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CULTURAS

El caso Herrera pone en escrutinio el periodismo deportivo

El cese del entrenador del conjunto tricolor ha provocado una ola de reacciones en distintas esferas del país. El periodismo es una de ellas. ¿Cuál es el papel que realmente debe jugar el periodista deportivo? Aquí algunas opiniones. 
Eduardo Bautista
30 julio 2015 21:27 Última actualización 31 julio 2015 5:0
Miguel Herrera es un tema que ha adquirido alcances sociales únicos. (FOTO: Bloomberg)

Miguel Herrera es un tema que ha adquirido alcances sociales únicos. (FOTO: Bloomberg)

La destitución de Miguel Herrera como entrenador de la Selección mexicana tras agredir al comentarista de TV Azteca Christian Martinoli abre una nueva interrogante: ¿qué debe cambiar el periodismo deportivo mexicano?

Todos pidieron la cabeza del entrenador, pero pocos prestaron atención a los problemas de fondo que han menguado la calidad del futbol mexicano, tanto en lo deportivo como en su narrativa.

“Martinoli representa al periodismo deportivo que medra en la televisión, donde imperan el rating y la capacidad para captar audiencias a cualquier precio. Todos esos locutores que pegan de gritos frente a un micrófono son Martinolis a su manera: los hay en verdad analfabetos, ocurrentes, y los hay capaces de pronunciar un número increíble de sandeces por minuto. Pero los que realmente escasean son quienes piensan el futbol con más de 50 palabras a su disposición”, asegura el escritor Roberto Pliego.

Si algo ha evidenciado el conflicto entre Herrera y los comentaristas de TV Azteca es el analfabetismo de los periodistas deportivos, coincide el columnista Humberto Musacchio. Cuando no se cuenta con las palabras adecuadas para ejercer una crítica –dice– se corre el riesgo de caer en el juicio fácil y en la opinión maniquea.

“Hay muchos colegas que desconocen el español. Los grandes cronistas que ha tenido este país, como Pedro El Mago Septién o Fernando Marcos, bien pudieron haber sido académicos; utilizaban el lenguaje con propiedad y elegancia. Incluso Ángel Fernández, alguien que inicialmente no era muy correcto, acabó siendo un maestro de la crónica”, señala Musacchio.

El autor del libro México: 200 años de periodismo cultural admite que no le agrada la narrativa de Christian Martinoli ni la de Luis García, pero los sintoniza porque no tiene más opciones. Dice que en Televisa lo único que se encuentra es un grupo de “porristas” del conjunto verde.

Y es que, a juicio de Pliego, la oferta de programas es pobre. “El periodismo deportivo se ha atrincherado en la radio y en la televisión. Abandonó la página impresa. Los diarios están habitados por los mismos gritones que vemos en la pantalla. Las páginas deportivas son un ejemplo a modo del triunfo del analfabetismo en México. Apenas pueden reproducir una frase correctamente escrita y pensada. Nadie se ha tomado el cuidado de imitar a la elegancia inteligente de Santiago Segurola o a Enric González”, comenta el autor de La estrella de Jorge Campos.

Heriberto Murrieta, cronista de temas taurinos y futbolísticos, asegura que la limitada estética del futbol mexicano estimula a su vez una narración basada en el entretenimiento, basada en la burla y el comentario simplón. Dice que muchas veces resulta más entretenida la narración de Martinoli que el propio partido.

“A esta Selección no hay que solaparla. Está rodeada de muchachos engreídos con un pobre nivel de juego. Se realizó una Copa América deficiente y una Copa Oro vergonzosa. El periodismo deportivo debe seguir criticando eso sin rebasar los límites del respeto”, afirma el comentarista de ESPN.

"Ángel Fernández era un cronista inigualable. Un hombre muy culto que leyó muchos libros que daba pinceladas literarias en sus narraciones. Había un trasfondo literario en los apodos que ponía. Este nuevo vocabulario que utilizan Martinoli y Luis García me parece novedoso", apunta Murrieta.  

Criticar a la Selección desde los micrófonos de TV Azteca, que es socio comercial de la Federación Mexicana de Futbol, no es una tarea sencilla, advierte Murrieta, quien por ello tilda de “valientes” a Luis García y Christian Martinoli, e incluso asegura que le han dado “frescura” a la crónica deportiva. Sin embargo, admite que a veces rebasan los límites éticos del oficio. Y cuando se rebasan estos principios, dice Pliego, se ingresa al espectáculo barato de la provocación y el escándalo.

El periodista deportivo –precisa Pliego– no está para provocar o agredir, sino para ejercer la crítica desde una posición de justicia y saber. Justicia para expresar la verdad y saber para servir de guía. Recuerda entonces aquella frase de El Rey Lear, de William Shakespeare: “¿Qué mundo es éste, en el que los locos conducen a los ciegos?”.

La desvalorización del lenguaje en el periodismo deportivo –y en el periodismo en general, dice Musacchio– se debe, en gran medida, a la exigua preparación de los jóvenes profesionales. Las nuevas generaciones, agrega, no utilizan correctamente la palabra porque no leen y son autómatas que dependen de una computadora.

Relegar al deporte en “la indigencia cultural” es un problema grave, advierte Pliego. Como la política, las artes, la economía, la sociedad o la vida misma, dice, el deporte necesita a sus cronistas, a sus intérpretes. Son ellos quienes, al final, cuentan las hazañas y derrotas de los héroes modernos que son los atletas.

Es así como el conflicto entre Christian Martinoli y Miguel Herrera pone en escrutinio la forma de hacer periodismo en México. Los entrevistados coinciden en que se necesita reestructurar la narrativa del deporte.

“El gremio periodístico debería procurar la compañía de la autocrítica para no parecerse a Miguel Herrera”, resume Pliego.