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'El feminicida de Tacuba': una historia de cine negro

José Buil recrea la vida amorosa de Gregorio Cárdenas, el 'Carnicero de Tacuba', en una cinta que se aventura en la nota roja y el suspenso.
Rosario Reyes
23 noviembre 2017 0:10 Última actualización 23 noviembre 2017 5:0
película

(Cortesía)

Los pies desnudos que sobresalían en el jardín de la vieja casona de Tacuba llamaron la atención de las vecinas del estudiante de química. Fue hasta que los padres de Graciela Arias denunciaron la desaparición de la joven cuando la policía entró en el domicilio de Gregorio Cárdenas Hernández, ubicado en el número 20 de la calle Mar del Norte. El hallazgo fue macabro y, hasta ahora, inolvidable.

Las investigaciones arrojaron que Goyo había matado a cuatro mujeres, entre ellas a Graciela, su novia. Las enterró al lado de su laboratorio. Pasó 34 años preso en Lecumberri y en el Reclusorio Oriente, de donde salió el 8 de septiembre de 1976, con indulto del entonces presidente Luis Echeverría. Se convirtió en un símbolo de reinserción social. Sus homicidios, paradójicamente, quedaron en el olvido. Aún así en el imaginario colectivo, el Estrangulador de Tacuba dejó una huella indeleble.

A José Buil el nombre de Goyo Cárdenas le era familiar, pero al hombre que vio en una entrevista televisiva -un anciano recién graduado en leyes- no se parecía al amenanzante preso con el que se encontró cara a cara años antes.

“Me estremecí como cuando la detective Clarice Starling entra al pabellón donde tenían a Hannibal Lecter”, recuerda el director sobre el día en el que se coló en las visistas clandestinas para ver a Cárdenas en el Palacio Negro. “Yo iba con frecuencia a Lecumberri, acompañando a un amigo que iba a ver a un chavo preso por venta de mariguana”.


En reclusión, Goyo también estudió sicología y escribió cinco libros: Celda 16, Pabellón de Locos, Una Mente Turbulenta, Adiós Lecumberri y Campo de Concentración, testimonios de su encierro en prisión y en La Castañeda, el manicomio donde estuvo ingresado de 1946 a 1948 (aunque no se demostró nunca que tuviera un padecimiento mental).

Buil cuenta en Los crímenes de Mar del Norte -que se estrena mañana en todo el país- la historia del también llamado Carnicero de Tacuba, desde el punto de vista un amigo de éste: Jorge Roldán Roldán, alias El Calavera, que fue compañero de banca de Goyo en la Facultad de Química.

“Goyo tenía 27 años y Jorge 18. En la casa de Tacuba hacían sus prácticas y convivían con sus novias, Chelita y Paquita. La cinta cuenta el amor entre Graciela y Goyo, desde los ojos de Roldán, a quien detuvieron y acusaron de ser su cómplice. Lo investigaron, él dio su versión de los hechos y se comprobó que no era culpable. Lo soltaron, pero quedó marcado, fue exhibido en la prensa y cuando salió nadie le tomó una foto”, relata el director.

De acuerdo con Buil, el arraigo de la figura de Goyo Cárdenas en la sociedad de mitad del siglo XX se debe a una política de Estado.
“El PRI lo promovió como un preso reeducado y reivindicado por la criminología mexicana del siglo XX, encabezada por Alfonso Quiroz Cuarón, quien llevó a Goyo Cárdenas hasta la Cámara de Diputados a recibir un homenaje de los legisladores porque lo había recuperado la institucionalidad”, explica.

En su discurso de bienvenida en la sesión, Mario Moya Palencia, entonces secretario de Gobernación, manifestó su gusto de recibir al hombre que hacía más de 30 años había cometido “varios delitos contra” sin mencionar la palabra homicidio.

En el México de hoy, donde suceden tantos crímenes, creo que hay algo que revisar en nuestra tabla de valores”


Respecto a la versión oficial del caso, José Buil apunta: “Al meter ese discurso, eliminaron a las víctimas y nos hicieron olvidar que el señor había estrangulado a cuatro muchachas y las había enterrado superficialmente en el jardín de su laboratorio. En mis investigaciones llegué hasta los expedientes legales emitidos en los ministerios públicos de época. Ahí vi cómo la agente Ana María Dorantes fue comisionada a indagar la desaparición de Chela Arias y en la comisaría se pensaba que estaba desaparecida porque había huido con el novio, pretexto que hoy en día se sigue utilizando para dejar huir a los feminicidas”.

¿Es factible la rehabilitación de un homicida? El cineasta señala que no es posible generalizar y que cada caso es distinto. “Goyo en realidad sí fue rehabilitado, nunca volvió a estrangular a nadie y es parte de la cultura de este país, escribió libros, cómics, hizo pinturas, siguió saliendo en televisión hasta cuando murió. Yo por eso me enganché, porque lo vi con Guillermo Ochoa y, al ser entrevistado, eliminaron sus crímenes y los nombres de las víctimas, nada más se dijo que era un abogado que se había recibido casi a los 70 años. Yo aproveché esos datos y me fui a investigar sobre él”, sostiene Buil.

La nota roja es sintomática de la realidad en el país, apunta el también director de Perfume de violetas. “Hoy en día es primera plana de todos los periódicos y está presente en las noticias de política. El caso de Goyo fue muy expuesto en los medios, en un tiempo en el que se vivía una sicosis bélica por la Segunda Guerra mundial”. Con este personaje, Buil rinde tributo al género cinematográfico y literario del que es aficionado.

“Me propuse hacer un film noir con todos los tics que se manejan en el género, fue un ejercicio de realización muy divertido, filmamos mucho de noche, en blanco y negro, dentro de la tradición del cine negro mexicano, que tiene realizadores de la talla de Roberto Gavaldón o Emilio Indio Fernández; escritores como José Revueltas, Mauricio Magdaleno, Julio Bracho y Xavier Villaurrutia. Yo quisiera aumentar una película a esa línea tradicional del cine mexicano”.

Intrigado por el misterio de la mente criminal, Buil emprendió esta tarea cinematográfica quizá desde la visita que hizo, cuando aún era un adolescente, a la celda de Goyo Cárdenas.

“Sigo sin despejar ese acertijo. No hay ninguna razón que sirva de pretexto para matar a otra persona. En el México de hoy, donde suceden tantos crímenes, creo que hay algo que revisar en nuestra tabla de valores. Con Los crímenes de Mar del Norte trato de indagar cómo es que se confunde tan fácil el amor con el odio. Esa confusión que hace que alguien diga que ama a otra persona y aun así, la estrangula”, destaca.

Goyo Cárdenas sí tuvo una historia de amor con Graciela Arias, que fue omitida en los medios, asegura Buil. “Toda esa trama me hizo pensar en el origen remoto de esta atrocidad que vivimos ahora con los feminicidios. En México tenemos un promedio de siete feminicidios al día; eso no existe en ningún otro país de América Latina. Las mujeres son asesinadas y torturadas de manera distinta que los hombres, hay más sadismo torturando a una mujer. Y hay quien cree que por estar enamorado de una muchacha tiene derecho a darle un chingadazo, matarla y destazarla. A eso hemos llegado”.

A mediados de agosto de 1942, Goyo Cárdenas estranguló a cuatro jóvenes mujeres, tres prostitutas y su novia Graciela.

Los crímenes de Mar del Norte sale a las pantallas con 40 copias y es protagonizada por Gabino Rodríguez y Norman Delgadillo.