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Enemigo identificado

Si Europa fracasa en la asimilación del migrante, el mundo conocerá nuevas formas del terror. Históricamente, los procesos migratorios han generado discriminación, xenofobia y racismo, advierten especialistas.
Eduardo Bautista
04 octubre 2015 21:1 Última actualización 05 octubre 2015 5:0
Casi un millón de personas han arribado en las últimas cuatro semanas a territorio europeo. (Reuters)

Casi un millón de personas han arribado en las últimas cuatro semanas a territorio europeo. (Reuters)

¿Por qué están invadiendo Europa si nadie los quiere? ¿Por qué nos traen su guerra? ¿Cuántos suicidas como tú están llegando a nuestro hogar? ¿Por qué no se van a Arabia Saudita...? Ninguna de esas preguntas esperó recibir la periodista turca Jenan Moussa cuando pidió a sus seguidores en Twitter que le enviaran mensajes de solidaridad a Abu Yazan, un joven sirio que estaba a punto de salir de su país con sólo una cajetilla de cigarrillos en el bolsillo. Sorprendida, canceló la dinámica. Pero una inquietante realidad quedó para siempre en la web: a muchos europeos les aterra la idea de convivir con musulmanes.

El caso no es nuevo. Históricamente, los procesos migratorios han generado discriminación, xenofobia y racismo sostienen el escritor Alberto Ruy Sánchez, el poeta Javier Sicilia, la socióloga Esther Shabot y la internacionalista Ismene Bras. Basta recordar la persecución que emprendió la iglesia Católica contra los hugonotes –calvinistas franceses– en el siglo XVI por temor a una expansión de las doctrinas protestantes en Europa (el mayor emblema de la masacre sucedió en la Noche de San Bartolomé en agosto de 1572). O el Holocausto, generado por la intolerancia del régimen nazi tras las grandes migraciones de judíos en los siglos anteriores.

“Está en la naturaleza humana el germen de la intolerancia. Las situaciones extremas, como los procesos migratorios, despiertan siempre el primitivismo social más retrógrado de la humanidad”, asegura Ruy Sánchez.

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DESPLAZADOS


Migrantes

No es casualidad –dice Shabot– que los grupos de extrema derecha estén recobrando fuerza en países como Francia, Holanda o Dinamarca. El Frente Nacional de Francia ya advirtió que ninguna de las 11 ciudades en las que gobierna recibirá a un solo refugiado. “Estos migrantes clandestinos permanecerán en nuestro territorio a costa del contribuyente francés. Con la llegada de esta gente favorecemos la infiltración de terroristas islamistas en nuestra sociedad”, señaló el partido.

Casi un millón de personas han arribado en las últimas cuatro semanas a territorio europeo. La mayoría proviene de Siria, aunque también hay desplazados de Iraq, Pakistán, Afganistán, Eritrea y Nigeria. El peligro –advierte Sicilia– es el choque social, cultural y político que tarde o temprano sucederá entre la comunidad europea y los grupos migrantes.

“Vivimos en un mundo que sataniza al extranjero. Es un imaginario que, por desgracia, padecemos desde hace muchos años. En el fondo, ésa es la cultura sumamente primitiva que no hemos podido transformar. Cualquier persona que provenga del exterior es vista como una amenaza de destrucción de los valores, las economías y las formas de vida”, agrega.

La realidad –considera Bras– es que a Europa nunca le ha gustado lo que está más allá de sus fronteras. Y menos en tiempos de crisis económica, cuando la gente suele culpar a terceros por la mala situación de su país, asegura.

“Si comparamos el número de refugiados sirios con la cantidad de migrantes africanos que llegan cada año a Europa, veremos que no son tantos. Sin embargo, la percepción europea sobre la cultura musulmana es tan negativa que se ha hecho un escándalo de todo esto. Hay un temor latente e histórico a una invasión sociocultural”, añade.

Shabot afirma que los gobiernos europeos deben ser muy inteligentes a la hora de integrar a sus nuevas poblaciones. De lo contrario, dice, podría desatarse una fuerte ola de violencia social.

Algunas reacciones ya se han presentado. Y de qué forma. En Alemania se han registrado 200 ataques contra los campamentos de refugiados en lo que va del año, según el Ministerio del Interior. Los enfrentamientos entre grupos neonazis y policías son cada vez más frecuentes, sobre todo en el Este del país, en donde se encontraba la vieja RDA.

“Hay que tener cuidado con las reacciones violentas que pudieran surgir del Centro y Este de Europa. Alemania juega un papel fundamental por su posición geopolítica; si se vuelve intolerante, los demás países también lo harán. También habrá que observar muy de cerca a Italia y a los países escandinavos”, indica Bras.

Ruy Sánchez asegura que la transformación cultural y racial de Europa ya es una realidad. Quizás el aspecto más palpable de esto es el surgimiento de grupos radicales que simpatizan con el Estado Islámico. “Antes que pensar en la migración como un problema, hay que hacer lo posible por detenerla. La guerra en Siria tiene que acabar ya”, enfatiza.

“Históricamente, Europa ha sido muy dura con los desplazados.
Recordemos cómo trató Francia a los exiliados españoles de la Guerra Civil. Y eso que es el país donde nacieron los ideales modernos de la fraternidad, la libertad y la igualdad... No olvidemos que la culpa de esta migración la tuvieron los gobiernos occidentales cuando, en nombre del capital, se metieron en la vida de África y Medio Oriente. El dinero destruye los ideales éticos y políticos”, concluye Sicilia.