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CULTURAS

Hay que comprender a Porfirio Díaz, no condenarlo: Krauze

"Porfirio Díaz necesita la comprensión de México. México necesita comprender a Porfirio Díaz", asegura en entrevista exclusiva con El FINANCIERO el historiador mexicano Enrique Krauze. 
Mauricio Mejía
01 julio 2015 21:3 Última actualización 02 julio 2015 5:0
Enrique Krauze, historiador. (FOTO: Archivo)

Enrique Krauze, historiador. (FOTO: Archivo)

Porfirio Díaz tiene 37 años y una carrera política por comenzar en el ala radical del Partido Liberal. Es el héroe del 2 de abril y goza de un peculiar prestigio nacional. Es marzo de 1867, tres meses antes de la muerte de Maximiliano. Díaz contrae matrimonio con Delfina Ortega, su sobrina directa. La unión le marcará por el resto de sus días. Con ella procreó a ocho hijos; solamente dos de los cuales lograron sobrevivir.El futuro presidente de la República logra imponerse al macabro racimo de desgracias. El Archivo Manuel González de la Universidad Iberoamericana (citado por Paul Garner en Porfirio Díaz, entre el mito y la historia) contiene una carta dirigida a su compadre Manuel González, también futuro mandatario de México, en la que le dice: “Usted sabe lo que es perder un hijo; pero no tiene idea de lo que es perder dos de una vez o más, creo propiamente hablando, perder todos los que tiene uno es perder el amor a la vida, al trabajo y a todo lo que ya no tiene objeto viendo perdidos los hijos”. En 1876, nueve años después de aquella desolación, Díaz asumió el alto cargo de la República a la que siempre creyó liberal y de la que se sintió indispensable.

Esta conversación con el historiador sucede 100 años después de la muerte del hombre que intentó consolidar un proyecto de nación iniciado en 1857, cuando el nuevo pacto constitucional.

___Desde mediados de los años 80, usted propuso una revisión más equilibrada de la figura del presidente Porfirio Díaz. Treinta años después de aquella iniciativa, ¿qué tanto ha cambiado su postura, qué tanto se mantiene en firme? ¿La alternancia del 2000 y el regreso del PRI al poder en 2012 han robustecido su idea de que “ambas figuras sirvieron a su patria, pero corrompieron su vida cívica y la condenaron por 100 años a una minoría de edad”?

___Lo importante siempre es comprender, no condenar. Porfirio Díaz fue una figura absolutamente central en la construcción de México. El país estaba desgarrado tras 50 años de guerras internacionales y guerras civiles, los pocos caminos eran intransitables, el progreso material era nulo, el retraso en todos los órdenes era abismal. No se pueden menospreciar (menos ahora) las tres palabras clave de su largo régimen: “Paz, orden y progreso”. Daniel Cosío Villegas, nuestro gran historiador liberal, ponderó sus logros y encomió su política internacional (tras 23 años de estudiarlo en la magna Historia Moderna de México). La sombra mayor de Díaz, me parece, es su ambición de gloria política: debió dejar el poder en 1904.

___Hay algo de heroico, en el sentido griego, en la vida de Díaz: se creyó libertador de un país ante la intervención extranjera y sufrió al final el descrédito de ese país liberado. “Me siento herido. Una parte del país se alzó en armas para derribarme, y la otra se cruzó de brazos para verme caer”, le contó a Federico Gamboa, ya en
el exilio...


___Es verdad, pero él mismo contribuyó a su derrumbe. Cuando el siglo XX tocó a la puerta, los valores eran otros, ya no sólo los clásicos del crecimiento material y la libertad política, sino la justicia social. México tenía entonces una incipiente clase media urbana y rural que creía en esos valores. Díaz debió hacerse a un lado para abrir paso a esas nuevas corrientes políticas y sociales. No lo hizo, y por ello tiene una cuota de responsabilidad en la hecatombe que se desató. Pero hay que decir que su renuncia en mayo de 1911 tuvo precisamente el sentido de detener la ola de violencia. Y fue, no lo olvidemos, un gobernante honesto.

___¿Es verdad que Díaz fue un caudillo “atípico”? ¿Consolidó realmente una nación liberal?

___En términos políticos, Porfirio Díaz no consolidó, sino que retrasó la consolidación de una nación liberal. Pero creo que la construcción material de México (la proeza de los ferrocarriles, los puertos, las nuevas ciudades, la agricultura comercial y la industria) requería la continuidad del régimen –digamos– por 20 años. La paz –como él mismo dijo– era “forzada”, necesaria para que el país madurara como nación respetada y sólida. No obstante, ese mismo progreso (fincado en el liberalismo económico) generó fuerzas sociales que reclamaban, justificadamente, participación y equidad social en el campo y las fábricas. Pero Díaz, aferrado a su sentido patriarcal de la política, no lo entendió así, o creyó que podía dominar al país hasta su propia muerte física. Se equivocó.

