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CULTURA

Entre la lucha social
y las artes gráficas

La grabadora mexicana Sarah Jiménez sostiene en entrevista con EL FINANCIERO que el arte plástico es esencial en el desarrollo cultural del país. 
Carmen García Bermejo
03 febrero 2014 23:47 Última actualización 04 febrero 2014 5:0
La artista plástica Sarah Jiménez exhibirá su obra en una retrospectiva de 50 trabajos. (Archivo)

La artista plástica Sarah Jiménez ha trabajado sobre placas de madera. (Archivo)

La artista plástica Sarah Jiménez, una de las últimas exponentes del Taller de Gráfica Popular, celebra su 87 aniversario con una exposición retrospectiva conformada por 50 obras, cuatro placas de grabado en metal, una en madera y una pintura. La muestra se exhibe en el Salón de la Plástica Mexicana en reconocimiento a su trayectoria como grabadora.

Originaria de Piedras Negras, Coahuila, Sarah Jiménez nació el 3 de febrero de 1927, pero a finales de los años 40 se trasladó a la ciudad de México para ingresar a la Academia de San Carlos y, después, a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Desde 1957 ha participado en innumerables exposiciones nacionales y extranjeras.

En 1954 conoció a Pablo O’Higgins y Leopoldo Méndez, fundadores del Taller de Gráfica Popular (TGP), colectivo que crearon en 1937 con el fin de apoyar, através de su obra, las causas de la Revolución Mexicana. Ella ingresó al Taller en 1963.

“En esa época todavía conocí a Leopoldo Méndez. Después él se separó del TGP, pero seguimos. Yo estaba en La Esmeralda cuando Francisco Mora, Ignacio Aguirre y O’Higgins me invitaron a colaborar en el Taller. Todos éramos de ideas revolucionarias. La gente de sindicatos nos buscaba y nos pedían grabados para ilustrar sus desplegados”, recordó en entrevista con EL FINANCIERO. 

Su padre era médico de los ferrocarriles y se estableció en Córdoba, Veracruz, durante mucho tiempo. La obligó a cursar una carrera comercial, dijo, porque no quiso entrar a la preparatoria. Estudió tres años en una escuela de taquigrafía, pero luego decidió ingresar a La Esmeralda, en donde tuvo como maestros a Agustín Lazo y Carlos Orozco Romero.

“Lo que me gustaba del TGP era el contacto que los artistas plásticos teníamos con obreros, campesinos y estudiantes. Llegaban a solicitarnos volantes para sus manifestaciones. Me tocó vivir cuando en la época de López Mateos asesinaron a Rubén Jaramillo y a toda su familia, incluyendo a su esposa embarazada. Fue terrible. La gente de Guerrero nos pidió gráficas para protestar por esa infamia”.

En la actualidad, Sarah Jiménez vive en una humilde casa cercana al Monumento a La Raza, en el DF. Su obra pertenece a grandes colecciones y museos en todo el mundo.
Pero confiesa que gran parte de sus grabados los subastó en Texas para obtener recursos que le permitieran contrarrestar la enfermedad de una de sus hermanas. Por eso, una de sus piezas más importantes, Zapata, pertenece al acervo del Mario Koogler McNay Museum, en San Antonio. Texas.

“Yo hice varios dibujos, no grabados, denunciando la miseria a la que los gobiernos han sometido a los campesinos. En estos cerca de 90 años de vida me ha tocado ver muchas cosas, y el gobierno no deja de pisar al pueblo. Cuando estábamos en el TGP fui, con Andrea Gómez, a trabajar con los campesinos de El Mezquital. Allí hacíamos apuntes de la población y conocimos su realidad”.

“Ahora se necesita mucho del TGP porque las condiciones del país lo demandan. Sin embargo, a los estudiantes de artes plásticas de ahora ya no les interesa la sociedad. Sólo aspiran a estar en las galerías y en los museos”.

Ahora se necesita mucho del Taller de Gráfica Popular porque las condiciones del país lo demandan