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CULTURAS

El exceso de información provocará el retroceso de la humanidad: Pron

La civilización vive una época en la que importa más la cantidad que la calidad. Patricio Pron reflexiona en su nuevo libro sobre cómo la experiencia de leer se va transformando a pasos inesperadamente rápidos.
Mauricio Mejía
20 agosto 2014 21:0 Última actualización 21 agosto 2014 5:0
Patricio Pron reflexiona en su nuevo libro sobre el futuro de las letras. (Cortesía)

Patricio Pron reflexiona en su nuevo libro sobre el futuro de las letras. (Cortesía)

¿Cuál es el futuro, en serio, de la lectura? ¿Qué será, en medio de la vorágine de palabras que ya dominan la vida humana, de los autores, de los lectores y de los libros? ¿Hasta qué punto eso que llaman cómodamente humanidad está volviendo a una etapa de preilustración a pesar del sobrecargado sistema de información que domina los ámbitos públicos?

Patricio Pron
, en El libro tachado (Turner) despliega una reflexión sobre las respuestas a estas preguntas. La llamada muerte del autor, ocurrida en la segunda mitad del siglo XX, es el punto de partida para este pensador del libro. La sobreoferta, el consumo y las propuestas literarias (de toda clase) son sometidas a un riguroso examen, un pendiente impostergable.

El trabajo de Pron sugiere una urgencia: la experiencia de leer se va transformando a pasos inesperadamente rápidos. El autor, en la ley de oferta y la demanda, está sometido a nuevos roles en los que, a veces, ya no importa tanto lo que escribe, sino la cantidad de obras que publica. Los demasiados libros, de los que habló Gabriel Zaid, han llegado. ¿Quiénes serán los que los lean?

___¿Qué ha venido sucediendo con el lector desde la muerte del autor?

___No estoy seguro de que podamos afirmar taxativamente que el autor ha muerto; de hecho, esa no es la hipótesis principal de El libro tachado. Sin embargo, sí tengo la impresión de que la muerte del autor (hipotética, discutible) es también la muerte del lector y la de una forma de comprender la literatura como comunicación, como construcción de alguna índole.

___En términos de Walter Benjamin: ¿cuál es el futuro del libro ante la cháchara que todo lo habita?

___Muy posiblemente el libro sea el único refugio contra esa cháchara, y creo que la responsabilidad de quienes escribimos es adoptar una actitud de resistencia ante el ruido circundante, que los libros sean una especie de grito que se escuche por encima del murmullo de las voces que nos dicen lo que debemos hacer, lo que debemos comprar o tenemos que creer.

___Los demasiados libros atentan contra la calidad de la lectura, ¿los buenos libros terminarán siendo artículos de pequeñas logias que sepan aprovecharlos?

___Por supuesto, hace décadas que sucede eso, y la escisión entre un puñado de lectores “de calidad” y aquellos que leen libros “de circunstancias” se sigue ampliando, al punto de que ya se puede hablar de dos negocios y de dos culturas por completo distintas y sin comunicación las unas con las otras. Algunos autores pretenden circular entre un negocio y otro, y aspiran a que sus libros respondan a la demanda de los lectores “de circunstancias” y a la de aquellos que buscan calidad, pero satisfacer a ambos me parece prácticamente imposible. En España dicen: “Lo que no se puede, no se puede; y además es imposible”.

___¿Viviremos una repetición histórica? ¿Las grandes masas padecerán un “alfabetismo analfabeto” ante una pequeña élite que poseerá las grandes obras del pensamiento?

___No creo en las “grandes obras del pensamiento”; todo texto literario puede erigirse en una si es utilizada como tal y, en ese sentido, no se trata tanto de intentar devolver esas “grandes obras” a las masas, sino restituir la relación de éstas con la cultura letrada para que, a continuación, puedan volver a intervenir en los procesos históricos, los cuales, sí, son patrimonio de las élites en este momento.

___Parece que la conquista de las minorías, de las que habló Octavio Paz en Tiempo nublado, atentará contra los escritores a los que exigirán (Canetti) ajustarse a lo que ellas quieren leer más que lo que el hombre de letras desea publicar. Exigencia de marca, podría llamarse...

___Es posible, pero, finalmente, hay muchos, muchos escritores, de modo que algunos podrán (y pueden) satisfacer a las masas mientras otros exploran otros caminos. No me parece que haya nada reprochable en ello, pero sí creo que tenemos un grave problema allí donde la crítica se ve incapacitada para comprender la diferencia entre unos y otros.

___Roberto Calasso habla de la repetición indiscriminada de copias hasta que lo original se pierde en el mar de la repetición. ¿Considera que a los lectores actuales les importa leer, en verdad, una idea original?

___Quiero creer que hay algunos que tienen interés en ampliar el horizonte de posibilidad en lugar de conformarse con la repetición de lo ya visto y leído; si no creyera esto no habría escrito El libro tachado ni cualquiera de mis otros libros anteriores.

___La oportunidad de tener acceso a las grandes obras de la humanidad es macabra de tan fácil. ¿Los lectores actuales tienen herramientas necesarias para no perderse ante tanto mercado? Y, si no es así: ¿cómo encontrarán a sus respectivos Dantes que les guíen en medio de esta luminosa oscuridad?

___La facilidad para acceder a los textos no parece haberse visto acompañada (hasta donde yo sé) de una mayor facilidad en la renovación de la escena de la crítica literaria y en la reflexión sobre la literatura, que parece haber encallado en algún momento de la primera mitad del siglo XX.

Me parece que allí hay un ámbito de intervención para aquél a quien le interesen estas cosas: participar de la discusión sobre literatura, intervenir en ese ámbito con una actitud de resistencia ante lo que se consideran las “grandes verdades” de la literatura, adquirir las herramientas críticas para que el aumento de los textos de los que disponemos no vaya acompañado de una disminución de nuestra capacidad para juzgarlos.

___La acumulación: ¿el almacenamiento de libros seguirá siendo una pretensión humanista o las tablets se convertirán, una vez más, en utilidades para despejar de la vista esos objetos apenas necesarios físicamente como el libro, las agendas y las libretas de apuntes?

___No soy pesimista en ese sentido y tampoco creo que la pregunta deba formularse en ese tiempo verbal: la mayor parte de nosotros ya leemos en soporte digital y en físico. La pulsión de acumular existe en mayor o en menor medida en todos aquellos que nos interesamos por los libros y hay que celebrar que podamos satisfacerla sin tener que destruir bosques enteros para hacer papel.

Al fin, sin embargo, no me parece tan relevante disponer de muchos libros, sino tener una actitud crítica y activa hacia ellos, y usarlos.
 

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El libro tachado

Autor: Patricio Pron
Editorial: Turner
Precio: 330 pesos

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