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Dramaturgia en México vive un 'boom' del drama

La escritura teatral en México vive un momento de expansión, pero cantidad no es calidad, advierten sus impulsores. "Yo veo un boom, y mucho se debe a las nuevas formas de producción, en distintos formatos", dice Lorena Maza, directora de Teatro UNAM.
Rosario Reyes
10 agosto 2016 22:46 Última actualización 11 agosto 2016 5:0
David Olguín y Richard Viqueira celebran que el teatro de principios del siglo XXI en México se haya liberado de ataduras. (Erick Retana)

David Olguín y Richard Viqueira celebran que el teatro de principios del siglo XXI en México se haya liberado de ataduras. (Erick Retana)

¿De qué hablamos cuando hablamos de nueva dramaturgia mexicana? Entre los que saben las respuestas son variopintas. La coincidencia radica en que hay una efervescencia, una proliferación de autores, propuestas, espacios y lenguajes que está dando forma a la escena nacional en el siglo XXI.

Aunque su consistencia, advierten directores y dramaturgos, es poco uniforme. Porque las nuevas obras se montan con un mínimo de recursos y en espacios poco adecuados, a lo que se suma la moda de los formatos de fácil digestión, como el microteatro –piezas que duran 15 minutos para un público reducido-.

“Yo veo un boom, y mucho se debe a las nuevas formas de producción, en distintos formatos, con artistas autogestivos, así como al hecho que de la nueva dramaturgia mexicana es mucho más atractiva para un público más amplio”, afirma Lorena Maza, directora de Teatro UNAM.

"Comparado con lo que ocurrió en mi generación, es evidente que hay una enorme pluralidad de caminos. Estamos ante un momento muy interesante, con muchas posibilidades", coincide el director escénico David Olguín.

Sin embargo, ataja, la calidad del grueso de las puestas es deficiente. "Se montan muchas obras mexicanas, pero con un presupuesto bajo, en teatros orilleros y muchas veces con poca dignidad. Ahí se dan a conocer buenos textos pero en una permanente mezcla con materiales deleznables".

EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD
Si bien es cierto que las temáticas que abordan los dramaturgos actuales son de una diversidad irreductible, hay un círculo de autores cuyo trabajo reflexiona sobre la actualidad mexicana.

“En este momento tan convulso la escena está provocando un verdadero cuestionamiento sobre quiénes somos en el mundo. De eso escriben David Gaitán, Alejandro Ricaño, LEGOM, David Olguín y muchos otros; a partir de los conflictos personales, estamos entendiendo nuestro país”, argumenta Maza.

Adrián Vázquez, autor de Wences y Lala, un éxito reciente de taquilla, asegura que los autores de teatro están escribiendo sobre los temas que les duelen y corresponden a su momento de vida.

“Me gustaría creer que del grupo de jóvenes dramaturgos como Ricaño, que hablan desde la entraña, heredaremos una visión del cosmos particular que, al acudir a esta naturaleza humana, se vuelve potente y universal”.

Autor de obras como Desvenar, en la que hace una alegoría al chile, Richard Viqueira acudió en sus inicios a lenguajes como el cómic para elaborar montajes experimentales. “Entonces me parecía que hablar sobre México no era cool”, recuerda. Pero hoy, su dramaturgia va por el camino contrario.

“Parece que hacemos una rabieta, porque somos adolescentes en materia nacionalista. Pero en este punto de mi carrera me interesa indagar por qué nos comportamos así, por qué sentimos como sentimos y qué nos diferencia", comparte.

Reynolds Robledo, quien comenzó su trayectoria dramatúrgica hace alrededor de dos años en microteatro y actualmente presenta Lobos por corderos, en el Teatro Milán, y Sonámbulos, en La Teatrería, destaca que una cartelera con temas tan diversos como suicidio infantil, trata de blancas, violencia de género e incluso alusiones directas a la realidad, es la muestra de la vitalidad de la dramaturgia mexicana. “El teatro está contando lo que sucede actualmente en nuestro país”, dice.

Por el contrario, a Gabriel Figueroa Pacheco, quien este año estrenó Señor Perro, una obra de Verónica Bujeiro basada en la novela Tombuctú, de Paul Auster, la búsqueda identitaria a través del teatro resulta fútil en un país que no tiene un proyecto de nación, como sí existía a mediados del siglo pasado, cuando autores como Rodolfo Usigli, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo o Sergio Magaña, escribían, dice, del México que querían.

“Después Tomas Urtusástegui y la generación del 84 –él era mayor que sus compañeros, pero fue el grupo en el que destacó-, hicieron un nuevo esfuerzo por darle identidad al teatro, pero este país ya se empezaba a descomponer”, dice.

MÁS ALLÁ DEL TEXTO
Dramaturgos como David Olguín y Richard Viqueira celebran que el teatro de principios del siglo XXI en México se haya liberado de ataduras. Sobre todo en la forma, que es fondo, a través de recursos poéticos y narrativas experimentales.

Pero el ala conservadora considera que esos lenguajes en esta arena son sólo una moda que llega tarde. “Como diría Lope, 'vienen a ser novedades las cosas que se olvidaron'. Estoy seguro de que sobrevivirá con mayor fuerza y contundencia la antigua novedad del drama”, dice el también director Luis de Tavira.

Para él, teatro es texto. Así descalifica los ejercicios de narraturgia y posdramaturgia que se abren espacio en foros y espacios alternativos del país.

“Hay cantidad de escritores de textos para la escena que difícilmente corresponden a lo que entendemos por un dramaturgo. Esta diversidad impide ver alguna tendencia (en el teatro mexicano), pero si existe, viene dictada por las modas extranjeras”.

La dramaturgia que la generación actual legará a las siguientes, advierte De Tavira, no se puede vislumbrar ahora.

“Será la que resulte de la vitalidad del teatro y de la relación que éste tenga con la actualidad zozobrante en la que están viviendo los mexicanos, en la que resulta más necesario que nunca el teatro como constructor de conciencia”, destaca.