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CULTURAS

Gustavo Cerati: elegía a la furia

La muerte del argentino deja un vacío en América Latina. Su música fue un parteaguas en el rock latinoamericano, así como una notable influencia en muchísimas bandas. Gustavo pretendía ir más allá del pop que se hacía en otros países, aseguran expertos.
Myrna Martínez
04 septiembre 2014 22:41 Última actualización 05 septiembre 2014 5:5
Gustavo Cerati es recordado en todo el mundo tras su muerte. (AP)

Gustavo Cerati es recordado en todo el mundo tras su muerte. (AP)

Gustavo Cerati, vestido de blanco, daba vueltas sobre el escenario el 15 de mayo de 2010 en el estadio de futbol de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, Venezuela. Mientras interpretaba Lago en el cielo, la última de esa noche, no se veía mal, movía la cabeza y tocaba prodigiosamente el solo final en su guitarra negra. Cuando terminó el concierto no parecía que el hombre alado se estaba preparando para extrañar la Tierra.

Después de sufrir un accidente cerebrovascular, fans de todo el mundo se unieron en plegarías y querían hacer trueques con Dios: le ofrecían a Arjona, a Maná y a un montón de artistas con tal de que despertara de su sueño, pero Dios no escuchó. En el hospital, su familia y amigos vivieron cuatro años con la esperanza de que pasara un milagro, y tal vez, eso es lo que ocurrió ayer cuando por fin pudo partir como una flecha salvaje.

Uno de sus amigos y colegas, Marciano, cantante de los Enanitos Verdes, lo fue a ver al hospital cuando quedó en coma, y, dice que pudo constatar el amor de su familia.

“Puede resultar extraño, pero pude darme cuenta que él estaba vivo en esa cama, reaccionaba en la respiración cuando su mamá le hablaba, cuando yo le hablé y tomé su mano en mis manos; digo esto y tengo una cosa en la garganta, pero sé que eso no era vida para él ni para su familia, tengo como sentimientos mezclados”, platica el vocalista.

Marciano considera que Cerati era un caballero, educado, un dandy elegante y, sobretodo, el estandarte del rock argentino y latinoamericano. El primer disco de Soda Stereo fue lanzado en 1984 y para muchos fue como hallar un misil en el placard, un modelo armado de distintos géneros, pero con una identidad propia.

Las influencias eran claras: The Beatles, Police, con un toque de new wave y ska; hay gente que asegura que hay riffs de The Cure y de King Crimson en sus canciones, pero Cerati nunca negó su amor por Lennon, David Bowie y por el rock progresivo que bandas argentinas como La Máquina de Hacer Pájaros (donde tocaba Charly García) y Vox Dei ya experimentaban desde los 70. El músico solía decir que nadie está inventando nada de cero y que toda la música que escuchaba representaba una influencia.

Para el crítico y cronista del rock mexicano Chava Rock, fue una fortuna que la ecléctica propuesta con toque inglés y look glam de Soda Stereo llegara a nuestro país antes que la de Hombres G.

“Su música pretendía ir más allá del pop que se hacía en otros países. A nivel mediático sirvió para posicionar el rock con más propuesta, trajeron a México toda una revolución que ayudó a abrir más puertas”, dice Chava Rock.

El año en que salió su disco debut, el guitarrista Alejandro Marcovich regresó a su natal Buenos Aires después de nueve años de no hacerlo. Él tenía un grupo en México que se llamaba Las Insólitas Imágenes de Aurora, con dos músicos jóvenes, Saúl Hernández y Alfonso André.
“En una tienda de discos me encontré con el primer LP de Soda Stereo, me llamó la atención y quise compartirlo con mis compañeros. Estábamos entusiasmados por escuchar algo con una propuesta distinta de lo que era el rock argentino, era fresco y diferente. Aprendimos algo a partir de entonces”, dice el ex integrante de Caifanes.

El llamado Rock en tu idioma se dejó permear por Soda Stereo. Bandas como Neón, Amantes de Lola y, posteriormente Caifanes, se escuchaban contagiados por la agrupación argentina.

Enanitos Verdes también sonaba muy fuerte en el país, y aunque eran contemporáneos a Soda Stereo, Marciano confiesa que siempre admiró a Gustavo.

“Soda Stereo siempre estaba un poco adelantado a nosotros. Una vez que tocamos en el mismo festival, cuando terminamos de tocar, salgo del escenario y alguien me abraza, fue un abrazo muy genuino, de cariño, de respeto y de aprobación; me lo dijo así: ‘felicidades, realmente fue un muy buen show’, y cuando levanté la vista, era Gustavo Cerati, ¡y eso fue en los 80!”, recuerda Marciano.

En un México absolutamente rendido a los pies del trío argentino, que ya presumía tres exitosos discos, el grupo visitó por primera vez el DF para ofrecer una serie de conciertos, el primero, en la disco Magic Circus, el 4 de agosto de 1987. Tony Méndez, dueño de Rockotitlán y bajista de Kerigma, fue de los primeros en recibirlo.

