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La autopublicación es un giro empresarial para ahorrar sueldos: Magano

El escritor español Jorge Magano acepta que trabajar en varios roles es sumamente complicado. Cuando su editorial lo dejó de publicar, tomó la decisión de mudarse al formato digital, aunque confiesa que la autoedición es una labor exhaustiva.
Eduardo Bautista
04 agosto 2015 22:10 Última actualización 05 agosto 2015 5:0
El autor ha llevado al papel su última novela gracias a Createspace, la nueva herramienta de Amazon. (Gonzalo Jerez "El Selenita")

El autor ha llevado al papel su última novela gracias a Createspace, la nueva herramienta de Amazon. (Gonzalo Jerez "El Selenita")

Jorge Magano publicaba en papel. Las ventas de sus novelas eran moderadas; suficientes para tener un ingreso económico fijo. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 acabó con su estabilidad. Su editorial, Espasa, lo dejó de publicar. El negocio no estaba para tomar riesgos innecesarios. Entonces, en 2010 tomó la decisión de mudarse al formato digital bajo esa nueva tendencia del mundo editorial llamada “la autopublicación”, que no es otra cosa que la explotación laboral del escritor, quien se convierte en todo a la vez: novelista, editor, corrector, diseñador y promotor.

En entrevista telefónica desde Madrid, Magano acepta que trabajar en varios roles es sumamente complicado. Dice que la autoedición es una labor exhaustiva. Tanto que, confiesa, muchas veces ya no le quedan ánimos ni tiempo para escribir. Desde 2010 trabaja bajo esta modalidad con Amazon, portal donde el 30 por ciento de los libros más vendidos en español corresponden a escritores que se autopublican, según Pedro Huerta, director de contenido de Kindle para América Latina.

“El autor debe hacer absolutamente todo. No hay un equipo que te ayude con la edición, la maquetación, las cubiertas o la ilustración, a menos que lo contrates con tus propios recursos. Para mí, lo más cansado ha sido la promoción. Tener que difundir tu trabajo en blogs o redes sociales me ha resultado muy agotador. Ese tiempo podría utilizarlo para escribir”, refiere.

Pero no todo es malo en el universo de lo autopublicable. Económicamente, su experiencia con la empresa de Jeff Bezos ha sido positiva. Las regalías, dice, son del 70 por ciento, mientras que en el sistema tradicional llegan apenas al 10 por ciento. Ahora sólo publica libros bajo el formato digital. 

“La crisis le pegó muy duro a la industria editorial de mi país. Muchos sellos dejaron de publicar a autores que no representaban ventas masivas. Hubo muchos escritores que, como yo, encontraron en la autopublicación la única forma de seguir siendo leídos”, comenta Magano y señala que esta práctica crece con el paso del tiempo porque es una forma sencilla y barata de producir libros. Algo que, afirma, necesita la industria en tiempos de bajos índices de lectura y malas ventas, como pasa en su país. Según datos de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), las pérdidas alcanzan hasta los mil millones de euros tan sólo en títulos de literatura.

El autor madrileño comparte que cuando publicaba en el sistema tradicional las cosas no eran tan distintas: Espasa y Suma de Letras no hacían mucho para promover su trabajo. Cuando lograba presentar su novela en alguna librería o centro cultural, era porque él lo buscaba. “Antes se pagaba un anticipo al autor por su obra. Hoy han desaparecido o bajado muchísimo”.

La autopublicación también ha beneficiado, de cierto modo, a las editoriales tradicionales. Sostiene que éstas “están pescando” autores que en formato electrónico ya han vendido una determinada cantidad de ejemplares. En su caso, haber ganado el año pasado el Primer Concurso para Autores Indie en Español, convocado por Amazon y El Mundo, le permitió imprimir su novela La mirada de piedra (La Esfera de Libros, 2014).

Hasta hace no mucho tiempo, Magano vislumbraba un futuro optimista para el libro impreso. Creía que éste iba a convivir en perfecta armonía con el libro digital. Pero hace algunas semanas experimentó algo que lo hizo virar de opinión: “La mirada de piedra ha sido recién traducida al alemán. Y cuento con una herramienta para comprobar cuánto se ha vendido en ese idioma. Hace poco la utilicé, y descubrí que se habían vendido 100 e-books y un sólo ejemplar impreso. Eso me convence absolutamente de que el futuro del libro es digital, nos guste o no”.