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Jorge Ortiz de Pinedo, el drama bajo la risa

Para entender a la civilización en tiempos de anarquía, el comediante y productor teatral llama a visitar a los grandes dramaturgos. "Mi literatura esencial está compuesta por autores como Chéjov, Wilde, Novo o Leñero", dice en entrevista.
Eduardo Bautista
20 marzo 2017 21:56 Última actualización 21 marzo 2017 5:0
(Especial)

(Especial)

Dijo Arthur Miller que el teatro no puede desaparecer porque es el único arte en el que la humanidad puede enfrentarse a sí misma. Jorge Ortiz de Pinedo cree en esta máxima desde que tiene uso de razón, aunque admite que todo comenzó como un juego. “A ver, Jorgito: párate en el escenario y di tal cosa”. “A ver, Jorgito: faltó un actor, ven para que lo sustituyas”.

Eso fue hace más de medio siglo, cuando las arrugas eran un engaño más del maquillaje. Hoy sus canas son reales y su traje negro luce impecable. Don Jorge se pasea orondo de sus 68 años y su nuevo Teatro Royal del Pedregal, que está a punto de inaugurar al sur de la Ciudad de México. Fiel lector de Sófocles y Esquilo, admite que le hubiera gustado construir un recinto más clásico, pero sus hijos son ahora quienes tienen las riendas del negocio.

Ya tiene escrito que no quiere vivir sus últimos años conectado a un aparato. Es un hombre minucioso. Preocupado hasta por la mancha de su corbata.

___Cuando se levanta y abre el periódico, ¿qué piensa de México?
___Que es una anarquía gigantesca en la que cada quien hace lo que quiere y no lo que debería hacer. El gran problema de este país es la desigualdad. Y no estamos haciendo nada para combatirla. Gracias a mis giras teatrales he recorrido la República 50 veces. Y aunque he sido testigo de la pobreza del campo, también he visto, en tiempos de (el narcotraficante Rafael ) Caro Quintero, unos teatrazos espectaculares que simplemente no podías creer que estuvieran ahí, en un pueblo olvidado del norte. Para mí la igualdad es muy importante. Me he hecho quimioterapias en hospitales públicos porque ahí no influye la lana. Mi compañero de clínica era un hombre que no hablaba español. ¡Qué chingón!

___¿Qué opina del PRI?
___Nací en la pridictadura en la que nunca pasaba nada. Los partidos políticos de este país tienen una idea ancestral de México porque se crearon en un sistema que les dotó de un poder desmesurado, sin capacidad de regulación. A nivel cívico eso lo vemos reflejado en nuestra vida diaria: nos paramos en doble fila, hacemos ruido extremo porque no nos interesa el otro, o le reclamamos a los maestros porque reprueban a nuestros hijos.

___¿Y de López Obrador?
___Nos ha probado dos veces que se puede ganar siendo oposición. Por desgracia, en esta natural desinformación que tenemos los mexicanos, la lógica electoral se ha vuelto muy simple: si ya estuvieron los verdes y los azules, ¿por qué no le damos oportunidad a los amarillos? Ya no importan los partidos ni las propuestas, sino los colores, como si se tratara de irle a las Chivas o al América.

___¿Qué tan desgastado está el discurso político en México?
___Cuando era niño mi abuelo me llevaba a la galería de la Cámara de Diputados. Era un acontecimiento realmente importante. Los políticos discutían, discernían. Hoy se rigen por una política de colores: si no es de los míos, no me interesa. No entienden que vivimos en un país verdaderamente anárquico que está en manos de la delincuencia organizada. El campo está colmado de seres humanos trabajadores que se han vuelto malvados con el paso del tiempo porque los hemos ignorado.

___¿Ha cambiado de postura política a lo largo de su vida?
___Siempre he creído que la gente debe tener educación, casa y salud. Lo más parecido a la felicidad es la tranquilidad.

___Sobre futbol, ¿qué refleja el Necaxa en la cultura mexicana?
___Es el equipo más tradicional de la Ciudad de México. Una verdadera leyenda. Su mejor época fue la de Los Once Hermanos, una plantilla que logró algo notable: que la gente creyera que es posible ganar campeonatos mediante la unión de jugadores de distintas clases sociales. El Necaxa era un equipo con identidad y pasión, de esos que ya no existen en la liga mexicana. Hasta quemaron su estadio cuando le rompieron la pierna a Horacio Casarín. Pero después –en los 40– el club fue tomado por el Sindicato Mexicano de Electricistas. ¿Y qué pasa en este país cuando un sindicato asume el control de un negocio? ¡Se va a la goma! Y es lamentable, porque con el Necaxa empezó la idea de hacer un sindicato de futbolistas en México...

