AFTEROFFICE
culturas

Inspiración ancestral

Nunik Sauret lleva antiguas técnicas de China y Japón al grabado contemporáneo. El ejercicio es en sí mismo una declaración de principios: "trato de que no se pierdan las técnicas", sostiene la artista, que exhibe su más reciente trabajo en el Museo Nacional de San Carlos.
Rosario Reyes
26 junio 2016 21:11 Última actualización 27 junio 2016 5:0
La serie Nü Shu reinterpreta la extinta escritura china para mujeres. (Cortesía)

La serie Nü Shu reinterpreta la extinta escritura china para mujeres. (Cortesía)

Hace 16 años (México, 1951) comenzó a incluir en su producción gráfica milenarias formas orientales para trabajar la tinta y la madera. El ejercicio es en sí mismo una declaración de principios: “trato de que no se pierdan las técnicas”, sostiene la artista.

Para su reciente ingreso como Miembro de número a la Academia de Artes, Sauret presentó una serie basada en el Nü Shu, una forma de escritura china exclusiva de las mujeres.

A su vez, comenta Sauret, este código es el eje de la novela El abanico de seda, de Lisa Lee, que fue escrita a partir de una entrevista con una anciana de 92 años, la última en dominar ese lenguaje creado hace siglos, cuando las mujeres eran obligadas a permanecer en reclusión desde niñas como preparación para el matrimonio.

“Yo relaciono al Nü Shu con mi quehacer: la muerte de una lengua evoca en mí que, de manera inevitable, la modernidad conlleva la desaparición de las técnicas tradicionales de la gráfica”, dice la también profesora de arte, quien exhibe su trabajo reciente en el Museo Nacional de San Carlos hasta finales de agosto.

DIÁLOGO ENTRE OPUESTOS
Con la muestra Alfabeto secreto, Sauret celebra su ingreso a la Academia de las Artes. Y la idea de lo perecedero de la lengua o las técnicas, agrega, también recuerda su trayectoria como mujer en la gráfica. “Vengo de una generación en la que las mujeres abrimos pauta para presentar nuestro trabajo y hacer oír nuestra voz con un discurso que de alguna manera es secreto”.

El Nü Shu es un sistema de escritura silábico y fonético, con aproximadamente 2 mil caracteres, que las mujeres inventaron en contraposición a la “escritura de hombres”, de carácter logográfico. La artista recurre a la alegoría del idioma femenino en convivencia con el masculino, al aplicar técnicas tradicionales de Occidente y de Oriente.
“A pesar de utilizar otras técnicas, busqué continuar con mi lenguaje”, asegura Sauret.

La creadora comparte que se sintió especialmente atraída por los materiales que se emplean en Oriente porque no son tóxicos, además de que la maquinaria es más ligera y no requiere de instalar un taller.

“Es otra manera de cortar y de estampar, porque se usa tinta de agua por lo regular, como en las estampas japonesas de paisajes y geishas que parecen acuarelas. Trabajo en madera dura, con un buril, como lo hacía Durero, y con papeles japoneses, que ya había utilizado, pero con técnicas occidentales”, detalla.

1
NUNIK SAURET

Pintora, artista gráfica y docente, ha participado en 55 bienales y trienales en México, Estados Unidos, Sudamérica, Asia y Europa. Su obra forma parte de colecciones institucionales y se encuentra en más de 150 carpetas de grabado y litografía, así como en al menos 26 museos, universidades e instituciones culturales. Ha realizado más de 160 exposiciones individuales y 500 colectivas. Obtuvo la beca de creador artístico del Sistema Nacional de Creadores en 1998, 2006 y 2012.

Nunik Sauret

HOMENAJE A LA MEMORIA 
“Todos estos dibujos parten de la caligrafía, que empezó en China, se desarrolló en Japón y de ahí se movió por todo el mundo”.

Sauret está a favor de las técnicas gráficas alternativas actuales, si bien las más nuevas-observa-“ya tienen tienen más de 20 años”.

Su obra es también un homenaje a la memoria. “Como los rituales, que a pesar del tiempo están presentes en nuestra vida. Esta forma de trabajo tiene que ver con mi manera de pensar y ser artista: me interesa recobrar detalles que uno va perdiendo”, dice.

En los últimos años ha experimentado asimismo con los soportes y formatos. Entre su producción reciente, tiene una serie a partir del libro El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki, o El mono gramático, de Octavio Paz.

“He estado trabajando en libros de artista hace unos años. Después de hacer estos grandes dibujos que presento en la exposición, fui a una residencia en Kansas a la que tenía que llevar una muestra y llevé libros de artista, que trabajé con el tema de los abanicos, relacionado al Nü Shu”, explica.

Sauret combina la creación con la docencia. Asegura que su motivación para ser maestra es compartir sus conocimientos, con el deseo de que “otros continúen donde me quedé y sigan enseñando”.

Su ingreso a la Academia de Artes, en junio, es una oportunidad de continuar con la creación y difusión de las técnicas de grabado y dibujo que ha cultivado durante su trayectoria de 25 años, afirma.

“Uno tiene un gran compromiso con la sociedad, los artistas somos igual que la mayoría, nada más que con un poquito más de sensibilidad, que nos hace más conscientes y podemos tener una voz y dar al espectador eso mismo: una conciencia, a partir de la visión de lo que tenemos alrededor, cada uno desde su lenguaje”.