AFTEROFFICE
CULTURAS

José de la Colina, el exilio en casa

El ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2013 dice en entrevista que se trata de "un reconocimiento a mi carácter de escritor mexicano", pues asegura que en España, su país de origen, nunca se han ocupado de su trabajo literario. 
Carmen García
08 abril 2014 21:17 Última actualización 09 abril 2014 5:0
José de la Colina, ganador del Premio Xavier Urrutia 2013. (Cuartoscuro)

José de la Colina, ganador del Premio Xavier Urrutia 2013. (Cuartoscuro)

El buen humor y la sorpresa no abandonan a José de la Colina, quien recibe con beneplácito la noticia de haber obtenido el Premio Xavier Villaurrutia 2013, y expresa: “Es un reconocimiento a mi carácter de escritor mexicano. Aunque fui embotellado en España, allá nunca se han ocupado de mi trabajo. Es en México donde me consideran un narrador”.

El Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores para Obra Publicada en 2013 fue otorgado por la Sociedad Alfonsina AC, el Conaculta y el INBA. De la Colina recibirá este galardón por su libro "De libertades fantasmas o de la literatura como juego" (FCE) el próximo 29 de abril, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Escritor, ensayista y periodista, José de la Colina nació el 29 de marzo de1934 en Santander, España. Pero con la Guerra Civil Española se exilió, junto con su familia, en varias naciones, hasta que en 1940 llegó a México, país en el que ha dejado una obra incansable: miembro de los consejos de redacción de revistas como "Vuelta", "Plural" y la "Mexicana de Literatura" y director del suplemento "El semanario cultural" del desaparecido "Novedades". La conversación sucede poco después del anuncio del reconocimiento.

“El libro premiado está hecho como todos los libros que he escrito, incluyendo los de cuentos: a través del periodismo porque yo no tengo ninguna carrera. Me familiaricé, primero, con la letra impresa porque mi padre, que era un anarcosindicalista, trabajaba en una imprenta y me llevaba con él desde que era un niño. Luego, como él era autodidacta, también me enseñó el gusto por la literatura. Jamás dejé de leer. Por eso digo que a mí la cuartilla o la pantalla en blanco me desafían, pero no me asustan, más bien me seducen”.

Para el también Premio Mazatlán, el arte, la amistad y el amor son las únicas libertades que existen realmente. Aunque, advierte, nadie es libre del todo: “Todos tenemos que pagar impuestos, respetar los semáforos, someternos a las necesidades de comer y descomer, etcétera. Las libertades imaginarias son nuestra única escapatoria”.

Autor de cuentos como "Tren de historias" y "Muertes ejemplares", agrega que la literatura es un divertimento y que incluso el mismo Dostoievski puso en juego a sus personajes: “Si él no hubiera querido jugar, entonces tendría que haber escrito un tratado filosófico o un ensayo. Pero escribió una novela y en ésta pone en juego una serie de ficciones y de personajes para darle vida a todo un mundo que quiere reflejar”.

De la Colina recuerda que su carrera de periodista se inició en la estación de radio XEQ, cuando tenía 13 años: “Era, entonces, un haragán sin oficio ni beneficio. Acababa de salir de la escuela primaria, que ha sido mi única instrucción. Lo que me gustaba era escribir, siempre lo he hecho. Y el periodismo fue un oficio que me fue jalando. A los 14 años ya entregaba textos y creían que me los hacía mi padre, que no eran de mi autoría. Desde entonces no me he despegado de las letras, ni de esta profesión”.

Lamenta que el periodismo cultural se encuentre en mal momento. “Han desaparecido o han fusionado con espectáculos a las secciones culturales y los suplementos culturales cada vez quedan menos. Esto significa un camino hacia la barbarie en México. No es que me niegue a las nuevas tecnologías. Me opongo a la eliminación del periódico impreso en papel. Sobre todo porque considero que tiene una relación más íntima con el lector”.

1
Hace poco éramos refugiados, ahora ni siquiera refugachos...

Por: Mauricio Mejía

En el número 56 de Letras Libres (agosto de 2003), José de la Colina escribió un texto entrañable sobre el tema de su exilio en México.

“Historias de Pasaporte” revela, entre otras cosas, los tres personajes que lleva a cuestas. Fue registrado en Santander con el nombre de Novel. Su “anarcosindicalista” padre no quiso nombrar a su primogénito con el santoral católico. Luego, gracialmente, su segundo nombre fue Segundo, “con el que quiso agraciarme un tinterillo adicto o servil al franquismo”. En 1938, ya en Francia, ya exiliado, a su madre le aconsejaron que le llamara simplemente José.

José (o Novel, o Segundo) salió de España en 1937. Radica en México desde 1940. En el texto de Letras Libres, el tercero sobre el tema del exilio en esa publicación, De la Colina dibuja, con un dolor amargo sin dramas, la imposibilidad de ser de allá a o de acá, pero tampoco ya de ninguna parte, ese tiempo de exilio, sobre todo después de la rehabilitación democrática española, no están en la geografía ni en la política; están en el tiempo: De la Colina, como millones de seres humanos, es un extraviado de la memoria: la patria en la que nació ya no existe. Se fueron, para siempre, sus campos y sus gestos. Escribió De la Colina en aquel número de Letras Libres:

-De España, de México...¿de dónde eres?

-Soy del Exilio como de un país.

-¿Cómo?

-O, mejor dicho, fui del Exilio como de un país.

Luego, cita lo que le dijo un amigo en 1976, un año después de la muerte del inmorible: ...”Y ahora, mira cómo estamos, ya ni sabemos lo que somos. Ni siquiera somos refugachos”.