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culturas

José Tomás, mandar sin estar

La México verá el próximo domingo al mito de la fiesta; un personaje que se ha inventado a sí mismo con mucho recelo y pocas corridas.
Rafael Cué
29 enero 2016 0:16 Última actualización 29 enero 2016 5:0
Como todo artista, José Tomás ha ido madurando, y para lograrlo sus formas y sus conceptos se han ido al extremo. (Alejandro Gómez)

Como todo artista, José Tomás ha ido madurando, y para lograrlo sus formas y sus conceptos se han ido al extremo. (Alejandro Gómez)

José Tomás manda en el toreo sin estar. Me pregunto: ¿eso es mandar? En lo personal respeto su forma de hacerlo. Para muchos taurinos y profesionales del toro mandar es hacer y deshacer, influir en la conformación de carteles, combinaciones de toreros, ganaderías, fechas y en algunos casos hasta qué se escribe y se dice en los medios.

Él no se mete en eso, su búsqueda va mucho más allá. Esta búsqueda comenzó hace muchos años, 20 por lo menos. Recuerdo un tentadero en casa de don Pepe Chafik (q.e.p.d.) donde alternó José Tomás con el maestro José Miguel Arroyo Joselito, el primero recién alternativado y el segundo figura consagrada en ese momento. Estuve ahí como editor de la revista Matador —que en aquellos tiempos era mensual—, para entrevistar a Joselito. El tentadero se desarrolló como suelen hacerlo estas faenas camperas. Por el nivel de toreros y la calidad de la ganadería se podrán imaginar la lección de tauromaquia que ahí pudimos disfrutar los presentes.

Joselito, solvente y poderoso, brilló con cada una de sus vacas. José Tomás intentó con cada una de las suyas imponer su ley; quietud a toda prueba, muchas veces comprometido por la colocación de su cuerpo resultaba tropezado e incluso volteado; mostraba ya un temple magnífico, pero parecía ir en contra de la razón y muchos pases eran enganchados, era más una pelea de voluntades donde a veces se imponía el torero y a veces la bravura.

Me llamó la atención que don Pepe le dejara intentarlo. El ganadero era muy exigente y gustaba de comentar con los toreros los procedimientos al tentar sus lotes; con Tomás guardaba silencio y sólo en ocasiones le hacia precisos comentarios. Se conocían bien, don Pepe fue pieza clave en los comienzos de José Tomás. ¿Estaban ya ambos en busca de una nueva forma de torear y embestir?

Como todo artista, José Tomás ha ido madurando, y para lograrlo sus formas y sus conceptos se han ido al extremo en el sentido de que no se permite concesiones. Concibe el toreo muy a su estilo, utiliza la bravura para darle, no les concede ni un milímetro a los toros. A cambio les ofrece su vida, está dispuesto a pagar con ella para ser torero. Mucha sangre ha derramado el madrileño en esta búsqueda, Autlán de la Grana casi le vio morir siendo novillero; el 24 de abril del 2010 en Aguascalientes ante los pitones de “Navegante” (de Pepe Garfias) se consolidó el mito viviente. “De los brazos de la muerte volvió José”, cuenta en crudo relato el matador Fernando Ochoa, compadre del madrileño. “En aquella enfermería vi la muerte, la sentí, era mi compadre el que se iba”.

En 1999 José Tomás comunicó que no daría una entrevista más ni declaraciones a la prensa; prácticamente lo ha cumplido, eso lo ha convertido en un ser inalcanzable, mítico. En 2002 anunció su retiro. Pasó más de cuatro años alejado de la actividad taurina y él mismo reconocía: “vivir sin torear no es descansar, no es estar relajado ni disfrutar de lo bueno de la vida, vivir sin torear no es vivir”.

Desde entonces ha toreado poco, lo ha hecho bajo sus condiciones, imponiendo criterios y formas a los mismos empresarios. No a la televisión, batalla que lideró junto con Joselito desde 1999. Él dice cuándo y cómo. No hay plaza que diga que no; su anuncio garantiza la venta de abonos completos en ferias; genera gran derrama económica alrededor de sus corridas, para muestra la de pasado mañana en la México.

¿Es José Tomás el mejor del mundo? Cada quien tiene su propia respuesta. Ha logrado ser mediático sin aparecer en los medios. Sus fechas generan más expectación que temporadas completas.

Yo me pregunto: ¿causaría la misma expectación si toreara 50 corridas de toros al año? ¿Mandaría igual si en cada feria tuviese que pelear por las mejores ganaderías, las fechas claves, como lo hacen figuras como El Juli, Morante, Talavante o Manzanares?

Creo que nunca lo sabremos. Lo que si se puede saber es que José Tomás es un torero capaz de ponerse donde muchos otros ponen la muleta —esto dicho por el mismo Joselito—, es capaz de torear tan bien y tan despacio como cualquiera, cruza la raya de fuego y eso es emoción, el toreo sin emoción no puede existir. Le pido a Dios que el próximo domingo la fiesta de los toros tenga en el gran mano a mano entre José Tomás y Joselito Adame una plena manifestación cultural, artística y social. Todo está puesto.