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culturas

Genio mexicano, al concurso Tchaikovsky; es el primer latino

Saúl Ibarra será el primer latinoamericano que participa en el Concurso Internacional Tchaikovsky para Jóvenes Músicos, en Kazajistán. Desde los 4 años, cuando escuchó a su hermana tocar el piano que su papá le compró, se enamoró del instrumento.
María Eugenia Sevilla
12 junio 2017 22:16 Última actualización 13 junio 2017 5:0
Saúl, con 16 años cumplidos, se convertirá en el primer latino que participe en el concurso, que tendrá lugar en Kazajistán. (Alejandro Meléndez)

Saúl, con 16 años cumplidos, se convertirá en el primer latino que participe en el concurso, que tendrá lugar en Kazajistán. (Alejandro Meléndez)

No, no era un chico común. Desde los 4 años, cuando escuchó a su hermana tocar el piano que su papá le compró, se enamoró del instrumento. Los ídolos de Saúl Ibarra no portaban un 10 en la camiseta, no. Su espíritu infantil se regocijaba en la música que producían las manazas de Vladimir Horowitz, los dedos certeros de Martha Argerich, la monumental fuerza de Sviatoslav Richter...

Nadie en su familia se dedicó nunca a la música. Pero eso no impidió que, en vez ensuciarse las rodillas en la cáscara, sus tardes en Ajijic transcurrieran pulcramente frente al teclado. Pero debió tener paciencia, porque fue hasta los 7 años que su primera maestra, Cecilia Ochoa, lo aceptó como alumno.

Entonces supo que aquel banquillo negro era su lugar favorito en el mundo. “Ella vio potencial en mí y yo a los 10 ya sabía que a eso me iba a dedicar; no había nada que me gustara más”, cuenta.

En cosa de cinco años, Ajijic le quedó estrecho. Le dijeron que en Colima había una pareja de rusos con la que podía estudiar, así que una vez a la semana su madre lo llevaba desde el municipio Chapala hasta a la capital del estado vecino para recibir una lección de Anatoly Zatin o de Vlada Vassilieva. Ambos dan clase en el Instituto Universitario de Bellas Artes (IUBA) de la Universidad de Colima, del cual Zatin es director.

“Era pesado: dos horas de ida y dos de vuelta, regresar en la noche. Y mi mamá tenía que trabajar. Ella le ayudaba en su negocio a mi papá, que es ingeniero y tiene una pequeña empresa de materiales de construcción. Yo tenía que pedir permiso para salir de la escuela a las 11, y en Colima tomaba una clase de dos o tres horas, muy intensa”, recuerda.

Los esfuerzos de aquella tarde se deformaban al practicar solo en casa durante la semana. “Si realmente quieres esto, tienes que venirte a Colima”, la recomendación. Quiso. Y con 12 años, se fue de Ajijic. La tía Margarita, prima hermana de su mamá, le abrió las puertas de su casa, que queda a 15 minutos en bici del instituto.

“Allí puedo estudiar todo lo que quiera. Cierran las 11”, comparte. “Estoy muy agradecido con toda mi familia, sin su apoyo no podría haber continuado”.

El esfuerzo no fue en vano: pasado mañana Saúl, con 16 años cumplidos, se convertirá en el primer latinoamericano que participe en el Concurso Internacional Tchaikovsky para Músicos Jóvenes, que tendrá lugar en Astana, Kazajistán.

Se trata de uno de los certámenes juveniles más importantes, una rama del Concurso Internacional Tchaikovsky que se celebra cada cuatro años en Moscú, donde surgió en 1958. Grandes pianistas han pasado ante su sínodo: Vladimir Ashkenazi lo ganó en 1962; Barry Douglas en 1986 y Boris Berezovski en 1990.

En 1992, la organización inauguró la vertiente para menores de 17 años, que han ganado figuras como Lang Lang. También hay concursantes de violín y violonchelo. Este año hubo 650 aspirantes a las tres categorías y, de 20 países, fueron seleccionados 40 en cada una.

CUESTA ARRIBA
Prepararse para un concurso así implica un repertorio de grandes ligas, que Saúl ha comenzado a conquistar en relativamente poco tiempo. “Diariamente estudio seis horas, pero pueden ser ocho cuando estoy motivado”, dice.

Cuando llegó con los maestros rusos en 2012 dominaba piezas que ahora considera sencillas: la Sonata Facile, de Mozart; el Gran Vals Brillante, de Chopin... “Zatin me obligó a dar un salto muy grande”. Montó la Pulcinella, de Rachmaninoff, y el Estudio 25, de Chopin, para empezar. Ahora tiene en repertorio obras como las sonatas 21, de Beethoven, y 3, de Prokofiev, el vals Mephisto, de Liszt, y prepara el muy difícil Concierto número 2, de Rachmaninoff.

El concurso consta de tres rondas, en las que Tchaikovsky es autor obligatorio. En la primera abordará además a Bach, Chopin y Rachmaninoff; en la segunda, a Liszt y Prokofiev, y en la tercera tocará el Concierto número 1 de Liszt, una obra que comenzó a poner en junio de 2016. Lo tocó con la Filarmónica de Zacatecas en diciembre de ese año y con él ganó, en febrero pasado, el primer lugar en un concurso de música rusa en Vancouver -otra de las oportunidades que le abrieron a él y a otros jóvenes pianistas del IUBA sus maestros de Colima, quienes fueron jueces de dicho certamen, aunque no participaron en la calificación de su alumno.

Cuando recibió la carta de Kazajistán con el anuncio de su aceptación en la competencia, el pasado 1 de mayo, la preocupación sucedió de inmediato al gozo. No había dinero para viajar. Pero maestros y familiares se lanzaron a una campaña que le peRmitió reunir los fondos necesarios en un mes.

“Mucha gente nos ayudó, alrededor de 30 personas hicieron donaciones y logramos la meta, nos alcanza hasta para viáticos y todo, porque también va mi hermana conmigo; no puedo ir solo porque soy menor de edad”, comparte.

Ayer tomó el avión rumbo a Kazajistán, después de ofrecer un par de conciertos el jueves y el domingo pasados en el Teatro Degollado de Guadalajara, donde interpretó, junto a la Filarmónica de Jalisco, el Triple Concierto, de Beethoven, con Iván Pérez en el violín y Rolando Fernández en el violonchelo.

Permanecerá en Europa hasta el 25 de junio. ”Me quedaré aunque me eliminen, porque voy a aprovechar para ver todo lo que pueda“. A su retorno pretende participar en el Segundo Concurso Nacional de Piano Universidad de Guadalajara.

“Lo que tengo planeado es terminar la prepa y entrar a licenciatura ahí mismo en el IUBA, con mis maestros, sigo aprendiendo mucho de ellos; tengo que aprovechar y, al cabo de cuatro años, buscaré una beca en el extanjero; me gustaría Europa, pero falta mucho”, dice.