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Fotografía: Alientan un nuevo coleccionismo

La galerista Patricia Conde advierte del escenario más bien desértico que domina la venta y, por ende, el coleccionismo fotográfico en México, una actividad que, sin embargo, comienza a cobrar interés. La próxima primera edición de ZsONA Maco Foto se encamina a impulsarlo.
Myrna I. Martínez
09 septiembre 2015 22:58 Última actualización 10 septiembre 2015 5:0
El problema es que en el país todavía no existe un coleccionismo de foto informado y consciente.

El problema es que en el país todavía no existe un coleccionismo de foto informado y consciente. (Cortesía ZsONA Maco Foto)

“¿Y no vende pósters?”. Una pregunta incómoda que no le es extraña a Patricia Conde, una de las galeristas especializadas en fotografía más importantes del país. Recientemente exhibió en su espacio ubicado en Polanco una muestra sobre el fotorreportero estadounidense Steve McCurry, autor de aquella imagen de una joven afgana de penetrantes ojos verdes, que ha sido la más famosa portada de National Geographic. “La gente me preguntó si cobraba la entrada. En cuanto me acerco a platicarles la historia que hay detrás de la foto salen corriendo”, comenta.

Las anécdotas que comparte Conde dan cuenta del escenario más bien desértico que domina la venta y, por ende, el coleccionismo fotográfico en México, una actividad que, sin embargo, comienza a cobrar interés. La próxima primera edición de ZsONA Maco Foto se encamina a impulsarlo.

El problema es que en el país todavía no existe un coleccionismo de foto informado y consciente, a pesar de que, dice Conde, hay más interés por coleccionar imágenes y más fotógrafos. De McCurry, por ejemplo, sólo vendió cinco piezas.

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La gente no ve la foto como la obra de arte que puede tener en su casa y piensa que por ser una impresión vale menos. Se necesita que todos los involucrados le agreguemos ese valor histórico, teórico y técnico y la reivindiquemos”, opina Silvia Zárate, quien desde principios de año fundó, con Isabel Gil, la galería Gil–Zárate, enfocada a vender y difundir el trabajo personal de artistas emergentes o
fotoperiodistas que desean mostrar otra faceta de su trabajo.

“La fotografía es una obra de arte al igual que una pintura o escultura, reconocerlo ha sido el problema desde que Alfred Stieglitz quiso abrir su galería a principios del siglo pasado en Nueva York. Todo el mundo lo criticaba”, recuerda Zárate.

Federico Gama, creador de la serie Cholos de Nezayork, coincide en que hace falta valorar la disciplina. “Hace falta educar a los coleccionistas jóvenes”, considera. “Es cuestión de entender por qué es importante tener obra de algún autor, cuando hay todo un peso conceptual y técnico”.

Conde explica que en el extranjero los compradores se informan, investigan y toman decisiones a partir de la colección que quieren formar. Muchos de ellos, por ejemplo, buscan sólo trabajos de artistas mexicanos como Héctor García o Kati Horna. Pero aquí -sostiene- el comprador no se informa, ignora qué quiere porque hay un desconocimiento de los artistas.

“Hay que ver muchas cosas para saber coleccionar”, dice Conde, quien lleva más de una década en el ramo. En su galería cuenta con obras de más de 30 artistas consolidados, como Mary Ellen Mark, Adam Wiseman, Gabriel Figueroa o Canon Bernáldez, y en octubre abrirá un espacio dedicado a las propuestas emergentes.

Ella recomienda entrar sin pudor a galerías, pedir información sobre las piezas, conocer su historia y, sobre todo, pensar en qué foto se necesita para formar una colección congruente (desnudo, paisaje, retrato...). Y nunca comprar por comprar.

Para generar una cultura del coleccionismo es vital acercarse a los galeristas, advierte Conde. Muchas veces el comprador contacta al artista directamente para adquirir la obra a menor precio, y éste termina por malbaratar su trabajo. Hace poco, recuerda, el asistente de Steve McCurry le reenvió el correo de una persona que estaba interesada en comprar una obra, pero que prefirió hacer el trato directo con el autor para ver si obtenía mejor precio. “Reenviarme el correo fue un acto de reconocimiento a mi trabajo; pero eso no lo tenemos en México. Aquí hay mucho resquemor, mucho miedo de trabajar con galerías; los fotógrafos no se dan cuenta que somos socios y que en la medida en que ellos crezcan, yo crezco, y al revés. Se desconoce lo que una galería hace y yo creo que es hora de que muchos artistas se acerquen a nosotros”.

Zélika García, directora general de ZsONA Maco Foto, afirma que en el mundo hay un auge del coleccionismo de foto y video, por lo que busca activar el mercado mexicano a través de la feria que se realizará del 24 al 27 de septiembre en Centro Banamex, con la participación de 26 galerías nacionales e internacionales.

“Ya hay un incremento notable en las colecciones, además hay obras que desde hace un par de años han sobresalido en subastas, que en conjunto con el surgimiento y desarrollo de ferias, y espacios especializados han resultado en el aumento de su exhibición y venta con un gran rango de precios”, dice Zélika García.

Coleccionar fotografía tiene ventajas, es más accesible. En la exposición de Dalí de Cadaqués, realizada el mes pasado en el Hotel Presidente, en el DF, se ofrecían piezas únicas y originales de Robert Descharnes en 3 mil 500 dólares. En la galería de Patricia Conde hay de McCurry desde 3 mil 500 dólares, y el próximo mes, que tendrá de invitado a Michael Kenna, habrá trabajos de 2 mil 500 a 5 mil dólares. El trabajo de los fotógrafos emergentes, como los que expondrá Gil–Zárate en ZsONA Maco Foto, se puede adquirir desde 600 dólares.

Es importante investigar si la foto es original, está numerada, certificada y con cuántas impresiones; entre menos, vale más, dice Conde. “¿Qué te interesa? ¿Cuál es tu fetiche? Muy poca gente sabe contestar a esa pregunta, y en eso radica el coleccionismo”.

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