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Los restos de Porfirio Díaz fueron colocados en el cementerio parisino de Montparnasse, donde permanecen actualmente. (Archivo)

Porfirio Díaz tiene 50 años, mira a lo lejos lo que Carlos Marx llama la locomotora de la historia .Es 1880, la pax porfiriana comienza a surtir efecto en todo el país. Sopla viento a favor del hombre que ha construido su propia idea del mundo y está a punto de imponerla sobre las del resto de los mexic anos. Escribe: “Si antes de que yo muera la moralidad se arraiga en nuestra sociedad y en la administración pública; si el pobre encuentra en su patria instrucción y pan; si el rico ha adquirido bastante confianza para invertir su capital en empresas nacionales; si del uno al otro extremo de la República la locomotora, con voz robusta, despierta y pone en movimiento a todos los mexicanos, tan hermoso espectáculo llenará mis deseos”.

___Hay una fase política de Díaz en la que, dice Cosío Villegas, se convirtió en “El Necesario”, el hombre que sabía hacer “arreglos” de altos y bajos vuelos. ¿Cobra mayor importancia un hombre que hizo de la política el arte de lo posible -como diría Bismarck- durante más de 30 años?


___No creo, nunca he creído, en los hombres necesarios. Y no creo tampoco que el ejemplo de Porfirio Díaz pueda servirnos de guía política en el siglo XXI. Lo que ahora necesitamos es madurez democrática, un sólido estado de derecho, disposición al debate, negociación clara, tolerancia. Estos valores no son los valores políticos de Díaz. En lo que decididamente debemos inspirarnos es en el ímpetu constructor de su régimen, la responsabilidad de su trato con las diversas naciones y el patriotismo de su trayectoria militar.

___ ¿Por qué la alternancia en el poder del 2000 no provocó una revisión, como usted lo propuso, de la historia patria? ¿Por qué, lejos de corregir los vicios maniqueos de buenos contra malos y matizar las figuras de los héroes nacionales, los gobiernos panistas afirmaron los errores y los vicios de la historia oficial priista del siglo XX, incluyendo desde luego la figura de Díaz, que no ha pasado por el ácido de la crítica objetiva?

___En algunos ámbitos muy ideologizados persiste la imagen tradicional del villano. Es una imagen insostenible, porque comparado con los dictadores del siglo XX y aun con los presidentes sonorenses (o con Díaz Ordaz), Porfirio Díaz fue un gobernante muy moderado. En los actuales libros de texto, provenientes de los años noventa, la condena a Díaz es ya muy matizada. Se reconoce la obra material. Ya no son libros maniqueos, como la historia oficial que se enseñaba cuando yo fui estudiante de secundaria. Creo que aquella telenovela El vuelo del águila (obra de Ernesto Alonso y Fausto Zerón-Medina) contribuyó también a matizar el juicio adverso. Si se elaborara una encuesta, nos sorprenderíamos en ver que Porfirio Díaz no tiene mala imagen. En cualquier caso, a cien años de su muerte, es importante debatir su régimen, su época y su legado. Conocer y comprender la historia es un principio fundamental para la madurez nacional. Por eso hemos preparado los cinco programas documentales de Clío sobre Porfirio Díaz y su época.

___¿El eventual regreso de los restos de Porfirio Díaz a México provocaría una reforma de gran envergadura sobre la versión de los hechos de nuestra historia? ¿El perdón contribuiría al fortalecimiento de un país, en efecto, más liberal?

___Francamente, a estas alturas, creo que no habría que remover el tema de la repatriación de los huesos. En 1994 yo mismo participé en un proyecto de traerlos a la Iglesia de la Soledad en Oaxaca (donde pidió reposar), pero su nieto Porfirio, increíblemente, lo bloqueó. Quizá los propios oaxaqueños deberían ocuparse en traerlo. Pero reavivar ese tema es inútil. Mejor conozcamos su vida.

___¿Cuánto cuesta el perdón de una Nación?

___Porfirio Díaz no necesita el perdón de México. Los mexicanos no necesitamos perdonar a Porfirio Díaz. Porfirio Díaz necesita la comprensión de México. México necesita comprender a Porfirio Díaz.
   

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EXILIO

    

Porfirio Díaz

Porfirio Díaz tiene 81 años, todo ha sucedido. Madero “ha soltado al tigre”. La pólvora, como diría Octavio Paz, vuelve a oler sobre el mantel de todo el territorio nacional. La barca le espera para, dantescamente, llevarlo a un lugar del que no volverá. Díaz se siente defraudado, algún día, ya muy lejano, dijo: “Al mandatario que no sabe levantarse solo, el vulgo generalmente lo desconoce”. Es 25 de septiembre de 1911. Manda su carta de renuncia al Congreso. Dolido, escribe en el último párrafo: “Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional un juicio correcto que me permita morir llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas”.

Porfirio Díaz es un fantasma de 100 años que se pasea con bastón en Montparnasse . Es 2 de julio de 2015.



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