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CULTURAS

El 'Profesor Jirafales' sí iría a las marchas, pero sin vandalismos

A propósito de la presentación de su libro de memorias 'Después de usted', el actor Rubén Aguirre habla con EL FINANCIERO sobre lo que representó su personaje en la televisión y en la vida real. 
Eduardo Bautista
10 febrero 2015 21:48 Última actualización 11 febrero 2015 5:0
Rubén Aguirre, a sus 80 años y fumando puro. (Cortesía)

Rubén Aguirre, a sus 80 años y fumando puro. (Cortesía)

El Profesor Jirafales sí existió. Decía “¡Ta, ta, ta, ta, tá!” cada que sus alumnos lo sacaban de quicio. Se llamaba Wenceslao Rodríguez; le llamaban Chelayo. Impartía clases en la escuela secundaria Venustiano Carranza, en Torreón. Tenía un alumno poco aplicado, pícaro y lector de Memín Pinguín y La Pequeña Lulú: Rubén Aguirre, quien recuerda los días en que Chelayo –gran conocedor de la espeleología– lo llevaba de excursión a las cuevas del estado de Coahuila junto con sus compañeros. A nadie le pedía un solo peso. “No sé cómo le hacía para financiar esos viajes”, reconoce el actor, quien encontró en la escena la mejor manera para rendirle homenaje: de alguna manera, Wenceslao Rodríguez es el Profesor Jirafales.

Aguirre vive en Puerto Vallarta, retirado de los escenarios. Contesta el teléfono de muy buen humor, con esa voz grave que hace muchos años le permitió ser cronista taurino. Confiesa que sí, que le hubiera gustado ser maestro. Interpretó al Maistro Longaniza durante 10 años en El Chavo, y otros más en El Circo del Profesor Jirafales. Eso lo llevó a que nacieran en él unas ganas inmensas por enseñar. La vida no le dio ese gusto.

Este actor de 80 años no sólo representó al profesor más famoso de América Latina; también la imagen popular de la figura creada por José Vasconcelos después de la Revolución: el maestro comunitario, esa figura de autoridad que alfabetizó a una sociedad mexicana desprovista de letras y lastimada por la guerra.

Desde la ideología vasconcelista, Chelayo y Jirafales son retratos idénticos. El ex secretario de Educación Pública y ex rector de la UNAM dejó en claro el perfil del educador que necesitaba México para su ilustración:

“El esfuerzo del profesor elemental, del profesor de aldea, es mucho mayor: juntar a unos cuantos pobres y, sin más estímulo que el interior afán de transmitir la luz propia a la conciencia oscura, predicar y enseñar sin reservarse nada, por corto que sea su saber”.

En momentos tan turbulentos para el gremio magisterial, Rubén Aguirre no pierde la esperanza en las virtudes de los profesores mexicanos. Dice sin titubeos que en las aulas del país todavía deben quedar varios Profesores Jirafales dispuestos a dejar de lado sus conflictos políticos. Sin embargo, reconoce que el oficio docente, particularmente en el país, es muy complicado: “Pagan muy mal y trabajan mucho. Por eso siempre he dicho que para enseñar, más que una vocación, se necesita un verdadero apostolado, un compromiso social enorme. Al final, ésa era una de las cualidades de mi personaje”.

El tema del magisterio le agrada, aunque asegura que no se siente con la autoridad académica para opinar sobre el tema. “Soy un actor retirado, no sé si mi opinión sea la más pertinente, pero puedo decir que mi formación se desarrolló entre maestros cariñosos y comprometidos. Nunca fui un gran estudiante, pero siempre me tuvieron paciencia”, comenta.

Aguirre revela que tenía varias cosas en común con Roberto Gómez Bolaños, sobre todo cuando de temas educativos se trataba: “Recuerdo unos versos de Chespirito en los que criticaba al Himno Nacional Mexicano. Él siempre opinó que en lugar de ‘un soldado en cada hijo te dio’, debía decir: ‘un maestro en cada hijo te dio’”.

Para este hombre, nacido en Saltillo el 15 de junio de 1934, el gran protagonista del programa de televisión no fue Quico ni Don Ramón, La Chilindrina o el propio Chavo, sino el libreto concebido por Gómez Bolaños, el cual –dice– tuvo el gran tino de reflejar a la sociedad latinoamericana del siglo pasado.

“Creo que hay un Chavo en cada país de América Latina. Aquí en México se llaman vecindades; en cambio, en Argentina se llaman conventillos; en Brasil, favelas; y así en cada latitud la pobreza tiene un nombre diferente”, puntualiza.

Tanto en la vida real como en la televisión, el papel del maestro en ese escenario de orfandad y desamparo fue trascendental para la sanación espiritual del niño o joven ignorante, considera el también ex novillero y apasionado a la tauromaquia. “Recordemos que el Profesor Jirafales era el personaje clave para solucionar los conflictos de la vecindad. Era el hombre justo, culto y letrado; una completa autoridad moral que podía discernir entre lo bueno y lo malo”, señala.

¿Cree usted que el Profesor Jirafales hubiera ido a una marcha de la CNTE?, se le pregunta. “Quizás sí, pero sin ejercer actos vandálicos. Jirafales nunca encarnó la intolerancia; sí el amor, el respeto. Mi personaje siempre dio un muy buen ejemplo, creo que ayudó a la imagen del maestro mexicano. Yo no pierdo la fe sobre la situación magisterial. Ojalá que el Profesor Jirafales haya alimentado la figura popular del docente”.

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El libro de memorias de Rubén Aguirre, "Después de usted", ya está a la venta en librerías mexicanas. En él vienen éstas y otras imágenes más que de seguro te sorprenderán. 

Rubén Aguirre
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