“La primera banda que conoció Soda Stereo cuando llegó a México fue Kerigma, en un showcase que se hizo para la prensa, amigos cercanos y empresarios. Al día siguiente tocaron en el Magic Circus”, refiere Méndez.

“Lo más significativo de su concierto fue a la hora en que cantaron Cuando pase el temblor: todos estábamos cantando a pulmón abierto porque para nosotros fue una sacudida tremenda por todo lo que habíamos pasado por el terremoto que sacudió a la Ciudad de México y lo que nos implicaba en ese momento”, añade el músico y promotor.
Generaciones de músicos vieron en Soda Stereo a un grupo en constante evolución, nunca se quedaba estático, como lo demostró con su sexto álbum, Dynamo, en el que incluyó influencias de la música shoegaze y el pop británico de Manchester, algo con lo que pocas bandas latinoamericanas experimentaban todavía.

En 1992, para abrir esa gira, los argentinos invitaron a una banda mexicana joven, que tan sólo tenía un álbum de estudio. Desde el primer momento, La Lupita fue acogida por Soda Stereo y su guitarrista, Lino Nava, mantuvo una amistad con Gustavo Cerati hasta el día de su muerte. Nava recuerda que a su amigo le gustaba mucho la fiesta, que “le daba la vuelta” a muchos de ellos, pero en realidad eso era lo de menos, porque él siempre fue una persona cariñosa y un maestro.

“Para un grupo nuevo, tocar con estos gigantes fue maravilloso y una especie de lección; traían un tremendo iluminador y hasta un masajista. Era una producción muy grande, de otra jerarquía. Él era un guitarrista apasionado de la tecnología, yo sólo tenía dos guitarras y un pedal, y con él conocí lo que era un ecualizador programable, un rack; él le sacaba provecho a todos los aparatos”.

Tras la separación de Soda Stereo a finales de los 90, Cerati siguió con su etapa más experimental y solista.

“En Amor amarillo y Bocanada, Gustavo explotó sonidos que no pudo hacer con Soda. Esta etapa fue un parteaguas en su carrera, ya que saltó a la música electrónica. La conjunción que logró entre lo eléctrico y lo acústico fue fabulosa”, señaló el músico Jorge Fratta, quien realizó un cover de Té para tres.

En 2001 ya no era el hombre que compuso Persiana Americana. Tenía un sonido que hilvanaba el rock, el downtempo y el trip hop. Eso lo llevó a participar en el proyecto “Música para Despertar”, el cual se realizó en la zona del Ajusco. La idea era que el músico argentino compusiera tres canciones con base en la experiencia que tuviera en un temazcal, en el que participaron monjes de la India y Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacvba.

“Era de noche y el fuego nos calentaba entre los árboles del bosque. Recuerdo a un Gustavo muy espiritual que hablaba mucho sobre el fuego y el despertar de la conciencia. Entró en shorts al temazcal. Hablaba de forma poética, con frases cortas”, recuerda Héctor Fernández Delfín, quien organizó el proyecto, que culminó en un concierto en el Teatro Metropólitan, en el DF.

La última vez que se presentó en la Ciudad de México fue durante su última y fatídica gira para promocionar Fuerza Natural, cuatro meses antes de que interpretara Lago en el cielo por última vez. Al terminar la función, Cerati se dirigió al karaoke de su amigo Lino Nava en la Condesa, donde se dieron un abrazo y un beso por última vez: “Hoy es un día de tristeza y melancolía, una celebración de lo que nos dejó”, concluye Nava.

TODO EN ARGENTINA ES HOMENAJE A CERATI


“Poder decir adiós es crecer”, dice la canción Adiós, de Gustavo Cerati, un nombre que inunda Buenos Aires tras su partida, ayer, a los 55 años. Miles de admiradores de diferentes países esperaban afuera del edificio de la Legistatura, en la capital argentina, donde desde anoche son velados sus restos, en el Hall de Honor.

La familia solicitó tiempo en privacía antes de abrir las puertas al público, para acompañar al músico. Su cuerpo será sepultado hoy en aquella ciudad conosureña.

“Cómo no voy a venir, si él formó parte de mi vida”, declaró a la prensa un fan peruano, que aguardaba junto a jóvenes que, vestidos como Cerati, interpretaban canciones de Soda Stereo.

Ayer, en la entrega de los premios Gardel de la industria discográfica argentina, todo fue un homenaje al cantante, relata desde aquel país Daniel Amiano, editor de La Nación Tevé y columnista de rock del diario. “Todos los músicos estaban hablando de él, todos le dedicaban el premio a él. Acá no se habla de otra cosa. Los noticiarios tienen una cinta negra de luto. La tapa de todos los portales de la Argentina son fotos de Gustavo”, dice.

El periodista destaca la tenacidad que ha mostrado Lilian Clark, madre del compositor, quien siempre estuvo junto a su hijo en estos cuatro años que permaneció en coma. “Su fuerza es conmovedora. Se ha convertido en una figura muy importante en este momento”.


Con información de Eduardo Bautista, Rosario Reyes, Domingo Aguilar y Sandra Aguilar

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