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Frenk y su afán por 'El Quijote'

La prestigiada hispanista será reconocida hoy en Bellas Artes. Tiene casi 90 años, muchos de ellos consagrados al estudio del universo cervantino. Asegura que reducir el volumen del Quijote es una barbaridad. 
Eduardo Bautista
18 agosto 2015 0:7 Última actualización 19 agosto 2015 16:44
Frenk nació el 21 de agosto de 1925 en Hamburgo, reside en México desde los 15 años. (Cortesía)

Margit Frenk desde su estudio en el Centro de Tlalpan. (Cortesía de la autora)

Margit Frenk no habita en este mundo cuando habla del Quijote. Está sentada en el sofá de su casa pero la vehemencia en sus palabras la lleva a La Mancha en un santiamén. La pasión de su vida se llama Cervantes. Tiene casi 90 años, muchos de ellos consagrados al estudio de ese universo. Asegura que reducir el volumen del clásico del español es un desacierto que linda en la barbaridad.

“Me parece terrible cualquier intento de sintetizar el Quijote. Es un libro que debe leerse entero. Es un gozo y una maravilla en cada párrafo. Si lo reducimos corremos el riesgo de perder el sentido crítico de la obra. No concibo una edición que contemple sólo las aventuras y ampute los diálogos entre Don Quijote y Sancho Panza. Sería una pérdida espantosa, una deformación”, sostiene Frenk sobre la versión popular y reducida de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, editada por el escritor español Arturo Pérez-Reverte a petición de la Real Academia Española (RAE).

Frenk ha escarbado en lo más profundo de la obra cervantina. Sus aportaciones son tan relevantes que hoy se le rendirá un homenaje en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Dedicó más de seis décadas a la vida académica. Dedicó más de seis décadas a la vida académica. Practicó la docencia y la investigación en la UNAM y el Colegio de México. Residió cinco años en la Universidad de California en Berkeley. Volvió porque –acepta– no soportó la soledad. Durante ese lustro dio clases de español y aprendió italiano.

“Creo que siempre hay una manera de acercarse a la literatura sin conocimientos previos, sin tomar en cuenta lo que escriben otros críticos y especialistas. Eso puede lograrse en novelas tan inventivas como las de Cervantes. La clave está en realizar una lectura sin prejuicios y con lupa. Actualmente hay pocas cosas que no se comprenden del Quijote”, comparte Frenk.

La autora de Entre la voz y el silencio sostiene que antes, en la época novohispana, la gente analfabeta entendía las obras de Tirso de Molina o Lope de Vega porque se leían en voz alta. Según ella, el teatro era entendido porque se actuaba y la poesía porque se cantaba.

Dice que el lenguaje es una necesidad humana. Un proceso que palpita alejado de cualquier concepción literaria. Ninguna obra, advierte, es capaz de modificar sustancialmente al español. Considera que las redes sociales sólo han cambiado la dinámica de la lengua, pero no ha modificado su estructura. Se maravilla al navegar en Internet, afirma que éste es una veloz enciclopedia que ha facilitado sus investigaciones.

Pese a sus severos problemas de la vista, Frenk no imagina la existencia sin el intenso trabajo cotidiano. Nada la ha alejado de su amor desenfrenado por la investigación y la literatura. En su pequeño estudio hay una computadora y decenas de manuscritos abiertos. En su escritorio yacen papeles por doquier. Tres libreros flanquean su figura y un enorme diccionario indica que sí, que Margit Frenk sigue trabajando por todo y pese a todo. Incluso comparte que el próximo mes saldrá a la venta su nuevo libro, titulado Don Quijote muere cuerdo y otras aventuras cervantinas, editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) bajo la colección Cenzontle.

El timbre suena y Frenk abre la puerta a paso lento. Entra una mujer. Le dice que aguarde en el estudio, que la entrevista está a punto de concluir. Margit es muy disciplinada en sus horarios. Exigente hasta en el mínimo detalle. Hay una especie de simetría en su hogar. El orden se observa desde el librero hasta la cocina. Al fondo de la sala, un piano revela la otra de sus grandes pasiones: la música.

Con notorio desencanto, Frenk admite que ya no lo toca. Su artritis fue la culpable. Bach es su compositor favorito, aunque también reconoce un gusto desmedido por la polifonía del Renacimiento. Cuenta que, de hecho, una de las investigaciones que actualmente realiza está relacionada con este tema: “En la catedral de Oaxaca se encuentra un tesoro. Es un manuscrito de música polifónica de comienzos del siglo XVII, del compositor guatemalteco Gaspar Fernández. Son casi 300 composiciones. Pero también es una antología poética impresionante. Es un descubrimiento único para quienes estudian la literatura novohispana. Imagínese que en 1612 ya se cantaban villancicos con obras de Lope de Vega”.

Ha pasado casi media hora desde que Margit Frenk comenzó a hablar del Quijote, el lenguaje y la música. Es considerada una de las mejores hispanistas del mundo, pero habla poco sobre su homenaje. No se siente como una autoridad. Prefiere que la vean como una impetuosa lectora. O como una entregada investigadora. Recuerda entonces a Cervantes. Y dice que el hombre no puede dejar de leer el Quijote; hacerlo sería como pasar al lado de una mina de oro e irse con las manos vacías.



EL HOMENAJE

En el reconocimiento por su trayectoria como hispanista, folclorista e investigadora de la lengua estarán Margo Glantz, Ambrosio Velasco Gómez y Gonzalo Celorio.

Frenk nació el 21 de agosto de 1925 en Hamburgo. Reside en México desde niña. Se graduó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y es miembro con número de la Academia Mexicana de la Lengua.