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Entrevista
Luis Herrera de la Fuente, Músico

"El arte de hacer música es un oficio que se cultiva con paciencia"

El pianista, violinista, compositor, director de orquesta y escritor Luis Herrera de la Fuente es uno de los más importantes músicos del siglo XX mexicano. Sumérgete en su mundo y conoce sus gustos, proyectos y recuerdos más valiosos. 
Carmen García Bermejo
19 marzo 2014 21:55 Última actualización 20 marzo 2014 5:0
El prestigiado músico reconoce el poder que tienen las letras de Juan Gabriel entre los mexicanos. (Alejandro Meléndez)

El prestigiado músico reconoce el poder que tienen las letras de Juan Gabriel entre los mexicanos. (Alejandro Meléndez)

“El arte de hacer música es un ejercicio de artesano: una mano que trabaja día con día y un oficio que se cultiva con paciencia”, expresa Luis Herrera de la Fuente, quien, en la víspera de festejar 98 años de vida, está por concluir su tercera sinfonía. Sin embargo, dice padecer ahora el mal del compositor: mantener la esperanza de que alguna orquesta estrene sus piezas.

Entre la música y la literatura, Herrera de la Fuente distribuye su tiempo. Su primera vocación fue la de ser escritor, debido a que su abuelo lo empujó a sumergirse en la lectura de la mitología griega. Entre los autores clásicos y la música de concierto cultivó su niñez y su juventud, hasta que el cuaderno pautado definió su profesión.

Pianista, violinista, compositor, director de orquesta y escritor, Luis Herrera de la Fuente se traslada a diferentes épocas de su vida para narrar, en esta entrevista, sus aficiones, recuerdos, anécdotas, gustos y proyectos.

¿Recuerda cómo surgió su vocación por la música?

Mis padres fueron fanáticos de los conciertos. No eran músicos, pero tomaban esta expresión como una necesidad. Asistían a la ópera y a todos los conciertos de la orquesta. Me llevaban muy chiquillo y disfrutaba. En mi casa había un piano y desde pequeño empecé a rascarle al teclado. Hasta que, a los seis años, mi madre contrató un profesor para que me diera clases.

¿Qué compositores son sus predilectos?


El que más me gusta escuchar es Johan Sebastian Bach. Tengo todas sus obras grabadas. En realidad, no es una cuestión de gusto. Sucede que es un autor que alcanzó la abstracción en el arte. Me convence totalmente porque todo lo hizo muy bien.

Y de la música comercial, ¿qué cantante o compositor le llama la atención?

En realidad me gusta lo mismo que a todo mundo, la música que se hace popular y que representa una época. Por ejemplo, Agustín Lara era lo que se escuchaba en mi casa y me atraía la forma como tocaba el piano. Sus canciones le llegaron a buena parte de la población y se convirtió en una figura de la época.

¿Alguna vez ha escuchado lo que compone y canta Juan Gabriel?


He oído a Juan Gabriel como lo han hecho todos los mexicanos. Él es muy escuchado porque la gente se identifica con lo que dicen las letras de sus canciones. Incluso lo han llevado a cantar al Palacio de Bellas Artes. Sabrán los funcionarios por qué. Lo que sí es que Juan Gabriel forma parte de la vida actual. Aunque yo lo he escuchado, en realidad no me acuerdo de ninguna de sus canciones. Pero seguramente es un buen compositor popular, ya que su música le llega a todo mundo. Mire, la diferencia entre la música de concierto y la popular es que la primera la conoce menos gente porque se basa en una estructura musical muy sólida. La otra, tiene su sustento en un ta-ra-rá; es decir, en una sola tonada que se puede repetir con facilidad. Por eso se queda en el gusto de las personas.

¿Cuántas obras de concierto ha escrito?

No me dediqué a ese oficio todo el tiempo. Siempre tuve la dirección de orquesta, la cual requiere de mucho trabajo, tiempo y atención. Pero, a la fecha, habré escrito una veintena. Dejé la batuta cuando cumplí 90 años de edad. Pero, todavía hace un par de años, la Filarmónica de la Ciudad de México me invitó a dirigir obras de mi autoría. Ésa fue la última vez que lo hice.

Comenta que sus padres no eran músicos, ¿a qué se dedicaban?

Tenían una fábrica de azulejos y mosaicos muy próspera. Cuando cumplí 20 años me dijeron: “Levantamos este negocio para ti. Ya está funcionando muy bien. Si lo tomas, lo haces por completo. Si te decides por la música, también te dedicas al 100 por ciento”. Les pedí que me dieran 24 horas para pensarlo. Pero a las dos horas llamé a mi padre a su oficina para anunciarle mi inclinación por la música. La familia y yo lo tomamos muy en serio, y aquí sigo.

¿Considera que las orquestas sinfónicas del país tienen un buen nivel musical?

Indudablemente existe un adelanto en México, con respecto a estos organismos culturales. Aunque debo de aceptar que ha sido precario y aún estamos muy lejos de los países importantes de la música. Aquí hay mucho talento. Lo que no existe es una buena organización ni en la enseñanza de la música, ni mucho menos en la estructura administrativa de la cultura. No hemos contado con todos los recursos que se requieren, incluyendo el presupuesto, para que nuestra República sea una potencia musical. Para eso falta mucho. El talento artístico es de primera, pero los mecanismos que lo mueve son de quinta.

¿Ese es el verdadero talón de Aquiles que padece el país?

Desde luego. Hay muy buenos maestros y no tenemos el nivel musical que debiéramos haber alcanzado. Si no hay la organización de primer orden para que a los niños se les imparta educación musical desde la escuela primaria, lejos estaremos de salir de la mediocridad. No es culpa de los músicos, se trata de la estructura burocrática.