esculturas impresionantes en el corazón de la selva. (AP)

Esculturas impresionantes en el corazón de la selva. (AP)

SAN LUIS POTOSÍ.-   ¿Te imaginas ir caminando en un tour por la selva y repentinamente encontrarte con esculturas surrealistas que parecen ruinas de una vieja civilización?

Pues bien, esto sucede en la selva mexicana de la Sierra Madre Oriental, en "Las Pozas", un enclave de difícil acceso que esconde una de las joyas artísticas más desconocidas del país: un jardín escultórico producto de la imaginación sin límites del excéntrico coleccionista de arte británico Edward James.

Entre la espesa maleza, surge una extraña estructura de cemento con dos escaleras que ascienden a ninguna parte. Hay también un pasillo de grandes flores de lis fabricadas en concreto, una casa sin paredes rodeada por larguísimos bambús de cemento y se puede caminar entre gigantescas orquídeas de yeso mientras el agua de una cascada natural baja incesante por la ladera de una montaña.

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 UNA PEQUEÑA BROMA

 

Las Pozas

"Don Edward quería desconcertar con estas construcciones; quería hacerle creer a la sociedad del futuro que aquí antes había existido una civilización misteriosa", asegura el guía del lugar Carlos Barbosa. Y en realidad eso es lo que hace "Las Pozas", una suerte de alucinación surrealista de 40 hectáreas donde conviven esculturas de cemento y joyas arquitectónicas imposibles con cascadas, piscinas naturales y plantas exóticas.

"Ya había visto este lugar en videos y fotos, pero la verdad no esperaba que esto fuera tan impactante", comenta Vida Arellano, una visitante de Chihuahua. "Ya estando aquí te envuelve la naturaleza, las esculturas, la arquitectura. Te transporta a otro estado mental".

La ferocidad de la selva en esta colina de la Sierra Madre Oriental ha ido destruyendo muchas de las estructuras del jardín, pero eso nunca incomodó a James, quien disfrutaba pensando que en un futuro los arqueólogos descubrirían esta especie de ciudad perdida y se preguntarían qué clase de civilización la habría construido.

El artista británico heredó una fortuna de su padre y la usó para ser mecenas de grandes figuras del surrealismo como Salvador Dalí, Leonora Carrington o Remedios Baro.
Fascinado con México, llegó a este paraje natural del estado de San Luis Potosí a mediados de los años 40 y decidió comprar un terreno para crear en él un jardín privado, al cual le dedicó 20 años de su vida.

El jardín quedó a medio construir por la muerte de su creador hace 30 años, pero de cualquier forma es una obra imponente, con un aire misterioso que aumenta con el paso del tiempo.

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 LA HISTORIA

 

Las Pozas

El proyecto original de Edward James, curiosamente, no tenía nada que ver con el rumbo que tomó la iniciativa.

James cultivó durante años miles de orquídeas, pero en 1962 una gran helada sin precedentes acabó con ellas, cambiando para siempre el destino de este recóndito lugar, según explica la subdirectora del parque Zaira Liñán.

El coleccionista de arte y poeta ordenó entonces a sus trabajadores que construyeran flores de cemento para evitar que otra helada volviera a acabar con ellas.

La imaginación de James fue echando vuelo y empezó a pedir esculturas cada vez más complejas, muchas veces inspiradas en las corrientes artísticas que iba conociendo en sus múltiples viajes y que plasmaba en bocetos que enviaba por medio de postales.

Liderados por el mexicano Plutarco Gastélum, amigo de James y quien supervisó el proyecto, los empleados de "Las Pozas" construían moldes de madera a partir de los dibujos del británico para después vaciar en cemento las alocadas esculturas.

Barbosa recuerda con diversión las múltiples excentricidades de James, quien "llegó a pedir a una cocinera un gran banquete para los animales que tanto amaba y que trataba como sus hijos", según relata el guía, quien es oriundo de la región.

Agrega que "James solía pasear desnudo por el parque y, pese a ser multimillonario, dormía en un saco de dormir entre la maleza".

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UNA GRAN AVENTURA

 

Las Pozas

Recorrer los laberínticos caminos comidos por la selva del parque escultórico se torna una aventura inesperada y, cuando parece que no queda nada más por ver, una pequeña casa de piedra de aspecto prehispánico da paso a una plaza en la que florece imponente una gigantesca flor de concreto.

Con la ayuda de los guías se puede acceder a los rincones más recónditos del parque, como el lugar al que James solía ir a "morirse", según su propia definición: una cama de concreto en forma de hoja dentro de la cual se adivina la silueta del británico, quien decía que allí meditaba y se preparaba para la muerte, de acuerdo con el guía Barbosa.

Pero James no encontró la muerte en su preciado parque potosino, sino en San Remo (Italia), donde una embolia fulminó en 1984 con su delirante proyecto.

Dado que no dejó bosquejo alguno de sus planes para "Las Pozas", explica Liñán, los trabajos de construcción se paralizaron con su muerte y el parque empezó a ser comido por la selva, hasta que unos seis años después el heredero del jardín, Plutarco Gastélum hijo, decidió abrirlo al público.

El heredero recuerda a James como un personaje "tierno" a quien siempre llamó "tío Eduardo" y reconoce que al leer biografías sobre el británico se sorprende de descubrir su historia, plagada de anécdotas curiosas, como la de ser el probable nieto bastardo del rey de Reino Unido Eduardo VII.

"Yo hasta muy grande dije '¿por qué tengo un tío inglés?''', recuerda Gastélum entre risas.

Pero el mayor de los hijos de Plutarco Gastélum decidió traspasar en 2007 el jardín escultórico a una fundación que pudiera gestionarlo con mayores recursos y conservar sus 36 esculturas, para lo que se creó el Fondo Xilitla, financiado principalmente por la Fundación Pedro y Elena Hernández. Xilitla es el pueblo más cercano al jardín, localizado a unos 2 kilómetros.

La entrada al parque cuesta alrededor de 40 pesos. Unas 75 mil personas visitan el lugar anualmente. No es un viaje que se pueda hacer en el día. Para conocer este increíble lugar, los turistas deben quedarse en alguno de los hoteles que hay en Xilitla o en otro más cerca del jardín llamado Posada James.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de preservación, todavía son muchos los que desconocen que México alberga esta joya del surrealismo 30 años después de haberse finalizado.