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El show de Trump

Jesús Silva-Herzog Márquez, León Krauze y Luis Antonio Espino analizan el lenguaje del polémico republicano, Donald Trump.
Eduardo Bautista
20 septiembre 2015 20:57 Última actualización 21 septiembre 2015 5:0
Donald Trump. (AP)

Donald Trump representa a una clase social racista y xenófoba que ha sido segregada política y culturalmente desde 2009, cuando Barack Obama ganó la presidencia, sostiene Silva-Herzog. (AP)

Donald Trump habla aquí y allá. Dice que sí, que Barack Obama es musulmán, que los migrantes son el cáncer de Estados Unidos y que cada ciudadano tiene el derecho de portar armas en la calle. Aparece en la televisión, concede entrevistas y corre periodistas. Nada detiene la popularidad de este hombre que, según León Krauze y Jesús Silva-Herzog Márquez, encarna a la perfección el triunfo del showman sobre el político, del espectáculo sobre la democracia.

“Cuando la gente observa a Trump no ve a un político, sino a una estrella mediática. Y Estados Unidos, más que ninguno, es un país enamorado de la frivolidad de sus celebridades. Trump es la mezcla perfecta entre el espectáculo, el hombre de negocios y el político”, señala Krauze.

La fama del precandidato republicano va en ascenso, al menos en la televisión. Según datos de Nielsen, el programa Meet the Press, de la cadena NBC, registró su mayor nivel de audiencia en más de un año durante una entrevista con Donald Trump el pasado 16 de agosto. El hecho provocó que las cadenas rivales, ABC y CBS, también invitaran al magnate neoyorquino a los programas This Week y Face the Nation.

“Trump es un tipo que sabe hablar en el lenguaje de la televisión. Apela a los sentimientos de los estadounidenses con frases cortas y comprensibles. Crea conflictos donde no los hay, polariza a la sociedad y le hace creer a la gente que su inteligencia como empresario le devolverá la grandeza a Estados Unidos”, explica el analista político Luis Antonio Espino.

Donald Trump representa a una clase social racista y xenófoba que ha sido segregada política y culturalmente desde 2009, cuando Barack Obama ganó la presidencia, sostiene Silva-Herzog. El hecho de que los demócratas tengan el control del país ha dividido a la sociedad norteamericana en dos bandos. Por eso –dice– muchos hoy celebran su ascenso mediático aunque no siempre comulguen con sus ideas.

“Donald Trump representa el resentimiento de todos estos sectores intolerantes que, si bien no son mayoritarios, sí ocupan una buena parte de Estados Unidos”, añade Silva-Herzog. “Esta gente ve con recelo, sospecho y hasta repudio al gobierno de Obama. Seamos honestos: la base republicana está resintiendo un cambio demográfico impresionante. Estados Unidos ya no es lo que era hace 30 años. La mayoría blanca ha sido amenazada culturalmente. Y eso es un cambio que no le ha agradado a todos”, agrega Krauze, periodista de Univisión.

Trump fue la razón principal por la cual Fox alcanzó la sorprendente cantidad de 24 millones de espectadores durante el primer debate presidencial del Partido Republicano. Según Nielsen, ése fue el programa más visto en la historia de Fox News. Las televisoras han hallado en el precandidato un gran producto del que se obtienen jugosas ganancias económicas y elevados niveles de rating.

Silva-Herzog es contundente: Donald Trump es el ejemplo perfecto del populismo norteamericano. Uno que, como todos, apela al enojo de los ciudadanos que están inconformes con los altos índices de desempleo y la recesión económica.

“Trump, como buen populista, le dice a la gente que no es un político tradicional. Que si Estados Unidos está en ‘el hoyo’ es porque sus líderes han sido tontos. Él asegura que la solución se halla en saber hacer negocios. Y los votantes lo aprueban. Ven en él autenticidad y lo consideran parte de los suyos, aunque en realidad Trump pertenezca a esa clase rapaz que ha provocado una profunda desigualdad en la sociedad estadounidense”, abunda Espino.

Por lo menos la mitad del Partido Republicano –advierte Krauze– está conformada por votantes blancos con poca educación y origen rural. Esta gente, añade, es la que cree en una larga lista de barbaridades, como el supuesto origen musulmán de Barack Obama o la naturaleza criminal de los migrantes latinoamericanos.

¿Pero realmente Donald Trump es tan racista como dice? “Yo creo que no. Hay una frase que me impresionó mucho sobre él: ‘soy un hombre de posiciones, no de principios’. Y yo creo que sí, porque años antes había simpatizado con los demócratas, pero ahora le conviene mantener estas posturas xenófobas. Un racista verdadero no le habría dado trabajo a las minorías en sus negocios de Nueva York y sus casinos en Las Vegas. Casualmente, sus políticas empresariales no son tan racistas como sus palabras”, contesta Krauze.

Espino es claro al decir que el populismo sólo puede triunfar en sociedades en las que impera el descontento. Hoy, agrega, existen miles de estadounidenses que ven a los migrantes como el origen de todos los males. Trump se dirige a un votante que se siente huérfano culturalmente y que no ha encontrado una identidad en los republicanos tradicionales ni en los demócratas.

“Hace algunas semanas dije que Donald Trump era el tío incómodo del Partido Republicano. Y creo que lo sigue siendo, porque sus posiciones enloquecidas no le convienen a nadie. Hay que aceptarlo: es un tío que cada vez está más cerca de ser el patriarca de un país al que puede llevar a la desgracia”, concluye Krauze