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Jaime López narra su idilio con la "Chilanga banda"

Jaime López describe a la ciudad como si hubiera nacido aquí. Artísticamente al menos, así fue. Llegó con 16 años y se encontró un ambiente marcado por el Movimiento Estudiantil y la matanza del 2 de octubre de 1968. "A veces me siento como un fuereño forever", asegura el autor del tema "Chilanga banda".
Rosario Reyes
26 enero 2015 21:47 Última actualización 27 enero 2015 5:0
Vino al DF y se instaló en lo que entonces era “la promesa de la clase media universitaria”, Lomas de Plateros. (Fabián García)

“Recorrí la música regional desde la frontera a la huasteca y desde luego el rock para mí no deja de ser el gran folclor”, afirma el cantautor. (Fabián García)

“La Ciudad de México se ha convertido en un lugar en el que no te preguntan de dónde vienes, es la gran frontera”, dice Jaime López, el músico tamaulipeco que desde 1969 radica en una geografía donde la modernidad sigue siendo un tema pendiente.

Autor de temas como Blue Demon Blues, Primera calle de la soledad, Corazón de cacto o Chilanga banda, López describe a la ciudad como si hubiera nacido aquí. Artísticamente al menos, así fue. Llegó con 16 años y se encontró un ambiente marcado por el Movimiento Estudiantil y la matanza del 2 de octubre de 1968. La música de la época, sobre todo con la llegada del exilio chileno tras el Golpe de Estado de 1973, era “latinoamericana”. Entonces, ser joven era un delito.

La musicalidad no le era ajena. Su infancia fue en Matamoros y luego la familia fundada por una enfermera casada en segundas nupcias con un mayor de caballería, dos veces viuda de López se mudó a la huasteca veracruzana. Después, vino al D.F. y se instaló en lo que entonces era “la promesa de la clase media universitaria”, Lomas de Plateros.

“Recorrí la música regional desde la frontera a la huasteca y desde luego el rock para mí no deja de ser el gran folclor”, advierte. Pero se mantuvo al margen de la música de protesta. “Me parecían criterios muy cerrados y la historia me ha dado la razón”. Con todo, su primer lugar de trabajo fue un foro en Coyoacán, la Peña del Nahual en Coyoacán.

“A veces me siento como un fuereño forever. Fui muy feliz viviendo en la frontera, ahí no te preguntan de dónde vienes. Pero ya que vas bajando sí te cuestionan. Se me notaba que no era de aquí por el acento y de húngaro no me bajaban”, recuerda quien tuvo que adaptarse rápidamente a distintas situaciones, para bien y para mal.

Junto a otros autores como Marcial Alejandro, Roberto González, Arturo Cipriano y Jesús Echavarría, “los que llegamos aquí en el inmediato post 68, que aunque sí estábamos politizados, fuimos los que menos albergue político teníamos”, tuvo que abrirse camino entre la desconfianza. “Me tomaban más como pocho y peor que un pocho del otro lado, era un pocho de este lado. Más que por el género musical, era por cómo me expresaba. Para mí, estés en la frontera norte, en el D.F., o en la frontera sur, la lengua es muy dinámica en este país”.

Pronto se apropió del lenguaje chilango. “Me era muy cercano, me juntaba con puros vagos y llegué a vivir a lo que era la promesa de la clase media universitaria, donde estuvo La Castañeda, imagínate qué ironía, en la casa de mi hermano que era como la embajada norteña y el primer año me la aventé ahí, yendo para todos lados”.

La ciudad entonces lucía muy atractiva para López. “No soy de los que llegaron odiando la ciudad o anhelando su lugar de origen, al contrario, el D.F. me dio el aprecio de los lugares de donde yo venía, en ese momento, el D.F. pese a los traumas del 68, era maravilloso”.

Las consecuencias se resintieron después, con una represión de bajo perfil. “A mí, con pelo largo o sin pelo largo me levantaron, no exagero, 50 veces y algunas hasta con fusca. Había Policía Secreta, te traían paseando en los coches chocolates”, recuerda. Pero eso no lo intimidaba.

“Afortunadamente fui a dar a la prepa más ruda, en la que se daba un ambiente naturalmente contestatario. La Prepa 5 era un mini CU, había campos de beisbol, de futbol, alberca, un gran gimnasio, un gran teatro y una gran tradición teatral; Héctor Azar empezó ahí en 1974”. Otra vez, la ciudad llena de posibilidades y sin embargo, apunta, algo pasa, que los proyectos no terminan de concretarse.