___En el terreno literario, ¿qué le emociona tanto como el Necaxa?
___Visitar a los dramaturgos es una buena manera de entender a la civilización. Mi literatura esencial e inspiradora está compuesta por autores como Chéjov, Wilde, Novo o Leñero. Y por supuesto, por todo el teatro clásico, del cual aún tenemos mucho que aprender. Plauto exhibe una crítica social inigualable; Aristófanes es un gran maestro de la parodia; Shakespeare retoma las leyendas y las escenifica. A uno de los foros pequeños de este complejo le quiero poner Odeón, como se llamó a los teatros más chicos de la Antigua Grecia.

___¿Cómo se lleva con la novela?
___No me gusta. Me han regalado muchas, pero nunca las leo porque siempre estoy leyendo teatro. Siempre estoy montando obras, desde La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, hasta Préstame a tu hermana, de El Güero Castro. El teatro es mi vida.

___¿Cómo decidió ingresar al mundo del espectáculo?
___Cuando eres hijo de actores y tu familia está llena de escenógrafos, cantantes o directores de orquesta, lo único de lo que puedes hablar toda tu vida es de teatro. Cuando era niño, iba a los centros nocturnos donde trabajaba mi papá y a los teatros de revista donde trabajaba mi mamá. Era divertidísimo. Obviamente a esa edad yo no tenía consciencia de que el teatro era mi vocación. De joven ingresé a la escuela de Bellas Artes, pero no pude seguir porque tenía giras por toda la República.

___¿Qué significa la fama?
___Nunca me di cuenta cuando la gente empezó a reconocerme en la calle. Creo que un gran problema de los muchachos que hoy estudian teatro es que quieren ser conocidos, no reconocidos. Hay gente que va a las escuelas de actuación para ser famosos y dar autógrafos, pero eso sólo se logra con trabajo y disciplina. Hasta los 24 años yo seguía siendo el hijo de Ortiz de Pinedo. En esta industria, cuando dejas de trabajar, aunque sea sólo por un momento, todos se olvidan de ti.

___¿Qué enseñanza le dejó su padre?
___El fanatismo por divertir y entretener. Y hacerlo bien.

___¿Recuerda cuál fue la primera obra de teatro que vio?
___De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, en el Palacio de Bellas Artes.

___¿Cuál es su música favorita?
___Mi padre me inculcó el gusto por la zarzuela y la opereta; mi madre, por la ópera. Pavarotti es mi voz predilecta y mi ópera favorita es La Traviata. El Tri y Javier Bátiz marcaron mi juventud en tiempos en los que la moda era Angélica María o César Costa. En la secundaria donde estudié (el Franco Inglés) sólo se escuchaba a los Beatles. Me encanta Carlos Santana. Me crié en La Lagunilla, en una vecindad de la calle Honduras, en una época marcada por el encanto de la radio. Tuve la suerte de ver a Toña La Negra y a Agustín Lara en una Ciudad de
México que ya no existe. Recuerdos inolvidables.

___¿Cuál es su mayor vicio?
___El trabajo. Aunque también fumé durante 45 años. Por eso tengo enfisema pulmonar y me dio cáncer de pulmón. Me quitaron el izquierdo hace cinco años.

___¿Qué le dice la palabra muerte?
___Es obligatoria.

___¿Cuál ha sido el momento más trágico de su vida?
___Hace 35 años, después de mucho tiempo de trabajar, junté una buena lana y, antes de comprarme un coche último modelo, decidí pagarle un viaje a Europa a mi hermana y a mi madre, quien nunca había salido del país. El avión fue secuestrado y ambas murieron asesinadas.

___¿Cómo lo superó?
___Eso no se supera nunca.

APERTURA
El Teatro Royal del Pedregal será inaugurado el 31 de marzo con la obra Jugadores, con Héctor Bonilla, José Alonso, Juan Carlos Colombo y Patricio Castillo, quienes interpretan a un barbero, un enterrador, un actor y un profesor de matemáticas, respectivamente, en la dramaturgia de Pau Miró y bajo la dirección de Luis Eduardo Reyes. Funciones: viernes, 19:00 y 20:00 ; sábados, 18:00 y 20:00; y domingos, 17:00 y 19:00 horas.