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CULTURAS

Cervantino: Detrás del montaje más complicado

Una de las mayores atracciones de este 42 Festival Internacional Cervantino es la "instalación habitada" Artículo 13, la cual fue concebida en un impresionante formato. 
Rosario Reyes
16 octubre 2014 22:16 Última actualización 17 octubre 2014 18:52
Artículo 13, una instalación que reflexiona sobre el problema de los migrantes. (Foto: Eladio Ortiz)

Artículo 13, una instalación que reflexiona sobre el problema de los migrantes. (Foto: Eladio Ortiz)

Los 700 metros de túnel llevan a un gran terreno baldío rodeado de cerros. Hace poco más de cuatro años se abrió este acceso a la ciudad de Guanajuato, donde Artículo 13, la monumental instalación sobre el fenómeno migratorio creada por las compañías Carabosse de Francia y Teatro Línea de Sombra de México, encontró su primer escenario en este país, en una extensión de 110 por 75 metros.

La experiencia comienza cruzando el túnel, entre el eco que produce el paso de los automóviles, las goteras y recovecos a lo largo del camino. Para el ensayo general previo al estreno de este 17 de octubre, no fueron cerradas las vialidades y caminar era opcional. En las funciones, dentro del programa Frontera (s) del 42 Festival Internacional Cervantino, no habrá de otra, andando, el público comenzará a adentrarse en la atmósfera apabullante que provocan nueve toneladas y media de carbón encendido.

“Francia es un país receptor y nosotros somos un país expulsor pero no tenemos tanto visiones diferentes, sino historias diferentes que contar”, dice en entrevista previa al ensayo la productora y actriz Alicia Laguna. “Por supuesto que hay políticas diferentes, ellos (los artistas de la compañía francesa Carabosse) están conscientes de la doble moral, la hipocresía de los europeos respecto a la migración, cuando ¿qué sería las economías de los países ricos sin los migrantes? Hemos intentado que cada quien tome su postura sobre el tema, cuente su historia, de la forma que ha decidido contarla, con esta mezcla de lenguajes”.

Artículo 13, se estrenó en 2012 y se ha presentado en diversos foros de Francia, incluso en una plaza pública similar al Zócalo de la ciudad de México y una cancha de futbol. La “instalación habitada” como la llaman sus creadores, fue concebida en un gran formato: 12 escenarios con acciones simultáneas rodean una estructura de más de 60 metros de la que cae un muro de arena hacia el final del espectáculo. Más de una tonelada que envuelve el único momento de silencio en el diseño sonoro de Jorge Verdin, el creador del proyecto Clorifila, que perteneció al desaparecido Nortec Collective de música electrónica.

Siete días antes de su debut en el Cervantino (donde se presentará este 17 y 18 de octubre), comenzó el montaje, que incluye mil 80 bidones de agua, 2 mil flamas, una especie de araña metálica encendida con gas, muros salpicados de vísceras y letreros con palabras aisladas o nombres propios, en los que “Tijuana” es suficientemente evocadora, aun cuando ninguna mecha ha sido encendida. El fuego, planchas calientes intervenidas con agua, hielo y ropa, entre otros elementos, complementan la experiencia en la que intervienen alrededor de 60 personas, entre artistas, técnicos y voluntarios.

Sobrecogedora, la experiencia de deambular entre fuego, de mirar pendiente de una grúa una esfera gigante con carbón encendido que emula al sol y escuchar historias crudas y dolorosas ya sea en voz de los propios migrantes en videos reproducidos en viejos televisores, o en voz de los performers, incluso en algunas intervenciones de la ambientación sonora, no deja a nadie indiferente.

Así lo planeó Jesús Hernández, el escenógrafo. Una vez dentro, prácticamente no hay libre tránsito. A cada paso, es obligado detenerse a mirar, a escuchar, sacudirse el polvo, aclararse la garganta. Imaginar, apenas, la inmensidad del desierto. La inmensidad del olvido en el que viven quienes, como se lee en uno de los letreros de la instalación, “sólo querían una vida mejor”.

“La instalación está planeada para una superficie similar a una cancha de futbol”, explica Jesús Hernández. “El espectáculo dura aproximadamente una hora y veinte minutos. Desde el inicio ya está parte del fuego funcionando, el público entra a la instalación, luego empieza el espectáculo y al final, la gente se puede quedar a recorrer toda la instalación y observarla”.

Es un espectáculo para deambularlo, dice Alicia Laguna por separado, al tiempo que reconoce la crudeza de su propuesta.

“En México en este momento no podríamos hablar de otra manera, ¿quién puede embellecer eso, que secuestren a la gente, los tiren del tren, los asesinen, que aparezcan fosas?, te preguntarías como artista, pero la otra pregunta para mí sería ¿y cómo no hablar? El quedarnos callados es lo que posiblemente ha convertido a México en lo que ahora es. Tenemos ese deber como artistas, de tener una voz, un discurso al respecto. Nos interesan las historias particulares, nos interesa la persona, no estamos haciendo ficción”.

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