“Yo sigo creyendo que en México en general pasa distinto a lo que pasa con los argentinos, los españoles, los chilenos, a los brasileños, que a mayor crisis, mayor creatividad. Aquí tal parece que la crisis es para cruzarse de brazos y echarle la culpa que no hacemos nada por la crisis, salvo gloriosas excepciones”.

Jaime López ha trabajado en colectivo, pero sobre todo individualmente. Su forma de componer y de cantar no se parece a nada, no se monta en ningún movimiento y no pierde actualidad. El humor, la corriente alterna entre la solemnidad y la hilaridad, como lo define, es característico de su obra. Su último disco se llama por cierto, Di no la yoga (antes grabó otros como Nordaka, Hotel Garage o Mujer y ego).

“Yo veo clave en mi subdesarrollo la Prepa 5, bueno, primero Lomas de Plateros, después de ahí me fui a El Vergel Iztapalapa, cerca de San Lorenzo Tezonco, ahí empecé a ir a la prepa, cuando Tulyehualco era como la carretera. Me aventaba todos los camiones hasta Culhuacán, cruzaba Tlalpan, para llegar a la Calzada del Hueso, era una odisea diaria. Digamos que esa parte, la Prepa 5 y la Peña del Nahual fue como mi bienvenida al D.F., aparte del ADO, yo sí llegué en ADO”, bromea.

Antes de que el rock fuera perseguido, el potencial delito era ir a la prepa. “Pero independientemente de eso, por ser chavo, te hostigaban. Echeverría (el entonces presidente, Luis Echeverría) aprendió muy bien de la lección del 2 de octubre: cómo reprimir no tan descaradamente. Por ejemplo, las cafeterías de la UNAM que eran los caldos de cultivo, fueron eliminadas, la vida nocturna se fue haciendo más acotada y algunas cuestiones de cooptación, como el Nuevo Cine Mexicano, los CCH, para encausar a los marxistas desbalagados, que ejercieran la grilla en un corral”.

Con el terremoto de 1985, reconoce, la sociedad civil y la ciudad se transformaron. Aunque apunta que la tragedia, igual que la matanza del 68, se ha mitificado. “El único que lo ha dicho, porque fue líder, es Luis González de Alba, él dice que el 68 fue una fiesta. Desde luego hubo una gran represión pero también fue una fiesta, como el 85, hay toda esta parte trágica, que se cayeron edificios y sobre todo murieron personas, pero por fin se logró involuntariamente algo que se había perdido: recuperar la vida nocturna.

Hay que ver lado divertido, en el sentido político de la palabra, yo por lo menos veo dos maneras, una que embota los sentidos, o como decíamos en los 70, enajena los sentidos y otra que subvierte los sentidos. Luis González de Alba empezó a abrir los lugares de diversión gay y después fue expulsado del D.F. por la dizque izquierda institucionalizada, aguantó tantos sexenios priistas, con sus lugares, El Taller, El Vaquero, y cuando llega el PRD al poder, él se tiene que ir, exiliado poético”.

Con un gobierno de izquierda, contrario a lo que se podía pensar, esta ciudad, afirma Jaime López se ha olvidado de propiciar el desarrollo en varios sentidos, uno de ellos, el arte. “Siempre ha habido, desde los tiempos en los que llegué al D.F., reaccionarios de closet, al paso del tiempo se demostró. La izquierda para mí se diluyó en los ochenta, justamente con la creación del PRD y ellos en el poder, sobre todo en el D. F. Don Fernando Marcos, poco tiempo antes de morir, con una lucidez extrema escribió en su columna de El Nacional, a propósito del futbol, una máxima que se adaptaba a la historia de México en general y de la Ciudad de México en particular: ´la Selección Mexicana ha inventado una forma de juego que no existe en ninguna otra parte del mundo y se llama el avance en retroceso´. Yo no veo a la ciudad mejor en muchos sentidos, pero la sigo apreciando y creo que es un aprecio mutuo”.

VINO DE LA ESCENA UNIVERSITARIA
Jaime López participa en la obra Sangre en la comisura de tus labios, los viernes y sábados en El Círculo Teatral. Además, ofrecerá conciertos acústicos el 31 enero Casa Aragón de Santa María la Ribera, y el 27 de febrero en Ruta 61 de la Condesa.